
Your browser doesn’t support HTML5 audio
La última edición del Foro Económico Mundial de Davos dejó en claro que la inteligencia artificial se ha convertido en el idioma común del poder global. Gobiernos, empresas, académicos y organizaciones sociales discutieron, desde distintos ángulos, una tecnología que atraviesa todas las agendas. En ese escenario, la presencia argentina fue más amplia y significativa de lo que a simple vista podría suponerse.
No solo estuvo representada por el presidente Javier Milei y por el ministro de Desregulación y Transformación del Estado, Federico Sturzenegger, quienes llevaron la visión política y económica del país. También emergió una voz joven, técnica y generacional, la de Delfina Arambuillet, especialista en datos e inteligencia artificial, elegida entre 40 jóvenes líderes mundiales para participar del encuentro y aportar ideas desde la mirada de las nuevas generaciones.
Con apenas 27 años, Arambuillet sintetiza un perfil cada vez más necesario en el debate global. Formada en Comunicación Periodística en la Universidad Católica Argentina, con experiencia en el equipo de periodismo de datos de La Nación y actualmente vinculada a proyectos de IA y sustentabilidad en Globant, su intervención en Davos puso sobre la mesa preguntas que exceden el entusiasmo tecnológico. La inteligencia artificial, quedó claro, no es solo una herramienta: es un fenómeno que redefine vínculos sociales, economías y democracias.
La sensación predominante en Davos fue contundente: no regular la tecnología en sí misma, sino los efectos que produce. Allí apareció una de las mayores preocupaciones actuales, la protección de niños y adolescentes. Los expertos alertaron sobre el impacto psicológico de los llamados AI companions, sistemas diseñados para interactuar de forma continua y personalizada, que en algunos casos han favorecido el aislamiento, la depresión y decisiones extremas. La tecnología, sin un marco ético, puede amplificar fragilidades en lugar de resolverlas.
Otro punto crítico fue la llamada “crisis de la verdad”. Al dominar el lenguaje, la IA ha “hackeado” el sistema operativo de la civilización humana. Si la confianza se construye sobre la palabra y ya no es posible distinguir entre un humano y una máquina, se resienten los pilares de la democracia y de los mercados. La pregunta que quedó flotando es inquietante: ¿cómo se sostendrá la confianza en un mundo así?
Davos también expuso límites materiales. La necesidad de energía barata y confiable para sostener el crecimiento de la IA. Los data centers prometen desarrollo, pero también riesgos para las comunidades si no hay planificación. Y sobre la temida “burbuja”, la conclusión fue clara. La IA no lo será si se la piensa como aceleradora de generación de valor y no solo como una herramienta de eficiencia de corto plazo.
Argentina, con sus representantes, dejó una señal. El futuro de la inteligencia artificial no se discute solo en los centros de poder tradicionales, sino también desde las miradas jóvenes que entienden que el verdadero desafío no es técnico, sino profundamente humano.
—
fuente: inteligencia artificial en el Foro de Davos – Diario de Cuyo”> GOOGLE NEWS



