La privatización del Belgrano Cargas y de la Hidrovía permiten un auge excepcional del agro argentino

La apertura de la economía argentina ha adquirido un carácter irreversible, y se integra en el sistema mundial en las condiciones tecnológicas de la revolución de la Inteligencia artificial. El sector más competitivo que tiene el país es el agro argentino.

La Argentina exporta U$S 80.000 millones anuales, y en las condiciones del mundo actual puede triplicar estas exportaciones en los próximos 10 años.

Por eso es esencial aprobar lo antes posible el acuerdo con EE.UU, que ante todo prioriza las inversiones, y sólo subsidiariamente promueve el comercio; y el hecho es que le abre el mayor mercado del mundo para las carnes argentinas, lo que se ocurre con el apoyo del presidente Donald Trump.

La política internacional es un mundo de realidades donde lo único que importa es ser relevante, y de obtener el primer lugar en alguna actividad significativa, que en el caso de la Argentina es la producción de agroalimentos de alta calidad y menores costos.

Esto significa que el agro argentino debe adoptar sin miedos las tecnologías y los estándares más avanzados de la época; y aceptar con los brazos abiertos las pautas más exigentes tecnológicas y científicas impuestas por la comunidad internacional, y en especial por los países más avanzados del mundo, liderados por EE.UU.

El agro argentino está en condiciones de producir 300 millones de toneladas de granos por año, y para eso hay que colocar el énfasis en el aumento de la calidad y no sólo en el número de los productos.

El único límite que tiene la producción agroalimentaria en el momento actual está en sus propios frenos internos.

El Chaco Argentino es el mejor sistema ecológico del mundo para producir algodón de calidad, pero en el Norte se logran 600 kg de algodón por hectárea, en tanto que en Mato Grosso se obtienen más de 4.000 kg. El retraso tecnológico es un mal de exclusiva raíz doméstica.

Un componente fundamental de un gran país exportador de commodities agrícolas es una infraestructura de nivel mundial que respalde en términos logísticos y operativos el despliegue de su extraordinario potencial agroalimentario.

El agro argentino tiene 2 infraestructuras que son decisivas para el futuro del país como gran potencia agroalimentaria. Uno es el ferrocarril Belgrano Cargas, y el otro, la Gran Hidrovía Paraná-Paraguay.

El cálculo que hay que hacer es el siguiente: en las actuales condiciones de funcionamiento del Belgrano Cargas en manos del Estado la velocidad del transporte es de 18 km/h, en tanto que la red de ferrocarriles de carga de EE.UU, que acaban de unificarse en un gigantesco “holding” de alcance nacional con la denominación de “Union Pacific”, y que une por primera vez el inmenso territorio norteamericano desde el Atlántico al Pacífico; y allí, en el país-frontera, donde “el futuro llega primero”, la velocidad del transporte de cargas es de 80 km/h-100 km/h. Este es el “nivel de los tiempos” – como quería Dionisio Ridruejo -, que es el del capitalismo más avanzado, esto es, EE.UU.

De lo que se trata para el agro argentino es que el Belgrano Cargas, una vez pasado a la actividad privada nacional e internacional, pase de un transporte con una velocidad de 18 km/h a otra de 80 km/h-100 km/h en los próximos 10 años.

De esta manera la carga de soja, o la de litio, o la de cobre, o la producción frutihortícola pasará a competir internacionalmente con los primeros protagonistas del intercambio global, a una velocidad propia de la Inteligencia artificial.

El otro desafío logístico y operativo del agro es conseguir una hidrovía dragada de 40 pies de profundidad desde San Nicolás hasta Rosario, el gran puerto oceánico de la Cuenca del Paraná, lo que abarca tanto a Mato Grosso como a Paraguay, y también todo el Oriente Boliviano con epicentro en Santa Cruz de la Sierra; y desde allí, con 20 pies o más, llegar hasta Asunción, Paraguay, que hoy es el centro mundial de cabotaje con balsas de cargas fluviales.

Paraguay es hoy el cuarto productor mundial de soja, y pronto deberá competir con la producción sojera del Oriente Boliviano, también notablemente competitiva.

Una draga de 40 pies implica 30% más de carga, con precios 30% más reducidos.

fuente: CLARIN

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