Mundial 2026: los chinos que en Beijing eligieron ser hinchas de Argentina

Uno llega a una transmisión de la Selección argentina en Beijing, China, esperando encontrarse con una colonia de argentinos, pero pasa exactamente lo contrario. Entre las camisetas celestes y blancas, las banderas, las caras pintadas y los cantitos, la mayoría habla mandarín. Son chinos. Muchos nunca estuvieron en Argentina, pero conocen la formación de memoria, discuten si Scaloni acertó con los cambios y festejan cada gol abrazándose como si estuvieran en el Obelisco.

Mientras en Argentina millones de personas organizan su vida alrededor de un partido de la Selección, a casi 19.000 kilómetros ocurre un fenómeno inesperado: muchos chinos también esperan esos 90 minutos como si fueran propios. Aprendieron español por Lionel Messi, toman mate, conocen la historia de River y Boca, siguen a la Scaloneta y hasta adaptan sus horarios para ver partidos que, por la diferencia horaria, suelen jugarse de noche o en plena madrugada en China. Clarín estuvo en Beijing durante los encuentros de la Selección y habló con fanáticos que encontraron en el fútbol argentino una pasión que terminó yendo mucho más allá de un jugador.

Lo primero que sorprende no es el resultado ni el ambiente. Es el público. En las transmisiones organizadas por la Embajada argentina en Beijing y en las juntadas en los bares había muchísimos más chinos que argentinos.

Llegaban vestidos con camisetas de la Selección, pelucas celestes y blancas, banderas y hasta la cara pintada como si estuvieran entrando al estadio para jugar una final. Nadie parecía haber improvisado ese fanatismo. Sabían los cantitos, conocían los nombres de los jugadores y discutían de fútbol con una naturalidad que sorprendía incluso a los propios argentinos.

Mientras algunos argentinos gritaban desaforados cada ataque, muchos chinos los observaban fascinados. Algunos terminaban copiando esa manera de vivir el fútbol: saltaban en los goles, abrazaban a desconocidos e intentaban imitar la euforia argentina. Otros simplemente se quedaban mirando la escena, sacaban sus celulares y grababan sorprendidos la intensidad con la que los argentinos transforman un partido en una celebración.

Julia con sus amigas. “Me gusta Messi. Amo Argentina y toda la fiesta que se genera”, dice.

Cuando llegaba un gol argentino, el idioma dejaba de importar. Los abrazos eran iguales, los saltos también.

La imagen se repetía partido tras partido. El fenómeno no nace únicamente con Messi, aunque el capitán es el gran responsable de que millones de chinos sepan ubicar a la Argentina en el mapa.

Para Trix, todo empezó con un solo nombre. “Estoy aquí por Messi. Fue la primera persona que conocí de Argentina y también la razón por la que empecé a estudiar español en la Universidad de Estudios Extranjeros de Beijing”, dice a Clarín mientras espera el comienzo del partido.

Los chinos que estudian un idioma extranjero se ponen un nombre en ese idioma: lo eligen ellos mismos para facilitar la comunicación. Por eso, muchos de los que hablan con este diario dirán su nombre castellanizado, ni mencionan el original chino.

Trix empezó a estudiar español por Messi.

Es el caso de Álvaro —en chino se llama Zhaije—, quien sonríe mientras intenta hablar con acento argentino. “Me gusta mucho el fútbol latinoamericano. Soy fanático de Paulo Dybala”, cuenta mientras hace el clásico festejo del delantero, ese gesto en el que apoya el dorso de la mano sobre la nariz y la boca. Después ensaya algunas palabras que aprendió mirando videos: “Vos… yo… amigo”. Dice que le encanta cómo hablan los argentinos y que en agosto espera viajar por primera vez para conocer el país con el que sueña desde hace años.

Alvaro/Zhaije planea viajar a la Argentina en agosto.

Entre la multitud también aparece Antonio, de 21 años. A diferencia de casi todos, no lleva una camiseta de la Selección sino una de Racing Club, una rareza en medio de un mar de casacas albicelestes.

“Soy estudiante de español. Tengo esta camiseta porque fui intérprete de un entrenador argentino que trabajó dos años en China. Él me enseñó todo sobre el fútbol argentino y, por agradecimiento, sigo a la Selección y uso esta remera”, cuenta.

