
Entre paisajes medievales, jet lag y un doloroso callo, el viaje se convirtió en un diario visual cargado de humor y espontaneidad.
Jimena Barón eligió mostrar su escapada europea con un relato digital espontáneo y cercano. Desde las primeras horas en Frankfurt, compartió videos y fotos de la plaza Römerberg, con arquitectura gótica y casas tradicionales, y del icónico Puente de Hierro, adornado con miles de candados de amor. Cada postal estuvo acompañada de comentarios que reflejaron tanto el asombro como la complicidad familiar.
El viaje también incluyó desafíos: el jet lag y la prolongada claridad vespertina en Europa fueron parte de la adaptación, mientras que un callo doloroso en el pie, producto del uso de tacos altos en grabaciones previas, condicionó su movilidad. “No saben lo que duele esto”, escribió en redes, mostrando la lesión y aceptando con humor que sus looks de viaje quedaron “arruinados por un par de chancletas”.
La artista compartió además momentos íntimos: desayunos típicos alemanes, la energía de su hijo Arturo durante el vuelo y la rutina de entrenamiento de Matías Palleiro en un gimnasio de Frankfurt. La llegada a Heidelberg sumó nuevas postales y curiosidades, como la referencia a las autopistas alemanas sin límite de velocidad.
Con humor y naturalidad, Barón convirtió su viaje en un diario visual que alterna la cotidianidad familiar con el descubrimiento turístico, mostrando que incluso las dificultades pueden transformarse en parte de la experiencia compartida con sus seguidores.




