La salud mental, una deuda que crece en silencio: crisis, insomnio y el riesgo de la …

El malestar emocional no desapareció con la pandemia. Cambió de forma, bajó en algunos indicadores, pero sigue ahí: se mete en las noches sin sueño, en la angustia por no llegar a fin de mes, en la imposibilidad de pagar una terapia o en la sensación de que el futuro se volvió demasiado incierto. Un estudio de la Universidad de Buenos Aires (UBA) mostró que el 6,5% de los argentinos tiene riesgo de padecer un trastorno mental y que los jóvenes, las mujeres y los sectores de menores ingresos son quienes cargan con el peso más grande.

La salud mental está influida por factores biológicos, psicológicos y sociales. Sentir tristeza, ansiedad o enojo ante determinadas situaciones es normal, pero cuando esas emociones negativas se prolongan en el tiempo o dificultan la vida cotidiana, pueden convertirse en un problema de salud mental. En Argentina, los trastornos de ansiedad y depresión son los más frecuentes. También preocupan las adicciones, la ludopatía y otras conductas impulsivas, que muchas veces aparecen como intentos de aliviar el malestar, aunque terminan agravándolo.

El estudio realizado por la UBA sobre 2.213 personas de entre 18 y 65 años muestra una radiografía preocupante: el 6,5% de los participantes presenta riesgo de padecer un trastorno mental, más de la mitad tiene problemas para dormir, uno de cada tres siente que atraviesa una crisis y la mitad de quienes no hacen terapia asegura que la necesita pero no puede acceder.

Los datos forman parte de un relevamiento nacional que indagó sobre ansiedad, depresión, riesgo suicida, consumo de alcohol y drogas, actividad física, uso de redes sociales, inteligencia artificial y acceso a tratamientos psicológicos.


Jóvenes más angustiados, adultos mayores más estables


Uno de los datos más contundentes del informe es que el malestar psicológico disminuye con la edad. Las personas de entre 18 y 29 años son las que registran mayores niveles de ansiedad, depresión y riesgo suicida. En el otro extremo, los mayores de 60 años aparecen como el grupo con menor nivel de sufrimiento psicológico.

La diferencia no es menor. Según el trabajo, los jóvenes son quienes más sienten el peso de la incertidumbre económica, la dificultad para proyectar un futuro, la inestabilidad laboral y los problemas para independizarse. También influye el uso intensivo de redes sociales, la presión por el rendimiento y la exposición constante a modelos de éxito, consumo o apariencia física difíciles de alcanzar.

Desde la región Sabrina Contreras, presidenta del Colegio de Psicólogos de Neuquén explicó: «La crisis económica afecta especialmente a los jóvenes y a los adultos jóvenes; genera estrés crónico y condiciones que afectan la salud mental. Por eso es importante poner el foco en la salud mental: es transversal a lo que ocurre en lo socioeconómico, político y en los vínculos personales. El contexto ambiental importa: vivir en el centro de una ciudad o en una periferia con condiciones precarias, sin agua potable, sin gas, sin luz, influye mucho en la salud mental. Tampoco es lo mismo el acceso a dispositivos y servicios de salud mental».

El estudio vuelve a confirmar algo que los especialistas vienen advirtiendo hace años: la salud mental también depende del bolsillo. Las personas que se perciben como parte de sectores socioeconómicos bajos muestran niveles significativamente más altos de ansiedad, depresión y malestar psicológico general.

El 35,8% de los encuestados dijo estar atravesando una crisis. Entre ellos, la económica aparece al tope de las preocupaciones: más de la mitad mencionó problemas vinculados con ingresos insuficientes, deudas o dificultades para cubrir gastos básicos. Después aparecen las crisis vitales, familiares, de pareja y los duelos.

«La pérdida de trabajo o ingresos genera preocupaciones que desembocan en ansiedad, insomnio y otros problemas de salud mental. Históricamente, en crisis económicas importantes aumentaron las tasas de suicidio. La salud mental está entrelazada con factores económicos, laborales y sociales; no es un asunto solo individual», dijo Contreras.


Dormir mal ya es casi una regla


Dormir mal se convirtió en uno de los problemas más extendidos. Solo el 22,2% de las personas aseguró no tener dificultades para dormir. El resto reconoció problemas ocasionales o frecuentes. El dato más fuerte es que casi cuatro de cada diez participantes dijeron tener dificultades frecuentes para descansar.

