Los Beltramino se quemaron con leche, pero ahora ven a las vacas y ríen

En la actualidad, los Beltramino ordeñan 1200 vacas habiendo partido de un rodeo original de 60, gracias a su espíritu emprendedor, gran esfuerzo personal y a la incorporación de tecnología de última generación, lo que les permitió alcanzar una producción diaria de 40 litros por vaca en un sistema de dry lot.

La historia de la empresa comienza varias décadas atrás, cuando Idelmo Beltramino —un apasionado por las vacas- heredó 100 hectáreas y luego compró 250 más en la zona de Etruria, en el sudeste cordobés, a 60 kilómetros de Villa María. Durante muchos años desarrolló un modelo de tambo con 60 vacas en ordeño más invernada de los terneros Holando. Luego la empresa fue continuada por su hijo Luis y, más recientemente, por su nieto, Matías Beltramino.

Matías (45) es contador público nacional, padre de tres hijos. Durante el último año de la carrera, trabajó en la compañía de telecomunicaciones CTI. Se recibió en 2005, momento que coincidió con que su abuelo ya había alcanzado una edad avanzada. Idelmo había sido siempre un productor de punta, muy eficiente, ordenado y con fuerte adopción tecnológica en un tambo pastoril que alcanzaba 28-30 litros por vaca y por día gracias a buena genética y excelente manejo del pasto. Trabajaba con dos empleados asistido por el padre de Matías en su rol de veterinario. Pero en un momento decidió dar un paso al costado.

Llegaron a tener solo 60 vacas como reserva y hoy ordeñan 1200.Llegaron a tener solo 60 vacas como reserva y hoy ordeñan 1200.

Matías había imaginado ejercer su profesión empleado en alguna empresa grande. Sin embargo, surgió la oportunidad de incorporarse al campo familiar, ya que su abuelo se retiraba y su padre —que nunca había administrado la empresa, sino que se había dedicado exclusivamente a la profesión veterinaria y se ocupaba solo de los aspectos reproductivos y sanitarios del rodeo— necesitaba apoyo. Así, Matías dejó de lado la idea de emplearse externamente y comenzó a colaborar en el campo realizando personalmente tareas de pulverización, siembra y atención de la hacienda.

Golpe de timón errado

“En aquellos años se vivía el boom de la soja. Muchos productores vecinos obtenían excelentes resultados agrícolas sin el sacrificio diario del tambo”, recuerda Matías. Influido por ese contexto, planteó a su abuelo la posibilidad de volcarse a la producción de granos. Sin embargo, Idelmo —ya con 80 años— se oponía, al argumentar que la agricultura era más riesgosa que la actividad pecuaria.

A pesar de ello, finalmente la familia decidió incorporar la agricultura. Vendieron novillos y destinaron el importe a implantar 120 hectáreas de cultivos agrícolas. Paralelamente, el tambo seguía en funcionamiento, aunque tanto Matías como sus hermanos no tenían afinidad por esa actividad. Es más: la odiaban. Se mantenía principalmente porque el padre estaba muy comprometido con esa actividad y no deseaba abandonarla. Por eso, la producción creció y hacia 2010 se ordeñaban 180 vacas utilizando una máquina de seis bajadas. No obstante, los precios de la leche eran muy bajos y los ingresos no alcanzaban para cubrir las necesidades de toda la familia Beltramino.

Frente a este escenario complejo, debieron decidir entre ampliar el tambo o cerrarlo. El ánimo familiar estaba muy deteriorado y optaron por la segunda alternativa. Vendieron el rodeo lechero a buen precio y conservaron solo 60 vaquillonas preñadas. Sin embargo, con un planteo volcado a la agricultura, pronto quedó claro que la superficie de 350 hectáreas no alcanzaba para sostener económicamente a todos los integrantes de la familia Beltramino. Por otro lado, alquilar campos no era sencillo: los agricultores vecinos estaban capitalizados y se requería financiamiento externo para el pago de labores, semillas y agroquímicos, algo a lo que el abuelo se resistía a tomar por su rechazo al endeudamiento.

El bienestar de las vacas es clave para pasar de 26 a 40 litros diarios de leche.El bienestar de las vacas es clave para pasar de 26 a 40 litros diarios de leche.

En síntesis, la familia Beltramino comprendió que la agricultura, por sí sola, no generaría ingresos suficientes. Entonces, decidieron diversificar y armaron un feedlot para engordar 600 novillos. Pero rápidamente advirtieron que los márgenes eran muy ajustados y que esa tampoco sería la salida económica esperada. La situación generó más desánimo y comenzaron a aparecer arrepentimientos por haber cerrado el tambo.

“Entonces fui a hablar con mi padre, le comenté mi preocupación y le propuse reabrir el tambo”, rememora Matías. El padre respondió: “Ningún problema; rápidamente lo vuelvo a armar”. Así fue que, a los pocos meses, estaban ordeñando las 60 vaquillonas que se habían conservado y que comenzaban a parir.

Al principio, la producción era insignificante: dos o tres vaquillonas producían 60 litros por día y, además, el precio de la leche seguía bajo. Para aumentar la escala, el padre de Matías salió a buscar vacas similares a las propias visitando tambos vecinos. Vendieron novillos para comprarlas aprovechando que estaban a un precio accesible debido justamente al bajo valor de la leche. Luego continuaron incorporando vacas en ordeño y aprovecharon una mejora posterior en el precio de la leche para dejar de comprar animales a terceros y comenzar a incorporar hembras del rodeo propio. Así, en un año llegaron a ordeñar 300 vacas, en un contexto económico más favorable.