Su jugador favorito es Lisandro Martínez. En su casa toma mate con yerba importada, dice que el asado es una de sus comidas favoritas y confiesa que el acento argentino fue el que terminó enamorándolo del idioma. “Fui a España, pero el acento argentino siempre me gustó mucho más”, admite.

Antonio tiene 21 años y usa la camiseta de Racing.

Julia va con sus amigas a ver los partidos y todas llevan camisetas albicelestes. “Me gusta Messi. Amo Argentina y toda la fiesta que se genera”, decía tímida y sonriendo sin necesidad de demasiadas palabras.

En China, la Selección está presente incluso lejos de las canchas. Basta recorrer un supermercado para encontrar el rostro de Messi en lugares inesperados: aparece en bolsas de papas fritas, botellas de café frío para soportar el calor del verano asiático, bebidas energéticas, snacks o carteles publicitarios. Es, probablemente, la única selección extranjera que ocupa semejante lugar en la publicidad local.

También ocurre en los centros comerciales. Hay stands dedicados exclusivamente a vender camisetas y merchandising argentino y, cada vez que juega la Selección, esos locales se llenan de gente buscando una remera celeste y blanca.

A lo argento: así viven los chinos los partidos en Beijing.

En la calle sucede algo parecido. Algunos chinos preguntan con una sonrisa: “¿Āgēntíng?”, el nombre de Argentina en mandarín. Otros todavía no identifican demasiado al país, pero basta con pronunciar una palabra para que todo cambie: Messi. Es casi automático. Su nombre despierta sonrisas, conversaciones y gestos de admiración. En muchos casos, Messi es incluso más conocido que la propia Argentina.

Taylor, de 30 años, recuerda que su historia como hincha comenzó cuando era chico.“Me acuerdo mucho de la selección de Riquelme, Cambiasso y de esa generación. Después vi cómo Argentina sufría: el 4 a 0 con Alemania en 2010, la final de 2014 y finalmente la consagración contra Francia. Eso hizo que la quisiera cada vez más”, dice a este medio.

Dice que lo que más admira es la manera en que los futbolistas argentinos luchan cada partido. “Nunca se rinden. Para mí la ‘scolonetta’ (dice intentando decir la Scaloneta) es increíble. Argentina siempre encuentra la forma de pelear hasta el final y eso representa su fe”, dice.

Taylor en un hotel de Beijing mirando uno de los partidos de la Selección.

Su fanatismo fue creciendo también gracias a los propios argentinos. “Durante el último Mundial estaba trabajando en México. Vi un partido en un bar lleno de argentinos y fue impresionante. Cantaban, gritaban, lloraban. La emoción con la que viven el fútbol me inspiró todavía más para apoyar a Argentina”, recuerda.

Nunca viajó al país, pero siente que ya conoce una parte de esa cultura. “Vi videos del River-Boca y fue de otro nivel. También vi las imágenes de Buenos Aires después de ganar el Mundial. Por eso quiero festejar la final con argentinos. Ellos celebran mucho más”, explica.

“Las tres cosas que más me gustan son el mate, el asado y el fútbol. Solo quiero agregar que un argentino debería sentirse orgulloso de esta Selección”, dice al terminar.

Historias como las de Trix, Antonio o Taylor se repiten una y otra vez en Beijing. Cambian los nombres, las edades o el club favorito, pero casi todas tienen el mismo punto de partida: Messi. Y también el mismo desenlace: descubrir que detrás del mejor jugador del mundo hay un país entero que vive el fútbol de una forma distinta.

Mientras en Argentina el Mundial paraliza oficinas, escuelas y ciudades enteras, a más de 19.000 kilómetros ocurre algo parecido. En la madrugada china también hay hinchas que esperan el pitazo inicial con ansiedad, que se pintan la cara, cantan, sufren y celebran como si hubieran nacido en Buenos Aires.

Aunque nunca hayan caminado por la Avenida 9 de Julio ni visto un superclásico desde una tribuna, cada vez que juega la Selección sienten que, por un rato, también son un poco argentinos.

AS

fuente: CLARIN

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