
Lorena Amaro Castro (Pontificia Universidad Católica de Chile) y Fernanda Bustamante Escalona (Universitàt Autónoma de Barcelona), han plasmado a cuatro manos en No somos boom. La polémica instalación de las narradoras latinoamericanas del siglo XXI (Fondo de Cultura Económica), una obra señalada por la voluntad de abarcar y de interrogar un fenómeno muy contemporáneo, pero que remite a una lucha secular de las mujeres por la paridad intelectual y literaria.

Su objetivo es debatir la actual instalación de un grupo de narradoras latinoamericanas nacidas a partir de la década del 70 del siglo XX, en una zona central de visibilidad editorial y crítica.
Este posicionamiento (tanto en las ventas como en la valoración literaria) ha llevado a considerarlas un “nuevo boom” latinoamericano (femenino, a diferencia del “boom” de los 60/70, que entronizó solamente autores varones). A partir de este hecho, las autoras –siempre apoyadas en un sólido conocimiento panorámico– encadenan preguntas problemáticas que incitan a las reflexiones del lectorado.
Enumeremos las fundamentales. Ante todo, ¿es pertinente la etiqueta de “boom”? Sus protagonistas la niegan, preocupadas por desligarse de la asociación con lo contingente y mercantil; las autoras de este libro la analizan en sus aristas más incómodas.
Libertad creadora y mercado
Así, vuelven a poner en tela de juicio las relaciones entre la libertad creadora y el mercado, y añaden algunos matices que adquiere en esta época el vínculo entre mercado y posición feminista, así como entre mercado y prestigio, mercado y academia.
¿Es posible que la literatura consagrada en un mercado capitalista, (neo)liberal y (neo)colonial, mantenga su potencia de ruptura? Por otra parte, la academia misma, que se ufanó en el pasado de su independencia de criterio, ¿no se ha vuelto demasiado dócil a una trama de complicidades entre premios resonantes, intervenciones múltiples, publicidades, periodismo cultural y divulgación mundial a través de poderosos grupos editoriales?

Sin negar por ello el mérito de las elegidas, Amaro y Bustamante se plantean si esa concentración en unos pocos nombres (los únicos que acceden al gran mercado internacional), no “tapa” tantísimos otros, quizá igualmente meritorios, que permanecen en la sombra y que suelen pertenecer (aunque no exclusivamente) a colectivos minorizados.
Profesores y críticos, mujeres y varones, acuciados por la necesidad de enseñar y publicar, parecerían decantarse por tomar como objeto de estudio preferente a estas autoras aclamadas y sus obras difundidas y accesibles, en vez de ampliar investigaciones cada vez menos rentadas para descubrir otras opciones.
Una mirada feminista
Se preguntan también las autoras cuán representativas de una mirada feminista son, o no, las englobadas en el dicho “boom”, y cuánta voluntad de inclusión y reconocimiento existe en ellas con respecto a sus contemporáneas ocultas, y a las creadoras que las precedieron.
Como bien destacan Amaro y Bustamante, uno de los grandes problemas de la autoría femenina ha sido, y sigue siendo aún, su aparente “inexistencia”, salvo por los casos tildados de excepcionales.

