
“Aunque no acordamos con todo lo que dicen, nadie nunca nos había mirado. Existimos”, escriben Melina Vázquez y Carolina Spataro en la introducción de Sin padre, sin marido y sin Estado, el libro que coescribieron y publicaron recientemente por Siglo XXI. El subtítulo enuncia su objeto de estudio: feministas de las nuevas derechas.
Las investigadoras Melina Vázquez y Carolina Spataro, autoras del libro Sin padre marido estado. Foto: Luciano Thieberger. Docentes e investigadoras formadas en la Universidad de Buenos Aires, trabajaron juntas por primera vez y le cuentan en esta entrevista a Clarín que llegaron desde distintos ángulos a este tema que las terminó sorprendiendo. Hoy siguen investigando juntas: comenzaron un trabajo de campo con agrupaciones estudiantiles liberal-libertarias en las universidades públicas nacionales.
En este libro, atravesaron su propia incomodidad y vencieron sus propios prejuicios para sumergirse en un mundo más amplio de lo que a priori pensaban. “¿Se puede considerar feminista una agenda que reivindica el mérito personal, celebra el mercado y el desguace de programas y políticas estatales especialmente sensibles para las mujeres?”, se preguntan y aquí profundizan acerca de este llamativo grupo de mujeres, de diferentes edades y formaciones, cuyas historias invitan a profundizar debates en torno al feminismo y sus derivas.
–En varias entrevistas contaron que al principio este tema las sorprendió ¿Cómo fue ese comienzo de su investigación?
–Melina Vázquez: Hay algo que aprendemos al comienzo, el ABC de las ciencias sociales, que es discutir los preconceptos y los prejuicios. Si una investigación no sorprende, a mí me hace pensar que hay algo que está mal pensado en esa investigación y muchas veces los conceptos con los que nos manejamos en las contiendas políticas, en nuestra vida cotidiana, siguen un curso que la propia investigación invita a repensar. Estudiando jóvenes me encontré con las derechas y estudiando derechas me encontré con el feminismo liberal. El camino nunca hubiera estado predefinido en un guión de un proyecto de investigación. Sin embargo, creemos que el valor de la investigación justamente es ese.
–Un aspecto llamativo es el lugar que estas mujeres le dan a los libros. Ustedes destacan esto, le dedican un capítulo, a desmenuzar estas lecturas y el lugar que ocupan en su formación
–Carolina Spataro: Retomando lo anterior, nos dejamos guiar por lo que aparecía en el trabajo de campo. En nuestra lista nos anotamos para preguntarles qué leían. Nos dábamos cuenta que todas, sobre todo la generación intermedia y las más jóvenes, querían hablar de sus bibliotecas y referentes. Algunos nombres importantes para ellas eran Gloria Álvarez, María Blanco o Antonella Marty. En sus cuentas de Instagram recomendaban lecturas, mostraban sus bibliotecas y las mujeres con las que nosotras trabajamos también. Eso fue tomando densidad en el trabajo de campo a tal punto que se convirtió en uno de los capítulos del libro. Es central para adquirir conceptos, para entender cómo nombrar problemas sociales de otro modo, adquirir cierta espalda para el debate político. En el libro Afrodita desenmascarada, de María Blanco, aparecen los elementos centrales del feminismo liberal con el que ellas se sienten más cómodas.
–Otro aspecto que resaltan tiene que ver con la incomodidad que gira en torno a estas mujeres. Primero en cuanto al feminismo en general y luego dentro de los propios espacios liberales. ¿Cómo pensaron esto?
–Melina Vázquez: Ellas proponen un hilo común en torno a la incomodidad que nosotras, si sacamos el espectro ideológico, es totalmente equiparable a otros relatos de otras mujeres en otros espacios políticos llenos de varones. A la idea de cuándo se lleva adelante la rosca, los momentos en que se toman decisiones tomando whisky o en partidos de fútbol de los cuales las mujeres no forman parte. Por eso esa idea que algunas proponen de hacer la rosca femenina. ¿Cómo hacemos las mujeres para tener nuestra propia rosca y espacio en la política? Y también la incomodidad de las mujeres con respecto a lo que ellas dicen es la deriva conservadora del liberalismo. Y la incomodidad nuestra. Había que tramitar la incomodidad de presentarnos como mujeres del Conicet, de la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA. Todas figuras que para ellas evocan al feminismo de las zurdas. ¿Cómo tramitar esa relación con un objeto que es incómodo en el sentido de acercarse, conocerse? Eso igual fue más un prejuicio nuestro que un problema.
–En esta realidad que retratan uno puede encontrarse con contradicciones ya sea en torno al feminismo o al liberalismo. ¿Cómo las pensaron? ¿Les parece que pueden hacer más o menos feministas estos movimientos?
