
La utilización de aplicaciones de inteligencia artificial (IA) en el ámbito educativo se ha convertido en materia de debate entre docentes, padres y alumnos y genera posiciones encontradas. Según un relevamiento sobre las oportunidades y riesgos asociados a esta tecnología en las aulas, siete de cada 10 encuestados indicaron que es importante contar con docentes capacitados para para utilizarlas, mientras que al mismo tiempo hubo ocho de cada 10 que declararon estar preocupados por el impacto que esto puede tener en “la mente de los alumnos”.
El informe, titulado “Educación e inteligencia artificial: riesgos y proyecciones” y elaborado de manera conjunta entre el Centro de Investigaciones Sociales (CIS) de la Universidad Argentina de la Empresa (UADE) y la organización de derechos humanos Voices!, expone los resultados de una encuesta sobre cómo perciben los argentinos el impacto de la inteligencia artificial en la educación.
Según el texto, “el 44% de los consultados cree que la IA ha mejorado la calidad de la educación, mientras que un 35% considera que la empeoró y un 12% no percibe cambios relevantes”.
“Entre los beneficios más destacados, los encuestados señalaron el acceso permanente a contenidos educativos (34%) y el apoyo a estudiantes con dificultades de aprendizaje (31%)”, señala.
Luego, agrega datos sobre las preocupaciones de los encuestados: “La advertencia más repetida es el deterioro de las habilidades cognitivas y del razonamiento (44%), seguido de la desigualdad en el acceso a la tecnología (32%) y el temor a que los docentes sean reemplazados (28%)”.

No obstante, 7 de cada 10 encuestados (72%) coincidieron en que resulta “imprescindible que los docentes se capaciten en el uso de la IA para integrarla en sus prácticas de enseñanza. “La percepción es que la formación del profesorado es la clave para transformar a la IA en una herramienta pedagógica y no en un obstáculo”, apuntaron los autores del trabajo.
Aún así, el uso de celulares durante las clases sigue provocando más resistencia que apoyo: el 44% cree que generan distracciones y dependencia tecnológica, mientras que un 33% los evalúa de manera positiva.

Lo que también genera rechazo, en este caso prácticamente pleno, es la virtualidad: solo el 6% se inclina por esta modalidad de clases. La mayoría prefiere mantener la educación presencial (54%), o bien adoptar un esquema híbrido (34%).
La brecha digital, en tanto, se ha convertido en un factor influyente en el ámbito educativo. Cuatro de cada 10 consultados afirmaron que “la tecnología profundizó la desigualdad educativa”, mientras que un 31% piensa lo contrario.
El reporte añadió que “un 65% de los encuestados considera que las tecnologías digitales contribuyen a mejorar la educación y facilitan el estudio, mientras que un 28% no está de acuerdo con esa afirmación”.
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