Los caciques levantan bandera blanca

Luis Caputo agitó el trapo blanco de la paz con Mauricio Macri para precipitar algún frente unido en la centroderecha. Cristina de Kirchner hizo lo mismo hacia dentro del peronismo. El ministro ejerce un cacicazgo por sobre el resto del gabinete que le permitió esa capitulación en nombre del gobierno.

Fue mediante una ola de presiones de empresarios y amigos comunes sobre el jefe del PRO para que se reconciliara con la administración Milei. El argumento fue que las turbulencias de la economía no se explican por las condiciones del mercado y han desatado una crisis de expectativas.

La lentitud de las inversiones, la falta de actividad en importantes segmentos de la economía, la caída del consumo, los despidos, los movimientos hacia el dólar o el riesgo país, no se explicarían por la marcha de la agenda económica. Según el diagnóstico oficial, se deben a la incertidumbre política del año electoral.

La sustentabilidad del programa necesita de manera imprescindible certidumbre, y la política que despliega el gobierno solo alimenta el fantasma de una derrota electoral. El maximalismo de la gestión oficial no tiene en cuenta que el mundo es redondo; supone que el éxito depende de la ilusión de que no cambie el signo del gobierno.

Para eso tiene que blindar el apoyo de los sectores que le dieron el voto en 2023 y en 2025. Eso significa reconciliarse con Macri y el PRO de manera de asegurar la competitividad de la coalición de gobierno en las presidenciales del año que viene.

“Arreglen la política, esto no es por el mercado”

El mensaje de Toto fue intimidante: arreglen la política, que esto no es por el mercado, es por la política. Es una pesadilla que los actores del gobierno ya vivieron en 2019, en las postrimerías del macrismo. El portador del mensaje fue Diego Santilli hace más de un mes. Interesó a Mauricio en esa inquietud.

Macri la comparte porque es escéptico en cuanto al éxito: cree que la calidad de la gestión política perjudica la gestión económica. Escuchó los argumentos del Jefe de Gabinete y pidió tiempo para responder.

Dio el sí esta semana, lo que motivó el llamado de Karina Milei para hablar, en un diálogo que Mauricio calificó de sincero, sobre las posibilidades de un acuerdo. En las charlas de superficie Macri modera su escepticismo. Responde que cualquier acercamiento tiene que reconocer, por parte del gobierno, que el PRO y La Libertad Avanza son socios.

El riesgo de ser arrastrados por Milei

El diagnóstico del equipo de Macri es que la sucesión de errores de gestión se debe a la falta de liderazgo y conducción de la fuerza. También observa que el gobierno no recupera fuerza ni adhesiones ante cada caída de prestigio. Cada protagonista actúa por su cuenta y nadie rinde cuentas de lo que pasó.

Ocurrió con la última sesión del Senado. Patricia Bullrich condujo al oficialismo hacia una derrota política. Al cerrar el debate, en lugar de distraer la atención, insistió con quejas a los capítulos del proyecto que la oposición acababa de voltearle. Lo mejor hubiera sido que hablase poco.

Ese discurso pareció gozar la derrota, vaya a saber con qué propósito. Este tobogán le preocupa al PRO como socio de La Libertad Avanza en el Congreso y en algunos distritos.

En el pliego de dudas de Macri está la incertidumbre sobre si conviene pegarse tanto al gobierno de manera de salvarlo, pero también tomar prevenciones ante el riesgo de que un fracaso del gobierno arrastre al PRO. Una tercera conjetura que los atormenta es qué pensará el electorado del PRO si Milei pierde por falta de apoyo de Macri y precipita un triunfo del peronismo.

El que se divide, pierde

El objetivo del gobierno es blindar la capacidad de representación de la marca LLA-PRO del electorado del 41-42% de votos que ha tenido desde 2015 la coalición de Juntos por el Cambio: ese porcentaje se mantuvo en las siguientes elecciones y es lo que la marca obtuvo el año pasado en las legislativas.

Los sondeos que manejan oficialismo y oposición señalan una migración de sectores del voto PRO hacia otras opciones que se alejan de Milei, contrarias por la forma y modo de conducirse del oficialismo.