Contreras coincide en que es un fenómeno que se observa a nivel general en la región. Impacta mucho en adolescentes, jóvenes y también en adultos. «Incluso se tiende a normalizar no descansar bien. Hay diferentes problemas: el insomnio, despertarse muy temprano o despertarse durante la noche. Entre adolescentes y jóvenes el uso del celular tiene mucho que ver: pasan muchas horas en redes sociales, sobre todo por la noche», dijo y sumó que esto retrasa la hora de dormir y reduce la cantidad de horas de sueño. Además, la tecnología afecta la calidad del descanso.

Para los especialistas, el sueño es uno de los pilares de la salud física y mental, junto con la alimentación y el ejercicio. Cuando se rompe ese equilibrio, aumentan la irritabilidad, la angustia, la falta de concentración y el riesgo de desarrollar trastornos de ansiedad y depresión.

«Durante el sueño el cerebro realiza funciones fundamentales: procesamiento de la memoria, consolidación y limpieza de información, y se activan procesos hormonales y biológicos. Si dormís tarde o usás mucho el teléfono antes de dormir, esos procesos se alteran y disminuye la recuperación», sostuvo la especialista.


Terapia: muchos la necesitan, pero no la pueden pagar


Argentina sigue siendo uno de los países con mayor valoración social de la psicoterapia. Sin embargo, el acceso sigue siendo un problema. El 29,1% de los encuestados dijo estar en tratamiento psicológico, pero entre quienes no hacen terapia, la mitad cree que la necesita. En paralelo, creció con fuerza la terapia online. Entre quienes están en tratamiento, el 45,5% hace consultas a distancia.

El 43,4% de quienes consideran que necesitan ayuda profesional dijeron que no pueden pagarla. Otros mencionaron dificultades para conseguir turnos, falta de cobertura de obras sociales o imposibilidad de acceder a tratamientos presenciales.

Uno de los temas que se debaten desde hace tiempo en la región es la cobertura por parte de las obras sociales. Contreras explicó que desde el Colegio de Psicólogos hace tiempo discuten con las obras sociales la necesidad de un reconocimiento económico adecuado para el profesional. «No se puede precarizar la tarea. Muchos profesionales no trabajan con obras sociales por los bajos valores que reconocen y por los atrasos en los pagos. Nosotros reclamamos pagos a tiempo y tarifas más razonables, pero sigue siendo un problema».

Para la presidenta del Colegio todavía persiste un paradigma médico hegemónico que privilegia lo corporal y da más autoridad al médico. «Pero el trabajo del psicólogo es distinto: sesiones de 45 minutos a una hora y un trabajo a más largo plazo. No es comparable, y debería reconocerse su valor».

Cuando atraviesan momentos de angustia, los argentinos buscan distintas formas de aliviar el malestar. La más común es hablar con amigos o personas cercanas. Casi el 41% dijo que recurre a ese tipo de apoyo. Después aparecen la consulta psicológica, la actividad física, la medicación y la práctica religiosa.

El deporte aparece como uno de los factores protectores más importantes. El estudio encontró que quienes realizan actividad física tienen menores niveles de ansiedad y depresión. Sin embargo, casi cuatro de cada diez participantes reconocieron no hacer ningún tipo de ejercicio.

El 35,7% de los participantes dijo consumir alcohol y el 6,6% reconoció usar drogas. Entre quienes consumen sustancias, la marihuana es por lejos la más frecuente. El estudio encontró que las personas que consumen drogas presentan niveles más altos de ansiedad, depresión y malestar psicológico general. También se detectó que casi el 15% de quienes usan drogas creen que tienen un problema con ese consumo.


Redes sociales e inteligencia artificial: el nuevo escenario


El informe pone el foco en dos fenómenos cada vez más presentes en la vida cotidiana: las redes sociales y la inteligencia artificial. El 97% de los participantes dijo usar redes sociales y casi el 59% afirmó utilizar herramientas de inteligencia artificial.

Pero hay un dato que llamó especialmente la atención de los investigadores: el 7,3% de los encuestados dijo que preferiría hablar con una inteligencia artificial antes que con un profesional humano de salud mental. Ese grupo mostró niveles más altos de ansiedad, depresión, riesgo suicida y sufrimiento psicológico general.

Los especialistas aclaran que esto no significa que la inteligencia artificial cause problemas de salud mental. Lo que muestra el estudio es una asociación: quienes ya se sienten peor emocionalmente parecen tener más tendencia a buscar apoyo o contención en herramientas digitales. En un contexto de falta de acceso a tratamientos, turnos caros y listas de espera, la IA aparece para algunos como una forma rápida, accesible y anónima de hablar sobre lo que les pasa.

