
El entrevistado analizó el presente y el futuro del trabajo, el sindicalismo, la inteligencia artificial, el peronismo, la realidad económica y los desafíos del mundo laboral.
El futuro del trabajo, el impacto de la inteligencia artificial, la transformación del sindicalismo, la situación de los trabajadores de plataformas, el presente del peronismo y la actualidad política fueron algunos de los ejes de una extensa conversación en la que también hubo espacio para recorrer una historia personal marcada por el esfuerzo, la universidad pública y una extensa trayectoria en la gestión pública. A lo largo del diálogo, el ex ministro de Trabajo bonaerense defendió la necesidad de construir acuerdos de Estado, cuestionó aspectos del modelo económico actual y sostuvo que los cambios tecnológicos deben estar acompañados por regulaciones que protejan a quienes trabajan.
Cuartango recordó que su llegada a la función pública fue casi inesperada. “Yo vengo del ejercicio de abogado en forma liberal, independiente. En 2002 fui convocado para integrar el gabinete de Eduardo Duhalde con Alfredo Atanasof como ministro de Trabajo. Primero fui jefe de Gabinete del Ministerio y luego subsecretario en la Jefatura de Gabinete. Esa fue mi primera experiencia en el Ejecutivo”. Luego regresó a la actividad privada hasta que en 2007 Daniel Scioli lo convocó para ocupar el Ministerio de Trabajo de la provincia de Buenos Aires, cargo que desempeñó durante sus dos mandatos. Incluso recordó que, de haber llegado Scioli a la Presidencia en 2015, también había sido anunciado para conducir esa cartera a nivel nacional.
Consultado sobre el Grupo Descartes, explicó que nació en 2008 junto a otros funcionarios del gabinete bonaerense y aclaró el origen de su nombre. “No tiene nada que ver con René Descartes. Descartes era el seudónimo que utilizaba el general Perón cuando escribía artículos periodísticos”. También diferenció esa agrupación del espacio Peronismo Federal Unido, organización presente en prácticamente todas las provincias y que hoy impulsa distintas construcciones internas dentro del justicialismo. “Descartes ya está directamente embanderado con la precandidatura presidencial de Axel Kicillof”, afirmó.
Al repasar su infancia, el entrevistado reconstruyó un relato atravesado por la movilidad social que permitió la educación pública. “Nací el 28 de junio de 1945 en Ensenada. Mi papá era trabajador del frigorífico Swift y mi mamá era ama de casa. Gracias al esfuerzo de mis padres pude estudiar. También ayudó vivir cerca de La Plata y que existiera el tren. Y, sobre todo, la universidad gratuita. Si no hubiera sido porque vivía en Ensenada y porque la universidad era gratuita, no hubiera podido estudiar Derecho.”
A partir de ese recorrido personal destacó la importancia de la decisión política que permitió el acceso masivo a la educación superior. Recordó que la gratuidad universitaria comenzó a implementarse durante el gobierno de Juan Domingo Perón y sostuvo que esa medida modificó el destino de miles de familias trabajadoras. “Eso cambió la vida de muchísima gente”, resumió.
La conversación derivó luego hacia el desarrollo del puerto, la planificación del transporte y la necesidad de políticas públicas sostenidas más allá de los cambios de gobierno. Para Cuartango, la Argentina necesita consensos duraderos. “Los argentinos tendríamos que hacer grandes acuerdos nacionales sobre algunas políticas de Estado que estén por encima de los avatares electorales.”
En ese contexto cuestionó la profundización del dragado del río Paraná y reclamó una discusión basada en evidencia científica. “Es un tema que debería debatirse con honestidad, sin apasionamientos, con rigor científico, de manera interdisciplinaria y con gente que realmente sepa. No parece que sea el camino que estamos tomando.”
Cuando el análisis se trasladó al escenario político, reconoció que el peronismo atraviesa un momento complejo, aunque sostuvo que la unidad debe construirse respetando las diferencias internas. “Unidad en la diversidad significa que nadie renuncie a sus posiciones, pero sí que podamos acordar las grandes líneas sobre los grandes temas nacionales.”
También marcó diferencias con la política económica del gobierno nacional. Aclaró que no cuestiona la búsqueda del equilibrio fiscal, aunque sí quién soporta el costo de ese proceso. “No pueden pagar el ajuste los trabajadores y los jubilados. Tampoco se puede abrir la importación de manera incondicional. Hay que integrarse al mundo, pero defendiendo los intereses nacionales.”
Durante buena parte de la entrevista se detuvo en la transformación del trabajo impulsada por las plataformas digitales. Allí señaló que detrás de las aplicaciones existen empresas concretas que obtienen ganancias mientras presentan otra imagen ante la sociedad. “Google es una empresa, Rappi es una empresa, Glovo es una empresa. Detrás de las plataformas hay personas jurídicas integradas por socios que lucran con la actividad.”
Según explicó, Argentina adoptó una posición contraria a la tendencia internacional al considerar autónomos a quienes trabajan mediante plataformas digitales. “La Organización Internacional del Trabajo acaba de aprobar un convenio para los trabajadores de plataformas y nosotros vamos exactamente al revés, diciendo que son trabajadores independientes.”
Sin embargo, aclaró que tampoco propone trasladar automáticamente los viejos esquemas laborales al nuevo escenario tecnológico. “No digo que haya que regularlos de manera nostálgica. Primero hay que ir a las fuentes, preguntarles cómo trabajan, cuáles son sus problemas y en qué se los puede mejorar.”
