Pesadilla en el Bajo Flores: el Boca alternativo de Arruabarrena se desmoronó ante un Riestra histórico

El fútbol, en su esencia más pura, no entiende de jerarquías si el corazón y la entrega no se igualan en el césped. En su primera visita histórica al estadio Guillermo Laza, Boca Juniors vivió una de esas noches que dejan cicatrices, cayendo con estrépito por 3-0 ante un Deportivo Riestra que, con un plan austero pero voraz, desnudó todas las falencias de un equipo desconocido.

El costo de mirar hacia otro lado

La decisión de Rodolfo Arruabarrena fue clara desde el inicio: preservar a más de la mitad de sus titulares para la “final” del jueves ante O’Higgins en Chile por la Copa Sudamericana. Sin embargo, la rotación se convirtió en una trampa. Sin el liderazgo y la conducción de Leandro Paredes, quien descansó para el duelo internacional, Boca fue un conjunto de voluntades aisladas que jamás encontró el pulso del partido.

Riestra, fiel al estilo de Guillermo Duró, no necesitó el balón para lastimar. Mientras Boca se perdía en una posesión estéril que llegó al 82%, el “Malevo” golpeó con la contundencia de un martillo sobre cristal. A los 6 minutos, la fragilidad defensiva quedó expuesta: tras un doble cabezazo en el área, Braian Sánchez puso el 1-0 ante la mirada atónita de una defensa que nunca hizo valer su estatura.

Goles que duelen y un golpe de gracia

El desconcierto xeneize se profundizó antes de la media hora. Nuevamente, la vía aérea fue la condena de Boca; Antony Alonso conectó otro testazo tras una floja respuesta del arquero Álvaro Montero para el 2-0. Pero lo peor estaba por venir. A los 38 minutos, Alexander Díaz protagonizó la jugada de la noche: una corrida de 60 metros que culminó con una definición exquisita, picando la pelota por encima de los dos metros de Montero para sellar un 3-0 lapidario antes del descanso.

Un vestuario en silencio

En el complemento, ni el ingreso de nombres como Villa, Romero o Merentiel logró torcer el destino. Boca siguió siendo un equipo con la “mandíbula floja”, que se diluyó en centros intrascendentes y remates lejanos sin destino.

La crudeza del resultado se reflejó en las palabras del propio Arruabarrena tras el partido. “El vestuario es un cementerio”, confesó un entrenador visiblemente preocupado por la falta de ímpetu de sus dirigidos para intentar, al menos, maquillar la derrota. El “Vasco” no ocultó su inquietud de cara a lo que viene, admitiendo que el equipo nunca supo qué hacer con la pelota a pesar de tenerla casi todo el encuentro.

Ahora, Boca se retira del Bajo Flores con más preguntas que respuestas. La apuesta por la Sudamericana le costó un papelón histórico en el debut del Torneo Clausura. El jueves en Rancagua, el Xeneize no solo se jugará la clasificación, sino también la necesidad de demostrar que esta noche fue solo un mal sueño y no el síntoma de una crisis más profunda.

fuente: DEPORTES

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