Contreras coincide en que existe una gran preocupación. «Estoy investigando los usos de la IA y creo que puede ser una herramienta útil para mejorar el rendimiento laboral o acortar tiempos en tareas específicas. Pero nunca va a reemplazar a un ser humano ni las habilidades propias de un profesional de la psicología».

Sumó que la labor profesional implica escucha, contención, acompañar a la persona a pensar lo que le sucede, brindar herramientas para responsabilizarse de sus decisiones y coordinar otros recursos, por ejemplo derivar a un psiquiatra si se necesita medicación o a una psicopedagoga si se trabaja con niños. Esas funciones implican juicio clínico, ética y vínculo, que la IA no puede sustituir.

Por otra parte, explicó que el principal riesgo es que la IA, al ser un sistema automatizado que responde en función de lo que el usuario introduce, puede retroalimentar los mismos pensamientos y reforzar la problemática en lugar de ofrecer alternativas terapéuticas reales.

«Hay casos documentados de jóvenes que durante meses consultaron al chat pidiendo consejos y terminaron en un circuito que no los saca del problema. Cuando alguien recurre al chat suele ser porque ya está mal y necesita una intervención humana real; la IA puede dar la falsa sensación de ayuda», advirtió.

Aunque los niveles de riesgo de trastorno mental son menores que los registrados en los peores meses de la pandemia, el informe deja claro que la salud mental sigue siendo una deuda pendiente. Los jóvenes, las personas con menos ingresos y quienes atraviesan situaciones de crisis son los grupos más expuestos. El desafío, según plantea el estudio, ya no pasa solo por detectar los problemas, sino por construir respuestas accesibles.


Datos:


  • El riesgo de trastorno mental de la población general es 6,5%, siendo éste más alto en los participantes de menor edad.
  • Los niveles de riesgo suicida son mayores en personas más jóvenes y con un estatus socioeconómico autopercibido menor.
  • El 58,69% de los participantes presenta alteraciones del sueño.
  • El 52,40% considera que está atravesando una crisis vital.
  • El 50,05% de las personas que no realizan tratamiento psicológico perciben la necesidad de los mismos e informan no tener acceso.
  • El 97,19% de los participantes utilizan redes sociales y el 58,98% utiliza inteligencia artificial (IA), asociándose su uso con mayor sintomatología ansiosa y malestar emocional, sin diferencia en sintomatología depresiva.
    Relevamiento del Observatorio de Psicología Social Aplicada de la Facultad de Psicología de la UBA

Reformar la Ley de Salud Mental


El Gobierno nacional informó esta semana que enviará al Congreso un proyecto para reformar la Ley de Salud Mental vigente desde 2010. El jefe de Gabinete, Manuel Adorni, adelantó que la iniciativa llegará a Diputados en los próximos días.

La propuesta no buscará derogar la ley actual, sino modificar algunos de sus puntos más cuestionados. Entre ellos aparecen las internaciones involuntarias, el cierre de hospitales psiquiátricos y el financiamiento de los servicios de atención y rehabilitación.

Uno de los cambios más importantes apunta al actual Órgano de Revisión, que controla el cumplimiento de la ley. El Gobierno quiere reemplazarlo por un equipo interdisciplinario con mayor participación del Ministerio de Salud, encabezado por Mario Lugones.

También se buscará fortalecer la atención en todo el país. Desde el Ministerio de Salud señalaron que muchas provincias todavía no cuentan con suficientes camas, hospitales generales o servicios especializados en salud mental, lo que genera grandes diferencias en el acceso a la atención.

Otro de los puntos centrales será mantener los hospitales especializados. Según el Gobierno, el modelo actual de traslado hacia hospitales generales no siempre funciona por falta de infraestructura, personal y seguridad. La idea es sostener una red con hospitales psiquiátricos, servicios en hospitales generales y dispositivos comunitarios. La reforma también permitirá que un psiquiatra pueda ordenar una internación involuntaria en casos de urgencia. Luego, un equipo interdisciplinario deberá ratificar esa decisión dentro de las 24 horas y comunicarla a la Justicia.

En el oficialismo creen que el proyecto tendrá respaldo de bloques aliados en el Congreso. Sin embargo, especialistas advirtieron que el principal problema no es la ley actual, sino la falta de presupuesto, de profesionales y de servicios adecuados para aplicarla en todo el país.

fuente: GOOGLE NEWS

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