
Armando Borda tiene 24 años y hoy trabaja en Palo Alto, en una startup de inteligencia artificial. Desde el epicentro mundial de la innovación analiza cómo la tecnología va a cambiar el empleo y advierte qué deberían aprender los trabajadores para no quedar afuera.

El joven aconseja prepararse antes de que el futuro deje de ser futuro. (Foto: gentileza Armando Borda).
Hay trabajos que hoy parecen tan normales que cuesta imaginar una oficina, una empresa o un consultorio sin ellos. Pero desde Silicon Valley, donde la inteligencia artificial ya se está metiendo de lleno en la vida laboral, Armando Borda se anima a ponerles fecha de transformación.
El joven de 24 años estudió Ingeniería Eléctrica en Stanford, donde también hizo una maestría en Computación. Actualmente trabaja en Aida, una startup de Palo Alto. Después de analizar lo que está pasando en las empresas que tiene alrededor, ahondó sobre cinco empleos que, según su mirada, van a cambiar de manera profunda en los próximos años en la Argentina.
Borda no analiza la industria desde afuera. Fue uno de los primeros ingenieros en Aida, donde construye agentes autónomos de IA para equipos de ventas: desarrolló los sistemas multiagente que procesan miles de interacciones comerciales por día en la plataforma. El joven está metido de lleno en una de las industrias que hoy están empujando la frontera de la inteligencia artificial, rodeado de ingenieros con décadas de experiencia en compañías como Google, Apple y Uber.
Desde ese lugar armó una lista de cinco trabajos que van a atravesar cambios profundos en los próximos cinco años.
1. Soporte técnico y TI
El primer caso parece bastante cotidiano. Es el empleado al que alguien le escribe porque no puede entrar a su cuenta, necesita una contraseña nueva, un permiso o una licencia.
Durante años, automatizar ese trabajo significó llenar formularios, apretar botones y seguir árboles de decisión. La diferencia ahora es que la IA puede entender el contexto completo del pedido y resolverlo de punta a punta.

El joven de 24 años estudió Ingeniería Eléctrica en Stanford (Foto: Armando Borda).
“Con software tradicional se podía automatizar una parte del proceso. Pero siempre había que sentar a alguien a leer el caso, entender qué pasaba y ejecutar los pasos”, explica Borda a TN. La IA, en cambio, puede analizar quién hizo el pedido, qué permisos tiene, qué ocurrió antes y cuáles son las políticas de la empresa para tomar una decisión.
El cambio, entonces, no es solamente que una computadora haga una tarea que antes hacía una persona. Es que puede empezar a hacerse cargo del proceso completo.
2. Recepción y atención telefónica
Acá aparece uno de los ejemplos que más rápido se pueden reconocer. Todos conocemos el viejo “marque 1 para consultas, marque 2 para reclamos”. Un sistema rígido, con respuestas predeterminadas, que muchas veces termina con el usuario apretando el cero para hablar con una persona. Eso está cambiando.
“Acá en San Francisco ya me ha pasado que llamás a un restaurante para reservar, o a una peluquería, o a un servicio técnico, y del otro lado te atiende algo que suena como una persona”, cuenta.

Hoy vive en San Francisco junto a excompañeros de esa casa de estudios y trabaja en una oficina en Palo Alto (Foto: Armando Borda).
La diferencia es que los nuevos agentes de voz no necesitan limitarse a opciones previamente programadas. Pueden entender una pregunta, repreguntar, buscar información y responder en tiempo real. Para Borda, este es uno de los terrenos donde la transformación puede sentirse más rápido.
3. Carga de datos y tareas administrativas
Hay trabajos que parecen invisibles porque forman parte del funcionamiento cotidiano de una empresa: cargar una factura, pasar un remito a un sistema, verificar números, conciliar información o copiar datos de un documento.
“Pensemos en cómo funciona una empresa mediana de la región: el sistema de gestión es viejo, corre en una versión antigua de Windows, no se lleva bien con ningún programa moderno y nadie lo va a cambiar”, plantea Borda. Por eso todavía hay personas que abren un documento, miran una pantalla y tipean información manualmente.

El joven se fue de Chile tras culminar la secundaria. (Foto: Armando Borda).
La IA puede hacer algo que hasta hace poco parecía difícil: usar una computadora como lo haría una persona. Mirar la pantalla, hacer clic, escribir, cambiar de ventana y resolver una tarea incluso cuando aparece una situación que no estaba prevista.
Ahí, según Borda, está una de las grandes diferencias con la automatización tradicional: la máquina ya no necesariamente se frena cuando aparece una excepción.
4. SEO, contenidos y el nuevo lugar donde las empresas quieren aparecer
El cuarto trabajo tiene una particularidad: quizá hasta cambie el lugar donde buscamos información. Durante años, una parte de la industria del marketing se dedicó a lograr que una página apareciera lo más arriba posible en Google. Palabras clave, contenidos, enlaces, optimización y una carrera permanente por conseguir clics.
“Ahora ya todo el mundo casi usa ChatGPT para agarrar respuestas”, dice Borda. Y si alguien pregunta cuáles son las mejores tiendas para comprar botines deportivos en Buenos Aires, el objetivo de una marca ya no es solamente aparecer primera en una lista de resultados: quiere aparecer mencionada en la respuesta de una inteligencia artificial.

