Prometía casarse con ellas para robarles su dinero, las asesinaba y escondía sus cuerpos en barriles: el caso de Béla Kiss

En una propiedad de Cinkota, una localidad próxima a Budapest, había siete barriles metálicos que se conservaban cerrados hacía años. Su dueño, un hojalatero llamado Béla Kiss, había abandonado la vivienda para combatir en la Primera Guerra Mundial.

El 9 de mayo de 1916, cuando el propietario del inmueble quiso realizar unas reformas, los recipientes fueron abiertos y encontraron en su interior los cadáveres de siete mujeres.

El descubrimiento permitió reconstruir una serie de asesinatos cometidos los años previos a la guerra. La investigación reveló que Kiss había mantenido correspondencia con numerosas mujeres a través de anuncios matrimoniales y que varias habían desaparecido después de conocerlo.

Aunque con el tiempo le atribuyeron 24 muertes, el hallazgo documentado fue de siete cuerpos, mientras el número total de víctimas sigue siendo incierto.

Béla Kiss, el soldado húngaro acusado de haber matado más de veinte mujeres. Foto: Dominio Público

El hojalatero que buscaba mujeres “para casarse”

Béla Kiss nació en 1877 en Izsák, entonces parte del Imperio austrohúngaro. A finales de 1905 se instaló en Cinkota, donde alquiló una vivienda en el número 40 de la calle Kossuth Lajos. La propiedad contaba con una habitación, una cocina y una habitación de almacenamiento. En la cocina montó su taller de hojalatería, oficio con el que se ganaba la vida.

Según los documentos recuperados por el Archivo Nacional de Hungría, era un hombre conocido entre los habitantes de la localidad. Lo describían como una persona amable, instruida y aficionada por la lectura. También tenía fama de disfrutar del alcohol y la compañía femenina. Su actividad profesional y su trato cotidiano con la comunidad no habían despertado ningún tipo de sospechas.

En paralelo, Kiss publicaba anuncios matrimoniales en diarios utilizando el falso apellido de Hoffman. A través de ellos contactaba mujeres interesadas en establecer una relación, especialmente empleadas domésticas que habían conseguido ahorrar un poco.

El modus operandi era intercambiar cartas, ofrecer matrimonio y conseguir que las mujeres aceptaran visitarlo. Una vez que se ganaba su confianza, buscaba manipularlas para quedarse con su dinero.

Las investigaciones posteriores indicaron que varias de aquellas mujeres fueron estranguladas y sus cuerpos introducidos en barriles cerrados herméticamente.

La distancia entre las víctimas y sus familias dificultó que las desapariciones fueran relacionadas entre sí. Algunas procedían de lugares lejanos a Cinkota y otras no tenían parientes cercanos que se percataran de su ausencia para poder denunciar.

La casa de Béla Kiss en Cinkota, Hungría, donde asesinó a sus víctimas. Foto: Dominio público

Los siete barriles y el descubrimiento de los cadáveres

A finales de agosto de 1914, poco después del comienzo de la Primera Guerra Mundial, Kiss se incorporó voluntariamente al ejército austrohúngaro. Antes de partir, dejó su vivienda y su taller a cargo de su ama de llaves, la señora Jakubek, quién entregó un paquete sellado y un álbum de postales.

Le indicó que, si recibía noticias de su muerte en el frente, debía llevar el paquete a las autoridades municipales para que lo abrieran. La mujer permaneció en la propiedad durante su ausencia.

El 9 de mayo de 1916, el propietario de la casa, Márton Krecsinszky, se presentó en el inmueble con la intención de realizar reformas. Durante su visita conversó con Béla Takács, un farmacéutico que trabajaba en la propiedad, sobre los materiales que podían aprovechar para la obra.

Takács mencionó que había visto cañas almacenadas en una de las habitaciones. Sin embargo, cuando entraron al lugar encontraron siete barriles metálicos. El farmacéutico propuso abrirlos y, con un hacha, levantó la tapa de uno de los recipientes.

