
Durante la campaña 2025/26 comenzaron a multiplicarse los reportes de daño por gusano cogollero en híbridos comerciales con tecnología Vip3Aa20. La REM de Aapresid relevó 120 situaciones a campo para entender la magnitud del fenómeno y aportar pistas sobre qué puede estar detrás de esta campaña diferente.
El gusano cogollero volvió a poner a los maíces Vip bajo la lupa. Durante la campaña 2025/26, productores y asesores comenzaron a reportar con mayor frecuencia la presencia de daño foliar y supervivencia de larvas de Spodoptera frugiperda en híbridos comerciales con tecnología Vip3Aa20.
La situación llamó especialmente la atención porque no era lo que habitualmente se esperaba encontrar en materiales que cuentan con uno de los eventos Bt considerados más efectivos para el manejo de esta plaga.
La pregunta comenzó a instalarse en los lotes: ¿qué estaba ocurriendo con la tecnología?
Para buscar una respuesta y poner los reportes en contexto, la Red de Manejo de Plagas (REM) de Aapresid llevó adelante un relevamiento en lotes comerciales de maíz tardío de distintas regiones productivas. El trabajo reunió 120 monitoreos realizados en 22 sitios del NOA, NEA y Centro Norte argentino, entre los estadios V3 y V8.
En total, se analizaron 26 híbridos comerciales correspondientes a tecnologías Viptera 3, Trecepta, PWUE, VT PRO4 y materiales no Bt. En cada lote se evaluaron al menos 100 plantas, registrando tanto la incidencia como la severidad del daño foliar mediante la escala de Davis.
Los resultados permiten dimensionar una situación que, hasta ahora, se había observado principalmente a partir de reportes aislados. Y, al mismo tiempo, dejan planteado un escenario que requerirá seguir de cerca en las próximas campañas.
Una diferencia que aparece al comparar tecnologías
A nivel nacional, el 30,9% de las plantas evaluadas en híbridos con Vip3Aa20 presentó algún nivel de daño. En los materiales sin protección Bt, la incidencia alcanzó el 70,9%.
El contraste se mantuvo al observar las distintas regiones. En los materiales no Bt, la incidencia promedio fue del 65% en el NOA, 64,5% en el Centro Norte y 73,7% en el NEA.
En los híbridos con Vip3Aa20, en cambio, los registros fueron de 9%, 22,7% y 36,5%, respectivamente.
Las diferencias regionales fueron significativas, aunque desde la REM señalan que los resultados correspondientes al NOA deben interpretarse con cautela debido a la escasa representación de esa región en el relevamiento.
Los datos muestran además una elevada variabilidad entre híbridos y situaciones productivas. El ambiente, el momento en que se produjo el ataque y la presión de la plaga aparecen como factores capaces de modificar fuertemente la magnitud del daño observado.
Es allí donde comienza a aparecer una de las claves del análisis: encontrar daño no necesariamente significa que la tecnología haya dejado de funcionar.
La otra cara del problema
El relevamiento no se limitó a determinar cuántas plantas habían sido afectadas. También analizó qué tan intenso había sido el daño.
Y allí volvió a aparecer una diferencia entre los materiales.
Aproximadamente siete de cada diez plantas con tecnología Vip3Aa20 no presentaron daño, mientras que la proporción de plantas ubicadas en las categorías de mayor severidad fue reducida.
En los materiales sin protección Bt, en cambio, no solo aumentó la cantidad de plantas dañadas, sino también la presencia de daños de mayor intensidad.
La información sugiere, de este modo, que la tecnología continúa teniendo un efecto sobre la plaga incluso cuando se registra daño: no solo reduce la cantidad de plantas afectadas, sino que también limita la severidad del ataque.
Pero el relevamiento dejó otra pregunta sobre la mesa.
¿Cuántos lotes llegaron al punto de intervención?
Para analizar el impacto de los daños desde el punto de vista del manejo, la REM evaluó también cuántos casos superaron el criterio del 10% de plantas con un nivel de daño igual o superior al grado 3, utilizado como referencia para decidir una intervención. El resultado volvió a mostrar una brecha importante. Mientras que el 94% de las evaluaciones realizadas sobre materiales no Bt superó ese umbral, en los híbridos con Vip3Aa20 la proporción fue del 55%.
El dato aporta una señal relevante para la toma de decisiones: incluso cuando se utiliza una tecnología Bt, el monitoreo sigue siendo necesario. La presencia de un híbrido protegido no significa que todos los lotes respondan de la misma manera ni que una aplicación de insecticida deba descartarse automáticamente.
Una alerta que todavía busca respuestas
Los niveles de daño observados durante la campaña 2025/26 representan un cambio respecto de lo esperado para la tecnología Vip3Aa20 y resultan compatibles con una posible reducción de susceptibilidad de algunas poblaciones de gusano cogollero.
Sin embargo, los resultados del relevamiento no permiten hablar de una pérdida generalizada de eficacia.
Incluso bajo situaciones de elevada presión de la plaga, los híbridos con Vip3Aa20 mostraron una protección importante frente a los materiales sin protección Bt. La diferencia entre regiones y situaciones productivas, a su vez, refuerza la necesidad de analizar cada escenario en función de la presión de S. frugiperda y no solamente a partir de la presencia o ausencia de daño.
Por eso, más que cerrar el debate, los 120 monitoreos realizados por la REM abren una nueva etapa de seguimiento.
El trabajo aporta una primera línea de base sistemática para Argentina sobre la incidencia y severidad del daño en híbridos comerciales con Vip3Aa20 y permite dimensionar con datos los reportes que generaron preocupación durante la campaña.
La señal está. Ahora, el desafío será determinar cómo evoluciona.




