En un mundo hiperconectado, lleno de redes sociales y aplicaciones de mensajería instantánea, sentirse solo parece algo casi imposible. Sin embargo, incluso quienes llevan una vida social muy activa, ya sea de manera virtual o presencial, también podrían ser víctimas de la soledad.
La Organización Mundial de la Salud afirma que el aislamiento y la soledad se están convirtiendo en un desafío global para médicos y psicólogos, con efectos comparables a factores de riesgo como el tabaquismo o el sedentarismo. Porque, asegura la OMS, el problema radica más en la profundidad de las relaciones que en la continua interacción, la mayoría de las veces con perfectos desconocidos.
Si la soledad forma parte de la vida cotidiana, puede provocar angustia, depresión, abuso de psicofármacos y hasta deterioro cognitivo. El problema es que si alguien se siente solo es probable que profundice en esta situación en lugar de volver a conectarse con los demás.
Y aquí aparece la diferencia entre contacto social, el que promueven las redes y los eventos, y la verdadera amistad, que involucra aspectos mucho más íntimos como la confianza, la empatía y la reciprocidad. Por eso, muchos psicólogos advierten que aunque tengamos una vida social activa es posible que, en el fondo, estemos solos.
¿Por qué aparece la soledad?
La psicóloga Andrea Febrero González destaca un fenómeno conocido como la paradoja de la conexión digital. “Cuanto más acceso se tiene a la comunicación virtual, más fácil puede resultar experimentar aislamiento emocional”, explica. Agrega que “la soledad no depende únicamente de la cantidad de contactos o interacciones, porque lo que realmente influye es la calidad del vínculo emocional”.
Las redes suelen favorecer interacciones rápidas y superficiales. Esto no es suficiente para calmar la soledad porque el cerebro puede interpretar que, en realidad, no existe un verdadero apoyo social. Entonces, ocurre un efecto bumerán y la persona se siente cada vez más aislada.
En su artículo, Febrero González destaca algunos efectos de las redes sociales:
- Comparación constante con los demás. Las personas muestran sus mejores momentos (viajes, logros, celebraciones) y esto genera una percepción distorsionada de la realidad.
- Interacción pasiva. Realizar scrolling, sin participar de la conversación, suele asociarse a una mayor sensación de aislamiento.
- Relaciones “parasociales”. Muchos siguen a influencers o celebridades con quienes sienten cierta simpatía. Pero son relaciones que van en una sola dirección, sin respuesta del otro.
- Exposición constante. Al poder presenciar la vida que nos muestran los demás, es posible sentir que todos están acompañados o que disfrutan de experiencias sociales, incluso cuando esto sea una exageración.
Los expertos coinciden en que la soledad que más duele no siempre es carecer de amistados. A veces, consiste en tener muchas personas alrededor y sentir que ninguno es de confianza. Para evitar esta experiencia, Febrero González recomienda:
- Priorizar las relaciones reales, porque las conversaciones cara a cara siguen siendo la forma de conexión social más completa.
- Utilizar las redes sociales de forma activa, participando de conversaciones reales o compartiendo experiencias auténticas.
- Limitar el tiempo de exposición en las redes.
- Realizar actividades presenciales, como practicar un deporte, tomar un curso o participar en organizaciones comunitarias.