A esto hay que agregar la campaña de Macri durante el último año para instalar al PRO como alternativa de gobierno en 2027. Parte de esa campaña es el lanzamiento de la candidatura del exministro Hernán Lacunza. Si estos alejamientos prosperan, el temor del gobierno es que el electorado se desdoble entre sus candidatos y los del nuevo PRO, y que favorezcan un triunfo de la oposición.

En una ley no escrita, la Argentina del bicoalicionismo imperfecto obliga a que los dos polos, de no peronismo y peronismo, mantengan la unidad. El que se divide, pierde.

Cristina avaló cumbre de gobernadores

El peronismo, reanimado por el triunfo en el Senado, también levantó bandera blanca hacia las tribus disidentes para ensayar algún gesto de unidad, al menos formal. Así como Toto Caputo disparó el mensaje que reunió a los Menem y Santilli con Ritondo y Fernando de Andreis, en el peronismo fue Cristina Kirchner quien disparó esa cita.

La avaló expresamente el lunes en el encuentro que mantuvo en San José 1111 con José Mayans. “Siempre he sido pragmática”, le dijo. “El que mida más debe ser el candidato”, agregó. Esa señal habilitó que en ese encuentro del martes a la noche en el hotel Emperador participasen Axel Kicillof y Máximo Kirchner. Alguien preguntó por qué en la lista de invitados no estaba Juan Manuel Olmos, armador del peronismo porteño. “La próxima lo llamamos”, dijo uno de los convocantes. ¿Y Uñac?, pregunto otro. “Si quiere ser candidato, que siga”, desmarcó otro.

El debate entre los gobernadores avanzó sobre los frentes de batalla. El principal: frenar la derogación o suspensión de las PASO. Manejan la noticia de que Javier Milei pide exclusividad para su candidatura en el arco del oficialismo y que por eso no está dispuesto a habilitar unas PASO que van a ser una primera vuelta electoral que lo puede desdibujar como le ocurrió a Macri en 2019.

La presencia esa noche en el hotel de Gildo Insfrán fue importante porque tiene cierto predicamento ante los gobernadores del peronismo del Norte, que hoy son aliados del gobierno en la mayoría de las iniciativas.

El hecho de que un quinteto de ellos rechazase los capítulos de Tierras y de Fuego en la última sesión del Senado les pareció algo alentador. Es una fractura en las relaciones de ese grupo y el gobierno, y hay que aprovecharla.

El encargado de la misión de convencerlos de que no voten contra las PASO es Gildo, que durante la semana recorrió el espinel en su papel de hombre fuerte del partido y titular del Congreso Justicialista. Ese mismo martes había visitado a Miguel Pichetto en el estudio de un diputado.

Hablaron de su inquietud sobre las PASO y la debilidad del gobierno. Pichetto un día antes había cenado en el estudio de Guillermo Michel con Sergio Massa. En esa charla repasaron la manera de respaldar a Cristina Kirchner sin que eso dañe la posibilidad de unidad del peronismo.

Llegaron a hablar de que los gobernadores agoten su apoyo con una declaración de adhesión a la tarea de los abogados de Cristina, que han iniciado una gestión ante la ONU contra la inhabilitación.

Para un segundo round imaginan la presentación de un proyecto de ley sobre inhabilitaciones que reduzca los rigores y se convierta en la ley más benigna, para que Cristina supere las inhibiciones.

En esa charla Massa no habló de candidatura. En la mesa grande del martes, hizo un alarde de tener equipos para un armado colectivo. “Pongo mis equipos a disposición de todos”.

Sin votos aún para voltear las PASO

El tortazo en el Senado al tratar la ley de Inviolabilidad de la Propiedad agitó en el rostro del gobierno el demonio de nuevas derrotas. Estuvieron al borde de un resultado peor. Si retiraban el proyecto porque había quedado descuartizado frente al original, el debate podría haberse derivado al tratamiento del dictamen de minoría firmado por Jorge Capitanich y otros ocho senadores del peronismo.

Hubiera sido un cataclismo que hubiera dado vuelta toda la iniciativa. No era el único: Convicción Federal tenía un segundo dictamen de minoría con tres firmas más de peronistas disidentes.

