Las Indias Galantes

Hace más de tres siglos, en 1725, Luis XV, el rey de Francia, recibió a una delegación de jefes indígenas de los territorios que su corona mantenía en América del Norte. Al terminar la visita, le exhibieron una serie de danzas bajo la invocación de temas como “la paz, la guerra, la victoria”

Uno de los que espectadores se llamaba Jean-Phillipe Rameau, músico, pero aún no se le conocía como compositor. Tomaba notas de aquellas danzas que años después serían la inspiración para una de sus obras más famosas, “Las indias galantes”, síntesis de ópera y ballet. 

Con su despliegue visual, decorados revolucionarios y el papel de la danza, junto a las innovaciones musicales, Las Indias Galantes podría significar un lejano antecedente de los musicales de nuestros días. Pero se representa muy de tanto en tanto.

Rameau, con libreto de Luis Fuzelier, la estrenó el 23 de agosto de 1735 en la Real Academia de Música y Danza en París y su ideal fue “una historia de amor galante” ubicado en cuatro regiones, que generalizó como “Indias”. El primer acto transcurre en Turquía y el segundo –repleto de efectos escénicos- se traslada a los Andes peruanos. El tercero, más emotivo y sereno, se ubica en Persia. Y el cuarto, que denominó “Los salvajes” pero es una proclama definitiva del amor llega al territorio norteamericano.

El compositor

Rameau nació en 1683 en Dijon. Y aunque su padre era músico, prefería que su hijo se dedicara a la abogacía antes que al arte (pese a que era un virtuoso de los instrumentos desde chico, antes de saber leer o escribir). Lo destinaron a un colegio jesuita hasta que convenció a todos que lo suyo era la música, y viajó a Italia para perfeccionarse. Después inició su travesía como músico itinerante por los pueblos de Francia.

Rameau está considerado uno de los mayores teóricos de la música, en especial desde 1722 cuando publicó su “Tratado de la armonía” que, según los expertos, representa la base de la armonía tonal moderna. Y una curiosidad es que recién asomó como compositor cuando ya había cumplido 50 años. Desde entonces su ritmo fue intenso, sobre todo en óperas y  música para ballet, pero “Las indias galantes” (de 1735) y “Castor y Polloux” (dos años después) se consideran sus obras principales.

Protagonista de múltiples polémicas con la crema cultural de su época –Voltaire fue  uno de sus libretistas, Rousseau uno de sus críticos- el reconocimiento le llegó en 1745, cuando lo nombraron compositor oficial de la corte de Luis XV, la máxima distinción a la que podía aspirar un músico de su época.

Antes, como músico, maestro y teórico ya había ganado prestigio y a los 40 años se casó con una de sus alumnas, todavía adolescente, Marie-Louise.

Se conoce bastante poco de su vida personal, aunque algunos lo definían como un “avaro” en los gastos (que finalmente derivó en que le dejara una gran fortuna a sus cuatro hijos) y un “retraído e introspectivo, que dedicaba sus energías exclusivamente a componer y escribir tratados académicos”. Uno de sus amigos lo definió: “Su corazón y su alma estaban en el clavecín; una vez que cerraba la tapa, no había nadie en casa”.

Aquellos mismos expertos destacan el gran aporte de Rameau a la teoría musical pero, dentro de sus obras, “la exquisita riqueza armónica, las innovaciones orquestales” y, entre sus historias “la llegada de los temas mitológicos y exóticos”. Y también explican que la aparición de Rameau como compositor marcó un punto de quiebre en el barroco francés, desafiando a los tradicionalistas que se referenciaban en la música de otros dos virtuosos, Charpentier y Lully.

La onda contemporánea

Durante dos siglos, y hasta una reposición en 1952, prácticamente no hubo noticias de “Las indias galantes”. Y rara vez aparece en los escenarios operísticos contemporáneos. En la agitada temporada del 2002, el Teatro Colón ofreció una versión concierto que dirigió Gabriel Garrido y donde, junto a cantantes franceses, también se lucieron prestigiosos argentinos como Graciela Oddone y Carlos Ullán. Se anunciaba para un año después la obra completa con la puesta de Alfredo Arias –el gran artista y director argentino- pero no se concretó. Arias sí se había dado el gusto de desplegar su creatividad en “Las indias galantes” en el festival de Aix-en-Provence, una década antes.

También el Colón ofreció una versión con sus alumnos del Instituto Superior de Arte, en 2018. Y en los últimos años, la difusora obra es una bailarina y coreógrafa francesa llamada Binton Dembelé (sin vinculación con el destacado futbolista del PSG, ganador del último Balón de Oro). Binton, líder de la compañía Rualité, es una de las impulsoras del hip-hop en Francia y, por supuesto, introdujo ese ritmo en la obra de Rameau.

Para sus presentaciones, de buena recepción en la Opera de la Bastilla y luego en el Teatro Real de Madrid, afirmó: “quería prescindir de los estereotipos coloniales y centrarme en las intrigas amorosas del libreto”. Y agregó: “Seguí el rastro de los fantasmas interiores de los personajes hasta detectar los puntos de tensión entre dos épocas que, finalmente, se encuentran”.

fuente: CLARIN

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