Manuel Fanego y la locura poética de Copi en escena

Una heladera roja en medio de un living. En el teatro la primera impresión dice muchísimo y en Le Frigó (la heladera en francés), la obra que estrenó Copi en París en 1983 y que ahora se puede ver en el Teatro Picadero, la imagen que el público observa ni bien se acomoda en la butaca anticipa que el espectáculo será un despliegue de experimentación, metáforas, incoherencias y juegos donde lo imprevisible y la locura emergen.

Le frigó, de Copi, interpretado por Manuel Fanego. ©ATOMOBIT

Está la heladera y también Manuel Fanego, el verdadero centro de esta escena, que con su primera bocanada de aire de un cuerpo que se desliza, se transforma, liviano y pesado al mismo tiempo, termina de construir el sentido de una obra que todo el tiempo pide: “No me encasillen”.

Escribir sobre Copi es escribir sobre Raúl Damonte Botana (Buenos Aires, 1939-París, 1987), un dramaturgo, novelista y humorista gráfico, autor de una producción muy singular para su tiempo y que comenzó a ganar atención en los últimos diez años, en el panorama de la literatura contemporánea. Humor para alterar cualquier orden, un estilo neobarroco y cierta idea del exilio (Copi se sintió un apátrida por motivos más personales que políticos) son ejes medulares de sus piezas, que siempre piden más y más.

En Le Frigó, Madame L se retiró de la moda y está escribiendo sus memorias. El día de su cumpleaños 50, la sorprende una heladera en el medio del living de su casa; fue su madre quien la envió como regalo. A partir de ese momento, inicia un viaje disparatado junto a los personajes de su vida: su amante, su editor, su chofer, un detective, su psiquiatra, su madre, su mucama.

Extravagante y experimental, los diez personajes que interpreta Manuel Fanego oscilan entre la vida y la muerte. El impulso es desenfrenado y delirante, pero la matriz de fondo es siempre trágica. Este punto es una de las claves de lectura de la obra de Copi, influenciado por estéticas del comienzo de siglo XX como el surrealismo, el dadaísmo y hasta el teatro del absurdo. Sus personajes se encuentran en una situación trágica, pero se los observa desde un ángulo cómico y eso genera un humor capaz de descontrolar todo, como si pasara un huracán por el escenario.

Otro aspecto de las obras de Copi es el travestismo: Manuel Fanego juega y explora los géneros con una indefinición poética que él mismo contiene y que desarrolla artísticamente en sus personajes. Esto también es un dispositivo teatral, con ciertas influencias del extrañamiento de Brecht: un sombrero y un piloto para jugar al detective, unos bigotes que se sostienen con una varilla, un tapado de leopardo. Todo es caricatura, pero en Copi es incluso algo más extremo: supera la parodia, los puntos de vista son múltiples, se corre de cualquier lugar solemne de enunciación, cuando se lo reconoce en una posición, la cambia enseguida.

Uno de los múltiples personajes que interpreta Manuel Fanego en Le frigó, de Copi. ©ATOMOBIT

¿Quién es esta Madama L? Una mujer desaforada que quiere escribir sus memorias, pero los recuerdos aparecen como experiencias traumáticas de una madre violenta, un padre abusivo, un psiquiatra que la abandona y una soledad crónica. Es tanto el abuso, la tragedia, el dolor, que ella lo expone todo, al mismo tiempo, haciéndola una llama encendida que muere y revive en escena, a cada momento. No hay una noción de tiempo clara en la obra. ¿Cuándo sucede todo lo que sucede? ¿O es que estamos viendo en escena todos los monstruos de su cabeza?

En este mundo salvaje, los animales tienen también un valor particular. En Le Frigó hay una rata, un punto clave para el contundente final de la obra que (como todo) siempre remite a la infancia. Sí, una rata que podría tener funciones humanas. Y aquí, se vuelve una compañía.

Se ha definido al teatro de Copi como neobarroco. No hay fronteras entre el sueño y la realidad, todo depende de la subjetividad incontrolable del personaje, los mundos están habitados por fantasmas y metáforas monstruosas y todo funciona como un sistema de muñecas rusas: un universo es el receptáculo de otro. “Un caos es un cosmos mirado desde afuera”, suele decir el maestro Mauricio Kartun y el caos de Copi es profundamente sofisticado. Según el escritor Daniel Link, el punto más barroco de su obra es el “horror vacui”. Algo que suma mucho al dispositivo teatral, un terror al vacío, una necesidad de saturar el espacio, el lenguaje, el cuerpo, porque como diría Hamlet, frente a la nada, frente a la muerte y al fin, “lo demás es silencio”.

Lo barroco también aparece en el diseño del espacio, objetos y el vestuario. La tensión por saber qué hay dentro de la heladera, rodeada por una planta, la cantidad de texturas, colores, materiales que aparecen en el vestuario, en lo que se esconde y hace su entrada mágicamente.

La directora de Le Frigó es Tatiana Santana (que ya dirigió a este mismo autor en un recordado Cachafaz) y se nota su conocimiento de la obra de Copi en cada una de sus decisiones artísticas, desde la dirección actoral hasta la idea del espacio. Su propuesta es un un caos contenido, dentro de ciertos márgenes, sin que suelte al espectador, sin que quede perdido en la inconsistencia que a veces tiene el delirio. Su juego es caótico, pero con ciertas reglas. Este límite es, nada más y nada menos, no olvidarse del público, que observa, siente, se ríe y sufre, mientras no deja de preguntarse ¿por qué pasa lo que pasa? Es probable que no haya una respuesta, pero desde la dirección se contiene al espectador y se abraza sin soberbia esta pregunta.

Si el centro del teatro es el cuerpo, lo que hace Manuel Fanego en escena es descomunal. Copi en sus textos reclama cuerpo al máximo y este actor (uno de los fundadores de la querida compañía Bla Bla) parece fundirse en esa locura física, acrobática, pero sensible al mismo tiempo. Tampoco suelta al público, los invita a sus juegos con humor, con guiños, miradas de reojo, se hace cargo de que esto es un teatro y él, un interlocutor generoso y arriesgado que con todas las posibilidades de su expresividad nos dice que la vida es muy breve como para categorizarla, mejor probar con todo.

Le Frigó, de Copi. Dirección: Tatiana Santana. Elenco: Manuel Fanego. Funciones: Jueves 22 h, en el Teatro Picadero: Pasaje Santos Discépolo 1857.

fuente: CLARIN

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