El recuento de votos que volteó, en pleno recinto, el capítulo de Fuego alcanzó 36 a 35. En una simulación que hace el gobierno, y también la oposición, esos 36 no tienen en cuenta que la peronista Anabel Fernández Sagasti estaba ausente, con lo cual estarían ya en los 37, los necesarios para rechazar la reforma política.

Algunos optimistas creen que a esos 37 votos podrían sumarse otros dos, llegando a los 39. Con esto bastaría para que el proyecto oficial de reforma política con derogación o suspensión de las PASO esté condenado a perder.

Por esa razón, el encuentro con el PRO es central. Hasta ahora, el partido de Macri ha defendido la vigencia de las PASO. Pero habiendo un acuerdo político, es esperable que esa pasión anti-PASO de Macri o Cristian Ritondo pueda ser doblegada.

Radicales en deliberación

Este panorama explica que Diego Santilli no lograse el miércoles que un grupo de gobernadores le diera respaldo al proyecto de derogación de las PASO. Ese día, en Misiones, el ministro reunió a varios gobernadores radicales y del peronismo para un almuerzo.

Estaban allí para el aperitivo de la reunión del Norte Grande, pero el encuentro estuvo dedicado, en parte, a discutir sobre la reforma, y si PASO sí o PASO no.

Estaban el segundo de Santilli y encargado de la reforma política, Gustavo Coria, y los gobernadores Hugo Passalacqua, Carlos Sadir, Juan Pablo Valdés, Elías Suárez (Santiago del Estero), Raúl Jalil y Leandro Zdero, entre otros. Cada cual manifestó su opinión, todas contrarias entre sí. Si Santilli esperaba un resultado contra las PASO, no lo obtuvo.

Los radicales, que eran mayoría en esa mesa, esperan a una reunión de los cinco gobernadores del partido para unificar una posición en torno al tema. Algunos dirigentes, como Suárez, dijeron apoyar la suspensión de las PASO, pero advirtió que el gobierno lo debió hacer antes y que ya es tarde para plantearlo con éxito.

Otros aliados del gobierno directamente rechazan la idea de suspensión o abolición. Hace un par de semanas, en una reunión de senadores nacionales con Axel Kicillof en el Banco Provincia, una senadora que representa a Osvaldo Jaldo tomó la palabra para decir que su gobernador quería que todos supieran que él no apoya la caída de las PASO.

En esa mesa misionera estaba el exsecretario del CFI, Ignacio Lamothe, lunga manu de Wado de Pedro y que, por el carácter casi cardenalicio del Consejo Federal de Inversiones, debe acatar el secreto de confesión sobre todo lo que escucha de unos y otros en esas reuniones.

Massa ganó una apuesta

La cita en el Hotel Emperador estaba prevista como una merienda con tertulia. Pero se alargó hasta la medianoche, animada por una modesta picada y un cruce de discusiones acerca de cómo prever algún mecanismo de interna partidaria que complete o defina el arbitraje de nombres. Es la manera de adelantar un cierre de la discusión sobre si Cristina puede o no ser candidata.

El mismo propósito persigue la demanda ante organismos internacionales, que puede resolverse antes de lo que se espera. Para el peronismo es mejor que esa pretensión del cristinismo de ponerla en la grilla de candidatos se agote lo antes posible.

Mientras haya dirigentes que hablen de forzar una candidatura contra la ley, con propósitos testimoniales y proselitistas, el debate sobre quiénes verdaderamente pueden ser candidatos se posterga.

La demora, en todo caso, le conviene a Axel Kicillof, a quien se le atribuye hacer cronoterapia para reducir el número de sus competidores al ticket presidencial.

En esa larga vigilia del martes entre gobernadores y jefes de bloque hubo oportunidad para la chanza, como el destino de los «Chachos» — la cuasimoneda emitida por el riojano Ricardo Quintela— o los alardes de Massa para atribuirse haber volteado el capítulo de Fuego con sus presiones sobre legisladores y gobernadores.

Entre quienes hicieron esa faena estuvieron Jorge Capitanich y Juliana di Tullio, pero le reconocen a Sergio que logró el voto 36 en contra de Fuego: el de la misionera Sonia Rojas. Massa festejó que había ganado una apuesta con una senadora que lo desafió cuando él prometió esa contribución. La senadora cumplió con la prenda, y la pagó con un mensaje en clave que recorrió el éter.

fuente: CLARIN

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