–Carolina Spataro: Me parece más un problema del punto de vista, no de estas mujeres. Es un problema de imaginar que solo hay un feminismo posible. No buscamos encontrar una contradicción porque nos parece que esa idea tiene un problema en el punto de partida que es que hay cierta coherencia en las acciones, la militancia, los sujetos, las reivindicaciones. Desde ese punto, todo es incoherente. Nada sigue linealmente los pasos que creemos a priori. Los debates que atraviesan al liberalismo atraviesan otros espacios políticos. Ellas sí lo que hacen es anudar su sensibilidad liberal con su sensibilidad feminista, las generaciones más jóvenes. Porque dicen, “El feminismo nació liberal y la izquierda nos robó las banderas.” Que el feminismo nació liberal es una afirmación que nadie cuestionaría. La lucha por los derechos civiles. Estas mujeres reivindican mucho a las sufragistas. Incluso a las argentinas y también dicen, “¿Por qué la cocarda del voto femenino la tiene solo Eva Perón si había un movimiento sufragista preexistente?”. Esa reivindicación que hacen no es para hablar de un feminismo del pasado sino para tener un piso firme para disputar sobre ese significante en el presente.
–¿Cuál sería este riesgo?
–Melina Vázquez: Los errores del gobierno, el descrédito en el que puede caer, los casos de corrupción, pueden generar suspicacias, falta de convicción y creencias respecto del gobierno de Milei. Sin embargo, ellas dicen, “Nosotras somos liberales, no mileistas”. Tiene que ver con el Mileismo pero, de alguna manera, es más amplio y desborda inclusive el caso argentino.
–Una forma de vivir el feminismo para estas mujeres parece muy ligada con cierta autonomía o empoderamiento inclusive laboral, profesional. Algo ligado también al feminismo progresista pero con ciertos matices. Aquí tal vez más ligado a un discurso emprendedor. ¿Cómo lo analizan?
–Carolina Spataro: El feminismo les dio una pregunta: ¿Dónde están las mujeres en espacios de poder, liderando empresas unicornios, en las materias que estoy estudiando en la universidad? Muchas veces no están. ¿Cómo se llama aquello que me sucede en la calle cuando un tipo se me acerca y me dice algo que yo no quiero? Bueno, se llama acoso sexual. El feminismo en su masificación proveyó de conceptos que sirven para explicar la realidad desigual. También el juntarse con otras, si bien se distancian del colectivismo, para pensar estrategias.
–En el libro cuentan como muchas mujeres aprenden defensa personal o practican tiro y esto lo ligan con su empoderamiento feminista. ¿Cómo pensaron esto?
–Melina Vázquez: Vemos en las más jóvenes una gestualidad en la celebración de las armas, en decir, “Nosotras también nos empoderamos a través de las armas. No me empodera el Estado, me empoderan mis amigas las armas.”, dice una de nuestras entrevistadas que es mexicana y escribió un libro sobre feminismo liberal. Hay como una gestualidad picante. Hay hay una muy contracultural de decir, “Ustedes odian al capitalismo, nosotras lo amamos, ustedes creen que el Estado nos va a salvar, nosotras nos salvamos solas.”, pero ahí conviven dos cosas y esa es un poco la tercera pata del título de nuestro libro. Sin padre, sin marido. Hay una idea de independencia, autonomía. La relación con el estado es tanto un diagnóstico como un pronóstico o como una hoja de ruta. Nosotras no creemos en el Estado como un medio para otras cosas, pero también es verdad que ellas hacen un diagnóstico sobre un Estado. Cuando el Estado te dice, “Quédate en casa, el estado te cuida.” y ellas son jóvenes precarizadas que no ven la presencia de ese Estado, donde además ellas dicen, “No solo el Estado no te cuida, sino que además –parafraseando la canción de las chilenas Las Tesis, es un opresor y un macho violador”. El estado también ejerce violencia. La verdad es que ese diagnóstico es muy certero. No serían las únicas que lo dirían. Esta idea del diagnóstico sobre el Estado en relación a la seguridad de las mujeres construye un sentido común al que adherirían muchas mujeres más allá de estar dentro o fuera del feminismo liberal. Su solución es a través de la autonomía y la propia individualidad. “Defendete sola, hermana”.
Las investigadoras Melina Vázquez y Carolina Spataro, autoras del libro Sin padre marido estado. Foto: Luciano Thieberger. –¿Les parece que estas miradas liberales abren otras discusiones dentro del feminismo?
–Carolina Spataro: Algo interesante es que muchas de las discusiones que tienen ellas también están en otros espacios feministas. La discusión sobre el lugar del Estado, sobre la posición de la víctima para el reclamo de derechos, las leyes de cuota, el punitivismo. Ojalá sirva para abrir una conversación más amplia dentro de los estudios sobre derechas y sobre feminismos. Porque en estas mujeres hay huellas de otras conversaciones y otras tensiones.
Sin padre, sin marido y sin Estado, de Melina Vázquez y Carolina Spataro (Siglo XXI).
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