Cada vez que algunas creadoras, en forma individual o en un grupo relativamente homogéneo, emergen a una luz pública más intensa, suele vérselas como si, con deslumbrante novedad, inaugurasen la presencia de escritoras en la “literatura universal”, ignorando los hilos genealógicos que los feminismos (académicos o no), se siguen empeñando en reparar con encomiable porfía.
Las investigadoras despliegan, para ilustrar este afán, un nutrido mapa editorial independiente de rescates histórico-críticos y una cartografía de las colecciones contemporáneas paralelas al “boom”, que se proponen mostrar y hacer brillar una verdadera constelación de textos en el espacio aparentemente vacío.
Otro eje de sus cuestionamientos pasa por las caracterizaciones aplicadas a las poéticas del nuevo “boom”: “extrañas”, “(neo)fantásticas”, “weird”, “fantásticas posmodernas”, “insólitas”, “inusuales”, “neogóticas/góticas andinas”.
Se trata, dicen, de una calificación postulada desde los centros hegemónicos, pero que tiene poco sentido mirada desde Latinoamérica, donde las fronteras permeables entre realidad y ficción, entre lo natural y lo sobrenatural, son históricamente constitutivas de su literatura misma.
En todo caso, la valorización de estas poéticas (expresadas en géneros considerados “menores”) sí les parece positiva como ampliación del canon estético, encarnado ahora en escritoras.
La incorporación de otros soportes que se entrelazan con la escritura también es ponderada como una novedad bienvenida que permite hablar de “textos instalaciones” o “escrituras del compostaje” (según la artista visual Verónica Gerber).
“El futuro será feminista”, enuncia el título del último capítulo. En un mundo abrumado por la inminencia de un desastre que va desde los regímenes políticos a lo ambiental –sostienen– el feminismo parece abrir la línea utópica de otra vida posible.

Emerge (no necesariamente) en la literatura del “boom”, pero no solo en ella, sino en múltiples voces que expanden ciertos núcleos temáticos: los cuerpos desobedientes y sexo-disidentes, los imaginarios alternativos materno-filiales, la denuncia de las necropolíticas, de las violencias marcadas por la situación de género y la opresión neo-colonial, la presencia de subjetividades excluidas. Todo esto –concluyen– configura mucho más que un “boom” publicitario.
“Desapropiación” y “comunalismo literario”
Quizá no todas las colegas compartan conceptos de la mexicana Cristina Rivera Garza (acaso la novelista y ensayista más citada del libro), como los de “desapropiación” y “comunalismo literario”, que apuntan a un trabajo colectivo. Pero ganar espacios singulares ya es en sí mismo un logro que a la larga habilita otros.
Desde los mismos medios que sirven para su promoción también es posible que las escritoras realicen una crítica contracultural al funcionamiento del mercado, que sigue ejerciendo formas de misoginia y discriminación más o menos refinadas.

Estos planteos críticos no implican que Amaro y Bustamante sostengan una posición dogmática prescriptiva con respecto a lo que las escritoras más exitosas del llamado “boom” deberían o no hacer.
Reconocen que están en su derecho al ganar dinero por sus libros (algo siempre tan retaceado, añado, a la inmensa mayoría de autores literarios de cualquier género sexual), o a disfrutar un centro de escena que tantas veces se negó a las mujeres (si bien este lugar diferenciado e iluminado puede transformarse en otra forma de gueto).
Dos anexos, uno sobre “Premios y reconocimientos” y otro sobre “Nuevas maneras de asociación en la red”, así como una detallada bibliografía, completan el despliegue de una propuesta teórico-crítica muy amplia que recorre desde la punta del iceberg (los nombres del “boom”) hasta el sustrato profundo que lo sostiene y que desborda ampliamente lo que se ve surgir en forma de triunfo individual.

Con su indagación exhaustiva en un espacio concentrado, No somos boom articula un útil “estado de la cuestión”. Marca la agenda, hacia el pasado y hacia el porvenir: “una relectura de las historias literarias, relecturas que más que adiciones de nombres, sean reformulaciones políticas y estéticas de una red de voces, miradas y textos hasta hoy nunca hilvanados”, y una “liberación del gueto, con las escritoras interviniendo en cuantos espacios quieran hacerlo”, “desde los feminismos o desde otros marcos epistemológicos”, como “un viento fresco” capaz de abrir nuevos cauces a la literatura latinoamericana, tanto para leer como para escribir.
No somos boom. La polémica instalación de las narradoras latinoamericanas del siglo XXI, de Lorena Amaro Castro y Fernanda Bustamante Escalona (Fondo de Cultura Económica).
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