En ese sentido reconoció que muchos repartidores valoran la flexibilidad horaria, aunque advirtió que esa aparente libertad convive con mecanismos invisibles de presión. “Los algoritmos funcionan como una zanahoria permanente. Siempre te prometen un poco más para que sigas trabajando. Es como un hámster corriendo dentro de una rueda.”
Uno de los pasajes más profundos llegó cuando analizó el impacto de la inteligencia artificial sobre el empleo. Cuartango recordó que la Organización Internacional del Trabajo comenzó a estudiar este fenómeno hace varios años y sostuvo que la revolución tecnológica exige nuevas respuestas políticas. “Hay que ponerle límites, hay que regularla. En la Unión Europea ya se está haciendo.”
Para el abogado laboralista, el avance tecnológico eliminará una enorme cantidad de puestos de trabajo tradicionales. “Todo el progreso humano expulsa mano de obra. Pasó con la rueda, con la palanca, con el fuego y ahora pasa con la inteligencia artificial.”
Como ejemplo mencionó la automatización de peajes, bancos y supermercados. “Los cajeros están desapareciendo, las sucursales bancarias también. Todo se hace online. Pero eso no puede beneficiar solamente a unos pocos.”
Incluso describió el funcionamiento de las llamadas “fábricas oscuras” en China. “Fabrican un celular de alta gama por segundo. Se llaman oscuras porque no necesitan luz ni aire acondicionado. No trabaja ninguna persona, solamente robots con inteligencia artificial.”
Frente a ese escenario consideró imprescindible avanzar hacia nuevos modelos de organización laboral. “El mundo tiene que ir hacia una reducción de la jornada de trabajo, hacia una renta básica universal y hacia nuevas formas de distribución de la riqueza. Si no hay consumidores, ¿quién va a comprar todo lo que producen esas fábricas?”
También manifestó preocupación por la situación de los jubilados. “Hoy parece que se busca que no tengan posibilidades reales de subsistir. Si pagan los medicamentos, no pueden comer. Esa es la crueldad del liberalismo llevado a su máxima expresión.”
Consultado sobre el panorama electoral, consideró que Axel Kicillof es quien aparece mejor posicionado dentro del peronismo. “Creo que es el único que hoy se perfila con posibilidades, aunque no se la van a hacer fácil ni unos ni otros.”
Al escuchar un discurso del gobernador bonaerense, manifestó su coincidencia con sus definiciones y reivindicó las tres banderas históricas del justicialismo. “La independencia económica, la soberanía política y la justicia social siguen siendo plenamente vigentes.”
La entrevista también permitió conocer el origen de su vocación profesional. Cuartango confesó que de joven no tenía claro qué camino seguir hasta que su padre, trabajador frigorífico, le abrió una puerta en el sindicato. “Me preguntaron cuánto quería ganar y respondí que iba a aprender. Ahí empecé haciendo jubilaciones escritas a mano y terminé enamorándome del Derecho del Trabajo.”
Con el paso de los años desarrolló una extensa carrera como abogado de distintas organizaciones sindicales y luego dio el salto a la gestión pública. También recordó con afecto su relación con Daniel Scioli, aunque aclaró que hoy mantienen diferencias políticas. “Le tengo cariño y respeto, pero no comparto el camino que tomó al irse con el gobierno de Milei. Nosotros seguimos en el peronismo.”
Otro concepto que atravesó buena parte de la charla fue la necesidad del trabajo interdisciplinario. Según explicó, esa visión nació durante su paso por la Jefatura de Gabinete, donde convivía diariamente con profesionales de distintas especialidades. “Ahí aprendí que ningún problema complejo puede resolverse desde una sola disciplina. Hay que escuchar a médicos, ingenieros, psicólogos, economistas, abogados. Cada uno aporta una mirada distinta.”
Para Cuartango, esa lógica también debería aplicarse en debates sensibles como la edad de imputabilidad, las políticas penitenciarias o la prevención de la violencia. “No alcanza con consultar penalistas. También hay que escuchar a psicólogos infantiles, psiquiatras, sociólogos y especialistas en cárceles.”
Sobre el futuro del sindicalismo fue categórico. “Tiene que reconocer que cambió el paradigma. Debe aggiornarse, incorporar computación, inteligencia artificial y nuevas herramientas.”
Sin embargo, insistió en que la tecnología nunca debe reemplazar el criterio humano. “La inteligencia artificial sirve muchísimo para verificar información, pero siempre hay que controlar el resultado porque, cuando no sabe una respuesta, muchas veces la inventa.”
Al analizar la reforma laboral impulsada por el Gobierno nacional, cuestionó duramente su contenido. “La llaman modernización laboral, pero de moderna no tiene absolutamente nada. Es volver al comienzo del siglo pasado.”
También defendió la vigencia del artículo 14 bis de la Constitución Nacional como pilar del constitucionalismo social argentino. “Si alguien no cree en la justicia social tiene todo el derecho a pensarlo, pero para eliminarla primero tiene que modificar la Constitución sobre la que juró.”
Sobre el final, cuando le preguntaron cuál considera que es su marca personal, respondió sin dudar. “Ser una buena persona.”
Luego explicó que esa es la mayor satisfacción que puede dejar una trayectoria profesional y política. “Puedo haber sido un abogado bueno para algunos y malo para otros, pero nunca perjudiqué intencionalmente a nadie.”
Con esa definición cerró una conversación atravesada por recuerdos personales, reflexiones políticas y una mirada crítica sobre los desafíos que enfrentan el trabajo y las organizaciones sindicales en un contexto donde la tecnología avanza a una velocidad inédita y obliga, según insistió durante toda la entrevista, a construir nuevas reglas capaces de equilibrar innovación, desarrollo y justicia social.
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