
El 24 de julio de 2026, un grupo de principales empresas tecnológicas como Nvidia, Microsoft, Meta, IBM y otras, enviaron una carta abierta a las autoridades estadounidenses. Este documento, titulado “Pesos abiertos y liderazgo estadounidense en inteligencia artificial”, solicita que no se impongan limitaciones a los modelos de pesos abiertos, aquellos que cualquier usuario puede descargar y modificar.
El envío de esta carta se da en un contexto de tensión, después de que el director de la Oficina de Política Científica y Tecnológica de la Casa Blanca, Michael Kratsios, acusara a una compañía china de utilizar tecnología de Anthropic para desarrollar su propio modelo. Esta práctica se conoce como destilación, que implica entrenar un sistema basado en las respuestas de otro modelo más avanzado. En respuesta, el gobierno ha contemplado sanciones que podrían afectar a las empresas que operan en este ámbito.
En dicho documento, los ejecutivos de la industria argumentan que depender exclusivamente de modelos cerrados es también un riesgo de seguridad. Según ellos, tal concentración genera vulnerabilidades que pueden ser difíciles de detectar por parte de entidades externas. La carta aboga por un enfoque que preserve la diversidad en los modelos de IA como un camino hacia una mayor seguridad en el uso de esta tecnología.
Jensen Huang, CEO de Nvidia, fue uno de los promotores iniciales de esta iniciativa, subrayando que el mundo necesita tanto modelos cerrados como abiertos para garantizar un desarrollo seguro. A la carta se unieron posteriormente otras empresas como Cisco y GitHub, ampliando la nómina de firmantes a 35. El gigante Google, representado por Sundar Pichai, también expresó su respaldo, enfatizando que su empresa ya participa activamente en la publicación de modelos abiertos a través de su familia Gemma.
A pesar de la amplia adhesión, la única gran empresa estadounidense de inteligencia artificial que no firmó la carta fue Anthropic. Este hecho resulta notable, dado que esa misma compañía fue apuntada por el gobierno como víctima de procesos cuestionables de destilación.
La carta hace un llamado a facilitar el acceso a recursos computacionales para jóvenes startups y académicos e invertir en recursos de entrenamiento compartidos. Lo más interesante es que, a pesar de que durante dos años se justificaron las restricciones a los modelos potentes en función de la seguridad, este clima de colaboración desafía esa lógica y posiciona a los modelos abiertos como una vital alternativa frente a las preocupaciones de riesgo dominantes en la industria.
En el contexto de este intercambio, OpenAI se unió a la lista de firmas en pocas horas, lo que algunos interpretan como una estrategia comercial más que un cambio de postura. La compañía, que cobra por el uso de sus modelos cerrados, parece haber considerado que su ausencia podría acarrear mayores complicaciones que su firma, por lo que decidieron integrarse a la iniciativa.
En resumen, esta carta y sus firmantes representan no solo una defensa de los modelos abiertos de inteligencia artificial, sino también un intento por influir en la política pública sobre cómo se regula esta tecnología de rápida evolución. La industria se alza en un momento donde el control y la regulación son más necesarios que nunca.
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