Morgan Housel, autor y analista financiero: “Mi abuela pasaba penurias económicas, pero era más feliz que todos los multimillonarios que conozco”

La abuela política de Morgan Housel pasó los últimos 30 años de su vida con un ingreso de la seguridad social que apenas alcanzaba para vivir. Su situación económica estaba cerca de la pobreza, pero había algo que, según el escritor y analista financiero estadounidense, nunca pareció faltarle: la sensación de que tenía suficiente.

Su rutina era sencilla. Pasaba tiempo en su pequeño jardín y leía libros que sacaba de la biblioteca. No necesitaba grandes gastos para entretenerse ni parecía mirar hacia la vida de otras personas para medir la propia.

“Tenía poco, pero quería todavía menos”, recuerda Housel en entrevista con el Times.

La frase resume buena parte de la idea que desarrolla en su nuevo libro, The Art of Spending Money: Simple Choices for a Richer Life. Pero la historia familiar adquiere todavía más fuerza cuando el escritor la compara con algunas de las personas más ricas que conoció.

“Era una de las personas más felices que podrías haber conocido”, sostiene. Housel cuenta que a lo largo de su vida conoció a media docena de multimillonarios y asegura que ninguno de ellos era tan feliz como su abuela política.

Cómo Housel define la riqueza psicológica

Para explicar esa diferencia utiliza una expresión que atraviesa su pensamiento: riqueza psicológica. Ella era pobre desde el punto de vista financiero, pero podía sentirse rica porque la distancia entre lo que tenía y lo que quería era muy pequeña.

El bienestar también está en disfrutar de lo que se tiene y en la sensación de tener suficiente.

La comparación cambia cuando aparece el deseo permanente de tener más. Una persona puede aumentar sus ingresos, comprar una casa más grande o acceder a bienes que antes parecían imposibles y, aun así, continuar sintiendo que le falta algo.

El problema de querer siempre un poco más

Housel sostiene que el dinero tiene una particularidad: permite comparar con facilidad. Los ingresos, las propiedades y los bienes pueden convertirse en una especie de marcador con el que las personas miden su posición frente a los demás.

Las redes sociales llevaron esa comparación a la vida cotidiana. Ya no hace falta conocer personalmente a alguien para ver sus viajes, su casa, sus compras o el estilo de vida que muestra.

“Muchas veces, cuando las personas se comparan con otras, esa comparación está cubriendo un vacío en sus vidas que en realidad no tiene que ver con el dinero”, plantea.

También cuestiona la expectativa de que las cosas materiales traigan reconocimiento. “Creemos que tener cosas buenas nos traerá el respeto y la admiración de los demás, pero rara vez sucede”, afirma.

Por eso, la historia de su abuela no aparece como una defensa de la pobreza ni como una invitación a dejar de buscar estabilidad económica. El planteo es otro: el bienestar no depende únicamente de cuánto se tiene, sino también de cuánto se desea.

Morgan Housel. Su libro más famoso es The Psychology of Money (La psicología del dinero), publicado en 2020.

Housel lo resume con una comparación extrema: una persona puede ser multimillonaria y despertarse cada mañana preocupada por aquello que todavía no posee. Otra puede tener mucho menos y sentirse satisfecha con lo que tiene.

En ese sentido, su abuela había encontrado una fórmula difícil de medir con dinero. Tenía un ingreso escaso, un jardín pequeño y libros de la biblioteca. Y parecía haber encontrado algo que muchas personas con mucho más dinero siguen buscando: la sensación de tener suficiente.

—

fuente: CLARIN

Artículos Relacionados

Volver al botón superior

Adblock Detectado

Considere apoyarnos deshabilitando su bloqueador de anuncios