
En las páginas de la Revista Ñ de marzo de 2026 se reconstruyen algunas de las discusiones que dieron intelectuales en el exilio y quienes se quedaron durante la dictadura, momento al que volvemos cuando se cumplen 50 años del golpe de Estado más sangriento de nuestra historia.

A pesar de todo, en ese entonces los intelectuales discutían con pausa pero sin ansiedad dada la velocidad de caracol de la comunicación escrita de esos años. Un repentismo inimaginable para el presente cuando se vive al son de la provocación inmediata y la agresión instantánea. Las ideas ya no impresas, sino escritas en pantallas, volcadas en un audio, circulan, no sin legitimidad. En todo caso, encierran un tiempo de reflexión escaso: se piensa y se opina al mismo tiempo.
¿Dónde se debate hoy? Un lugar común señala que ya no hay discusión intelectual, que solo hay agresiones y discusiones superficiales en las redes, que ya no hay pensadores, que fueron reemplazados por los influencers, las celebrities, etc. Que todo es superfluo, que cualquiera aprende citas de mermoria de Sloterdijk, Gramsci o Hannah Arendt sin siquiera chequear su veracidad. Un poco es cierto, un poco es una chicana.

Ocurre que la transformación perpetua que estamos viviendo provoca efectos devastadores tanto en los procesos cognitivos como en el desprecio por la verdad. El lugar de la opinión, la argumentación se ha empequeñecido y su necesidad no interesa demasiado en las mediciones de audiencia en casi todos los soportes.
Pero no todo está perdido, hay canales tradicionales, encuentros públicos y privados, algunas publicaciones de excepción, las desprestigiadas redes sociales y mundos inesperados. “Hoy la discusión se da en las ferias de libros independientes”, dice Juan Pablo Correa en el papel de librero en “Mastronardi”, su refugio rural en Zapiola (Lobos). Correa se refiere no solo a la circulación de ideas en cada puesto de venta, también a las intervenciones, conferencias, conversatorios, y hasta recitales que se dan en estas ferias al final de cada jornada y donde se generan nuevas sociabilidades de intereses y espacios comunes.
Los museos y galerías organizan actividades que devienen debates acerca del arte como motor de cambio, tecnologías e IA, la ampliación del campo estético, el consumo, la ecología y la política como paraguas de todo este continente. El arte hoy es protagonista.

Hay más opciones en las que preferimos pensar que no hay IA (al menos no en forma directa): las discusiones en grupos semicerrados de Whatsapp, canales de streaming, grupos de lectura, presentaciones de libros, algunos grupos universitarios. También en los Espacios de X (Spaces), un caso que ha sido explorado y aprovechado muy bien por la militancia de LLA. Son salas de conversación que permiten participar en debates en tiempo real, escuchar o intervenir con audios. Son públicos, interactivos y muy utilizados para hablar de tecnología, cultura pop y política, fomentan el contacto entre creadores y audiencias. Del mismo modo, de noche y de día arden los foros de Reddit: crecen de modo infinito para hablar productos de la cultura popular y relacionarlos con absolutamente todo. También hay discusiones de todas las tonalidades en los chats y comentarios de YouTube, o en el ya antiguo pero todavía vigente Facebook.

Las experiencias micro se multiplican, dejan de ser de nicho y provocan polémicas que se vuelven inabarcables. El público es amplio, la mayoría son personas nacidas en este siglo. Muchos de los que nacieron en décadas anteriores extrañan las voces de los protagonistas de las grandes contiendas (y en la mayoría de los casos, respetuosas) que ya no están. Beatriz Sarlo encabeza esa ausencia, y después los hay muchos otros como David Viñas, Horacio González, José Nun, Juan José Sebreli o Ricardo Piglia.
Las nuevas camadas de pensadores tienen otros universos y perfiles. Algunos de ellos participan de canales de streaming y entendieron la lógica de los “nuevos medios”. Muchos otros promueven columnas de opinión con nuevos formatos, son entrevistados y sus intervenciones, a veces, circulan en diferentes plataformas.
Hubo y hay debates y opiniones. La oferta es más variada de lo que, prejuiciosamente se cree. Tenemos ideas.
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