Borda está de novio y vive en San Francisco (Foto: Armando Borda).
Eso está generando una nueva especialidad dentro del marketing. El problema es que, según Borda, también puede convertirse en una tarea altamente automatizable: generar contenido, medir qué funciona, detectar qué hacen los competidores y volver a empezar.
El marketing no desaparece. Cambia el terreno de juego. Y algo similar, agrega, puede pasar con el diseño. La generación de imágenes mediante IA todavía tiene limitaciones, pero su evolución puede reducir la cantidad de personas necesarias para producir determinadas piezas visuales.
5. Los vendedores: el trabajo que él conoce desde adentro
Borda deja este último caso para el final por una razón evidente: es justamente el mundo en el que trabaja. En Aida desarrollan lo que él define como un “gemelo digital” para los vendedores. El sistema escucha sus llamadas, registra mails y chats, mantiene actualizado el registro de clientes, prepara seguimientos y ayuda a organizar la próxima reunión.
Pero acá aparece el matiz más importante de toda su explicación. “En mi startup le vendemos a equipos de venta, pero ahora cambia totalmente el del vendedor: ya no tiene que estar ingresando datos, haciendo toda la parte aburrida y puede concentrarse solamente en las reuniones a las que tiene que ir en persona o por Zoom y negociar la parte difícil”, explica.
Para Borda, vender no va a desaparecer porque una parte esencial de la profesión sigue siendo humana: generar confianza, entender al otro, negociar y detectar problemas que no aparecen en una planilla. “La venta no se automatiza. Se automatiza el andamiaje, todo lo que lo rodea”, resume.
Y ahí aparece su tesis central: la inteligencia artificial no necesariamente viene a borrar profesiones enteras. Muchas veces viene a sacar del medio aquello que consume tiempo pero no aporta demasiado valor.
De Buenos Aires a Silicon Valley
Desde joven, Borda desarrolló un profundo interés por la intersección entre la tecnología y los negocios (Foto: Armando Borda).
Para comprender la visión de Borda sobre el futuro laboral, es necesario remontarse a sus orígenes. Nacido en Buenos Aires pero criado en Santiago de Chile —donde aún reside su familia directa—, creció marcado por la cultura de ambos países, algo que se refleja tanto en sus lazos personales como en su particular acento, percibido como una mezcla distintiva tanto por argentinos como por chilenos.
Desde su adolescencia, Borda desarrolló un profundo interés por la intersección entre la tecnología y los negocios, fascinado por los inicios de empresas como Airbnb y Uber. Su inclinación por la matemática y la física encontró una canalización concreta cuando descubrió la programación, utilizándola como la herramienta clave para transformar su curiosidad teórica en proyectos reales.
Su trayectoria dio un salto definitivo al ingresar a la Universidad de Stanford, lo que implicó mudarse a Estados Unidos e insertarse de lleno en el corazón de Silicon Valley. Hoy vive en San Francisco junto a excompañeros de esa casa de estudios y trabaja en una oficina en Palo Alto, un entorno rodeado de innovación que le permite estar cerca de quienes construyen las tecnologías del mañana.
El consejo de un joven que trabaja en el futuro
La pregunta que queda después de escuchar todo esto es bastante menos tecnológica y mucho más concreta: ¿qué hace alguien que hoy tiene un trabajo administrativo y siente que dentro de algunos años puede dejar de existir?
Borda no recomienda esperar a que la empresa empiece a capacitarlo. “Para cualquier tipo de trabajo, no necesariamente es ser bien técnico. El hecho de usar inteligencia artificial va a afectar a todos”, sostiene. Su consejo es empezar por algo tan simple como incorporar estas herramientas a la vida cotidiana y después llevarlas al trabajo.
Borda no sabe exactamente qué trabajos existirán dentro de 15 o 20 años. Nadie puede saberlo. De hecho, ese es uno de los puntos que más repite: algunos empleos van a desaparecer, muchos otros se van a transformar y también van a aparecer profesiones que hoy ni siquiera tienen nombre. Pero sí tiene una certeza.

Armando fue uno de los primeros ingenieros en Aida (Foto: Armando Borda).
La lógica es sencilla: si una persona detecta una tarea repetitiva y aprende a automatizarla, empieza a entender qué puede hacer la tecnología antes de que alguien se lo explique.
“Una persona sola aprende mucho más rápido que una organización entera”, plantea el joven. Y esa diferencia puede convertirse en una ventaja profesional.
La paradoja de los oficios
Pero si la IA va a avanzar sobre tareas administrativas, atención al cliente, marketing y ventas, hay un grupo que podría ganar atractivo: quienes trabajan con las manos.
Plomeros, electricistas, carpinteros, albañiles y otros oficios requieren algo que hoy la IA de software todavía no puede hacer: estar físicamente ahí. Borda coincide con esa mirada, aunque pone una fecha de vencimiento bastante lejana. La robótica avanza, pero a un ritmo mucho más lento que los modelos de inteligencia artificial.
La recomendación, entonces, no es elegir entre IA u oficio. Es entender hacia dónde se mueve cada uno y dónde puede estar el valor.
Mientras las empresas todavía están tratando de entender qué hacer con la inteligencia artificial, una persona puede empezar hoy mismo. Aprender a usarla. Probarla. Equivocarse. Automatizar una tarea. Aprender un oficio. Entender qué cosas todavía requieren de una persona.
En definitiva, prepararse antes de que el futuro deje de ser futuro y pase a ser simplemente el trabajo de todos los días.
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