
Fue un final cruel. Senegal llegó a los últimos minutos del partido ganando 2-0 a Bélgica en los octavos de final del Mundial 2026, con goles en el minuto 24 y el 51. Parecía hecho. Pero Bélgica descontó en el 86, empató en el 89 y, cuando el tiempo extra ya agonizaba, en el minuto 120 convirtieron el tercero que dejó eliminados a los africanos 3-2. Sadio Mané, de 34 años y con la cinta de capitán en el brazo, fue parte del equipo que terminó el torneo de la misma forma dolorosa en que empezó: perdiendo por la mínima diferencia ante Francia en la fase de grupos.
Pero hay una dimensión de Mané que ningún resultado puede borrar.
Nació en Bambali, una aldea pequeña y remota en el sur de Senegal, cerca del río Casamance y la frontera con Guinea-Bisáu. Cuando tenía siete años, su padre murió a causa de una grave enfermedad. No había hospital en la región. La familia no tenía dinero ni para la escuela: su tío y sus padres vendieron productos agrícolas para ayudarlo a viajar a Dakar y probar suerte en el fútbol. “Casi todos en mi aldea contribuyeron dinero para mí”, dijo Mané años más tarde.
Lo que vino después es historia conocida del deporte: la academia Génération Foot, el Metz, el Red Bull Salzburgo, el Southampton, el Liverpool. En 2019 ganó la Champions League, tras vencer 2-0 al Tottenham Hotspur, siendo uno de los pilares del equipo en esa campaña. Ese mismo año se llevó la Bota de Oro de la Premier League. En 2022, con Senegal, conquistó la primera Copa Africana de Naciones de la historia del país. En total, acumula 14 títulos en su carrera, incluyendo la Bundesliga, la Premier League, la Supercopa de Europa y el Mundial de Clubes.
Con esos ingresos, Mané eligió hacer algo que muy pocos futbolistas hacen: volver.
Invirtió más de 500.000 euros en construir el primer hospital público de su región, el mismo lugar donde su padre murió por falta de atención médica. Levantó una escuela secundaria, entrega laptops a los alumnos y otorga becas para la universidad a los más destacados. Financió de su propio bolsillo la instalación de una red de internet 4G para toda la aldea. Implementó un fondo que entrega 70 euros mensuales a cada familia para cubrir la canasta básica, y construyó una estación de servicio y una oficina de correos para reactivar la economía local.
“Hoy puedo ayudar a la gente. Prefiero construir escuelas y dar comida o ropa a la gente pobre.”
El dinero y la fama no han podido cambiar la esencia de Mané. En una anécdota que se hizo viral, fue filmado ayudando al utilero del seleccionado a cargar cajones de agua al micro del equipo, con auriculares puestos y sin pensarlo dos veces. No asiste a fiestas, no juega videojuegos, dice que no le parecen útiles para ser mejor profesional. A los 34 años, sigue jugando en Al-Nassr junto a Cristiano Ronaldo, con 10 goles y 6 asistencias en la temporada 2025/2026 de la liga saudí.
Anoche, en el tiempo extra, Senegal se quedó afuera del Mundial. El marcador decía Bélgica 3-2. Mané salió sin el trofeo que le falta, el único que no tiene: una Copa del Mundo.
Pero en Bambali hay un hospital funcionando, una escuela con alumnos adentro, internet, y familias que reciben ayuda todos los meses. Eso no se pierde en el minuto 120.
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