Prince en Palermo

La invitación llegó de sorpresa. Ir a escuchar a Prince en el mejor lugar de Buenos Aires para escuchar jazz. Y enseguida llegaron las preguntas: ¿será una banda tributo? ¿cómo es que Prince, el rey del rock, el funk y la provocación, el hombre de Minneapolis, había terminado en un club de jazz de Palermo? Nos sentamos en una mesita para tres. Y Prince apareció. No, claro que no era Prince. Murió hace diez años. Pero durante un rato eso importó muy poco.

Sobre el pequeño escenario de Bebop Club estaban los músicos de La Fundación de Funk, una banda que se tomó en serio la misión de meterse en el universo de ese artista imposible de encasillar. Tres voces al frente, una sección de vientos poderosa y una base que parecía tener una sola obligación: no dejar que el cuerpo se quedara quieto.

Y ahí entendimos. No habíamos ido a escuchar una copia. Habíamos ido a recordar.

A recordar a ese músico de estética andrógina que podía cantar como un príncipe soul, tocar la guitarra como un animal desatado y sentarse al piano como si fueran tres personas distintas. A ese hombre que llegó a tocar una cantidad absurda de instrumentos –se habla de hasta 27– y que hizo de la mezcla una forma de identidad: rock, funk, pop, soul, jazz. Todo podía entrar en una canción de Prince si él decidía que tenía que entrar.

2007, Miami. Prince en el Super Bowl.

Por eso resultaba tan natural escucharlo en Bebop. Porque Prince siempre fue un poco eso: alguien que entraba por una puerta y salía por otra. También lo hizo con el tiempo.

Mientras escuchábamos sus canciones, pensaba en aquella noche del 3 de agosto de 1983, cuando en el First Avenue de Minneapolis un público que había ido a un recital benéfico terminó formando parte, sin saberlo, de una página de la historia de la música. Esa noche Prince tocó por primera vez en vivo “Purple Rain”. Y la actuación quedó registrada para siempre. El músico eligió esa toma en vivo por encima de una versión de estudio más perfecta. La energía de esa noche, eso que no se puede fabricar dos veces, terminó siendo parte de la canción definitiva.

Y aún hoy aparecen temas nuevos. En dos días se publicará “Timeless”, un álbum póstumo con diez grabaciones inéditas. Eso también es Prince. Cuando uno cree que ya lo escuchó todo, aparece algo más.

En Bebop, mientras la banda avanzaba sobre sus canciones, el pequeño escenario empezó a agrandarse. La música tiene esa costumbre de hacer desaparecer los mapas: Minneapolis quedaba a unas cuadras.

Al terminar el concierto salimos a la noche helada. Y empezamos a tararear “Purple Rain” como no lo hacíamos desde hacía años. Para mí, esa es la mejor definición de un homenaje: no que alguien consiga parecerse al artista que ya no está, sino que consiga que uno vuelva a casa siendo un poco el que era cuando lo escuchó por primera vez. Esa noche, en Palermo, volvió a llover púrpura.

Diana Baccaro

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fuente: CLARIN

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