Los barriles metálicos donde Béla Kiss conservó los cuerpos de sus víctimas. Foto: Dominio público

Del interior salió un intenso olor a descomposición. Dentro había un saco que contenía el cadáver de una mujer. Ambos hombres avisaron inmediatamente a las autoridades locales, que acudieron acompañadas por un médico y miembros de gendarmería.

Cuando abrieron los seis barriles restantes, encontraron otros seis cuerpos femeninos, también introducidos en sacos.

Los recipientes habían sido cerrados herméticamente para evitar que el olor a descomposición de los cadáveres se propagara. Las autoridades trasladaron los cuerpos al depósito mortuorio del cementerio local, donde comenzaron las autopsias y los procedimientos de identificación.

El estado de descomposición dificultó el trabajo de los investigadores. Algunos cadáveres llevaban años almacenados y no todas las mujeres pudieron ser identificadas.

Las cartas, las desapariciones y la búsqueda de Béla Kiss

Al registrar las pertenencias del sospechoso, los investigadores encontraron documentación que les permitió comprender cómo contactaba a las mujeres. El paquete que había dejado a su ama de llaves y el álbum de postales aportaron información sobre sus “relaciones”. Este último contenía cientos de tarjetas, algunas enviadas desde el extranjero.

Las pesquisas revelaron que Kiss había mantenido contacto con numerosas mujeres mediante promesas de matrimonio. Varias habían aceptado encontrarse con él y posteriormente dejaron de comunicarse con sus familiares.

La policía intentó identificar a las víctimas y relacionar la correspondencia con otras denuncias de desaparición. Familiares de unas sesenta mujeres desaparecidas llegaron a sospechar que Kiss podía estar involucrado en sus casos.

Margit Tóth, víctima identificada de Béla Kiss. Foto: Dominio Público

Mientras estaba la investigación en curso, el sospechoso había partido al frente de guerra y las autoridades necesitaban localizarlo para identificar su estado y comunicarse con él.

La Fiscalía ofreció una recompensa de 3.000 coronas por información que permita localizarlo. Sin embargo, los informes militares indicaban que Kiss había muerto de fiebre tifoidea el 5 de febrero de 1915 en Valjevo, Serbia.

Según los registros, su cuerpo no había sido identificado debido al riesgo de contagio y había terminado en una fosa común junto a otros soldados del ejército austrohúngaro. La policía aceptó esa información y cerró la investigación. Su nombre figura en la base de datos de fallecidos durante la Primera Guerra Mundial.

A pesar de ello, comenzaron a circular versiones que ponían en duda su muerte. Una de las más difundidas sostenía que había intercambiado documentos con otro soldado y había escapado con una identidad falsa. Nunca se encontraron pruebas concluyentes que confirmaran esa versión.

En 1924 aparecieron informes que los situaban en la Legión Extranjera Francesa. Las autoridades húngaras trasladaron la información a sus pares franceses, pero no consiguieron confirmar su identidad ni detenerlo.

También hubo supuestos avistamientos en Nueva York. En 1932, un detective aseguró haberlo reconocido en la calle y, dos años después, otro residente de la ciudad afirmó haberlo visto. Ninguna de aquellas declaraciones permitió determinar si realmente era Kiss.

Béla Kiss nunca fue detenido ni juzgado por los asesinatos en Cinkota. Su muerte fue registrada oficialmente durante la Primera Guerra Mundial, pero los testimonios posteriores sobre su supuesto paradero alimentaron las dudas acerca de su destino.

Durante décadas circularon versiones que le atribuían 17, 23 y hasta 24 víctimas. Sin embargo, esas cifras fueron alimentadas por denuncias de desaparición, testimonios y publicaciones periodísticas que no siempre distinguían entre sospecha y hallazgo confirmado.

La documentación conservada por el Archivo Nacional de Hungría permite confirmar el descubrimiento de siete cadáveres y la investigación sobre las mujeres identificadas y otras. El número total de asesinatos nunca pudo determinarse y Kiss murió oficialmente sin haber respondido ante la Justicia por los crímenes.

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fuente: CLARIN

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