
Pocas cosas resultan tan molestas como descubrir una mancha oscura en la heladera o un olor extraño que viene del fondo del lavavajillas. El moho, ese visitante silencioso que aparece cuando menos lo esperamos, suele instalarse en los rincones más cotidianos de la cocina sin que lo notemos.
Lejos de ser un problema aislado, la presencia de moho es más común de lo que pensamos: aprovecha la humedad, los restos de comida y la falta de ventilación para reproducirse. Aunque la mayoría de las veces no representa un riesgo grave, puede afectar la salud y, sobre todo, arruinar nuestros alimentos. Por eso, los expertos insisten: con simples hábitos de limpieza es posible mantenerlo a raya.
Los rincones más propensos al moho en la cocina
“En teoría, no hay superficies en las que los microbios (como el moho) no puedan crecer”, asegura Jordan Peccia, profesor y director del departamento de ingeniería química y medioambiental de la Universidad de Yale, en diálogo con el sitio web de National Geographic. Desde el plástico hasta el acero inoxidable, si hay humedad, el moho encontrará la manera de instalarse.
- Cafeteras y batidoras: si no se limpian a diario, la humedad residual favorece el crecimiento de hongos.
- Heladera: la junta de la puerta, el cajón de verduras y la parte trasera son zonas críticas. Un estudio de 2014 mostró que el estante inferior es el que acumula mayor cantidad de moho y bacterias.
- Alimentos: frutas frescas, pan y quesos blandos son los más vulnerables, pero incluso restos mínimos —como gotas de café o mermelada— pueden alimentar colonias.
- Lavavajillas: pese a las altas temperaturas, las investigaciones demuestran que muchos hongos resisten y se instalan en sus paredes internas.
- Paños, alfombras y esponjas: los textiles húmedos se convierten en el mejor caldo de cultivo. La esponja, en particular, es uno de los objetos más contaminados de la cocina.

Cómo evitar el moho: hábitos clave
La regla número uno es clara: el moho no crece en superficies secas. Mantener la cocina libre de humedad es la mejor estrategia preventiva.
- Secar y ventilar: limpiar derrames y evitar la condensación son pasos fundamentales. En ambientes muy húmedos, un deshumidificador puede marcar la diferencia.
- Limpieza frecuente: los expertos recomiendan higienizar heladeras y superficies entre una y dos veces por semana.
- Textiles bajo control: cambiar seguido paños y esponjas. Para desinfectarlas, se pueden meter en el lavavajillas o en el microondas en un recipiente con agua.
- Desinfección eficaz: primero lavar con agua y jabón, y recién después usar lavandina. Como dice Don Schaffner, director del departamento de ciencia alimentaria de la Universidad de Rutgers: “No se puede desinfectar una superficie sucia”.

Qué hacer si aparece moho en los alimentos
Cuando el hongo se instala en productos blandos y húmedos como yogur, brie o frutas rojas, no hay salvataje: hay que descartarlos. En cambio, los alimentos más firmes, como quesos duros o zanahorias, se pueden conservar retirando la parte afectada más un centímetro adicional.
Con las superficies ocurre lo mismo: limpiá con agua y jabón, desinfectá y, sobre todo, revisá qué generó la humedad que permitió la aparición del moho. Una junta rota en la heladera o un derrame olvidado pueden ser la verdadera raíz del problema.
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