Surgen oportunidades

En un determinado momento surgió la oportunidad de agregar a la empresa un campo cercano sobre asfalto. Se decidió tomar un crédito del Banco Nación, que permitió instalar allí un sistema de ordeño de 16 bajadas, para trabajar con mayor holgura y adaptarse a la nueva composición del rodeo.

Los Beltramino continuaron creciendo, pero todavía los ingresos seguían sin alcanzar para toda la familia, por lo que era imprescindible seguir expandiéndose. Llegaron a ordeñar 550 vacas, con una producción promedio de 40 litros por día por vaca como promedio anual, en un sistema de dry lot. Los corrales son a cielo abierto y cuentan con un tamaño holgado para garantizar el confort de las vacas. A los costados, disponen de una cama de 30cm preparada con bosta seca, que es objeto de tres pasadas semanales de rastra de discos, con el fin de mantenerla floja y acolchonada, que es la que las vacas prefieren para descansar. La cama se renueva cada dos años y se distribuye como fertilizante biológico de los lotes. Asimismo, tres veces por semana se pasa la rastra de dientes en el resto del corral para deshacer las bostas y así evitar el desarrollo de moscas. En los corrales también se implementa control biológico de moscas mediante una empresa especializada que distribuye larvas que se alimentan de las larvas de las moscas impidiendo su desarrollo hasta el estado adulto.

Tres veces por semana también se mueven los comederos, construidos con caño petrolero, con interiormente de acero inoxidable, para evitar la formación de barro alrededor. También se utilizan sombras móviles, que se desplazan dos veces por semana. Los corrales cuentan con numerosos puntos de bebida, que se limpian cada quince días.

Antes del ordeño, en el corral de espera, hay un sistema de enfriamiento mediante lluvia forzada y ventiladores. Esta operación se repite cuatro veces al día durante el verano.

En los corrales, los animales consumen silo de maíz y de alfalfa, heno de alfalfa, harina de soja, minerales, vitaminas y grasas, entre otros ingredientes.

En materia genética, continuaron con el proceso de mejoramiento iniciado hacía muchos años. Todo el rodeo recibe inseminación artificial con semen norteamericano de Select Debernardi. La reposición de hembras se realiza mediante el uso de semen sexado, lo que permite disponer de un gran número de animales para seleccionar. Los criterios de elección incluyen facilidad de parto, longevidad y contenido de sólidos en la leche. La recría también se lleva a cabo en corrales y las vaquillonas reciben su primer servicio entre los 14 y 15 meses de edad.

Las vacas en ordeñe descansan en un drylot.Las vacas en ordeñe descansan en un drylot.

A pesar de estas medidas, el proceso de crecimiento no había terminado. “Hace tres años surgió la oportunidad de agregar otro tambo, cercano a La Laguna, un pueblo vecino a Etruria. Los Beltramino adquirieron el tambo de un productor que había crecido significativamente y ordeñaba 300 vacas en campo alquilado, pero cuya alta participación personal y falta de delegación lo llevó a no poder atender todas las obligaciones, motivo por el cual decidió abandonar el planteo. Los Beltramino aprovecharon la oportunidad e incorporaron este nuevo campo a 15 km del establecimiento original, también sobre ruta, con un nuevo contrato de alquiler de la tierra con la propietaria.

“Ese campo producía 29 litros por vaca con 280 vacas en ordeño hace dos años. Al replicar el modelo del tambo original alcanzamos los 40 litros por vaca con tres ordeñes diarios. Este crecimiento fue acompañado por un trabajo minucioso en la formación de un equipo de trabajo sólido, estable y comprometido con la empresa”, rememora Matías. “La clave del buen funcionamiento de un equipo es contar con gente motivada y contenta”, destaca.

Hace un año y medio, otro vecino de la zona tenía un tambo de 150 vacas que cayó en producción tras el retiro del titular. Se trata de 350 hectáreas de primera calidad sobre la ruta. Ese campo fue adquirido por los Beltramino mediante financiamiento y se le aplicó el modelo de trabajo desarrollado en Etruria.

El resultado de todo este proceso es que hoy ordeñan 1200 vacas, con una producción promedio de 40 litros diarios por vientre en tres ordeños trabajando 1700 hectáreas entre campos propios y alquilados.

Agregado de valor

Hace unos años, los Beltramino decidieron diversificar la empresa incorporando valor agregado a través de la comercialización de quesos. En una primera etapa entregaban leche y elaboraban quesos a fasón en una fábrica, que comenzaron a vender entre personas conocidas. Luego abrieron un pequeño local en Etruria, al que siguió un negocio más grande y una sucursal en el pueblo cercano, La Laguna. Además, organizaron un sistema de distribución en la zona cubriendo un radio de 150 km desde Etruria, donde también comercializan productos Manfrey, pastas Don Yeyo y fiambres La Piamontesa.

Posteriormente, el modelo de elaboración a fasón fue reemplazado por la compra directa de quesos en una fábrica, a los que se rotula con la marca propia y se distribuye mediante el sistema comercial desarrollado.

El negocio se encuentra en pleno crecimiento y los Beltramino continúan incorporando tecnología y tiempo personal para ser cada vez más eficientes en esta nueva etapa de agregado de valor.

fuente: CLARIN

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