
Actualizada: 03/05/2026 23:17
El 65% de las habilidades laborales cambiará antes de 2030, en un escenario marcado por la expansión de la inteligencia artificial (IA), la automatización y nuevas formas de producción. Lejos de tratarse de una proyección abstracta, el fenómeno ya impacta en América Latina y Argentina, donde crece la demanda de perfiles capaces de adaptarse a entornos cada vez más digitales y dinámicos.
En este contexto, tareas repetitivas, conocimientos técnicos estáticos y modelos tradicionales de formación comienzan a perder peso. La discusión ya no pasa tanto por qué empleos van a desaparecer, sino por cuáles serán las competencias necesarias para sostener la empleabilidad en los próximos años.
“La inteligencia artificial no tiene precedentes en escala y velocidad de impacto, y los sistemas educativos actuales no están diseñados para seguir ese ritmo”, advirtió la gerente de Consultoría Académica de Pearson empresa especializada en soluciones educativas, Patricia Almendro. La afirmación resume uno de los principales desafíos: la brecha creciente entre lo que exige el mercado laboral y lo que ofrecen los sistemas de formación.
El cambio atraviesa todos los niveles. Desde puestos operativos hasta roles jerárquicos, las empresas comienzan a priorizar perfiles con capacidad de aprendizaje continuo, adaptación y manejo de herramientas tecnológicas. Sectores como fintech, tecnología y servicios lideran esta transformación en la región, impulsando esquemas laborales más flexibles y atravesados por lo digital.
El sistema educativo, en paralelo, enfrenta su propio punto de inflexión. La incorporación de inteligencia artificial en procesos de aprendizaje obliga a repensar no solo los contenidos, sino también las formas de evaluación y adquisición de conocimientos. Según el informe Assessment Evolved, el foco debería estar menos en si los estudiantes usan IA y más en si desarrollan habilidades para utilizarla de manera crítica y efectiva.
Este desajuste entre formación y empleo ya empieza a evidenciarse como un problema estructural. Empresas advierten dificultades para encontrar talento con las competencias necesarias, mientras que muchos trabajadores se ven obligados a reconvertirse en plazos cada vez más cortos.
Las habilidades que ganan terreno
Especialistas coinciden en que el diferencial no estará únicamente en el conocimiento técnico, sino en capacidades transferibles que puedan sostenerse en el tiempo.
Aprendizaje continuo: la capacidad de incorporar nuevas habilidades de forma constante se vuelve central en un entorno cambiante.
Uso estratégico de la inteligencia artificial: comprender cómo funciona, evaluar sus resultados y aplicarla en tareas cotidianas será una competencia básica.
Habilidades humanas: pensamiento crítico, comunicación, empatía y toma de decisiones cobran mayor relevancia frente a la automatización.
Perfiles híbridos: la combinación de conocimientos técnicos con comprensión del negocio o la industria se posiciona como un diferencial competitivo.
Carreras no lineales: las trayectorias profesionales tienden a ser más dinámicas, con múltiples reconversiones a lo largo del tiempo.
—



