
-¿Qué es lo primero que hay que entender jurídicamente del caso Ángel para no caer en simplificaciones?
-Es que no hay mucho para entender jurídicamente en este caso, porque la resolución no fue jurídica, sino ideológica, tal cual como sucedió con el caso de Lucio Dupuy, asesinado en La Pampa en 2021. La Justicia pensó que Ángel con la madre iba a estar mejor que con cualquier otro miembro de la familia. Si hubiera sido un tema jurídico, la Justicia tendría que haber analizado en profundidad a cada una de las familias para determinar con cuál iba a estar mejor el niño. Claramente primó lo ideológico.
-Lo ideológico, en este caso, ¿fue que Ángel volviera a vivir con la madre?
-Sí, con una persona que es la progenitora y que se había ido hace tres años a vivir a otra provincia, con una pareja nueva. Pero la mujer volvió a Comodoro Rivadavia y resulta que el nene de cuatro años prácticamente no la conocía, ya que estaba acostumbrado a vivir con su papá y la pareja del padre. Al chiquito lo mudaron de prepo, como si fuera una cosa y lo llevaron a vivir a un lugar para él desconocido y con gente desconocida. Es realmente traumático algo así. Un cambio semejante implica pasos, un proceso paulatino.
-Ángel, entonces, ¿nunca fue escuchado?
-Tanto la ley nuestra local como el Código Civil indican que, antes de tomar una decisión importante respecto del futuro, el niño debe ser escuchado. La Justicia de Familia no lo escuchó y ni siquiera se tomó el trabajo de conocerlo, con lo cual queda en evidencia que los niños no son sujetos de derechos, sino objetos de derechos. El juez trató a este niño de cuatro años como un paquete y lo dejó a su suerte.
-¿Por qué los jueces tienen actuaciones tan controvertidas como ésta?
-Porque no les importa en lo más mínimo, pero sobre todo porque con sus actos no tienen consecuencias. En nuestro país pueden actuar como se les ocurra… que no van a ser sancionados. En ningún otro trabajo se pueden cometer tantos errores sin que se tengan consecuencias.

-Aún no hay confirmación oficial de la autopsia sobre la causa de la muerte. En caso comprobarse que la madre no ejerció violencia sobre Ángel, ¿qué fallas en los sistemas de protección de la infancia igual quedaron expuestas?
-En evidencia quedó que los juzgados no respetan los puntos básicos a seguir como, en este caso, tener contacto con todas las partes: padre, madre, madrastra, padrastro, niños. Ver a la otra persona no es lo mismo que tomar una decisión mediante un informe psicológico. No hubo un seguimiento, faltaron pruebas técnicas forenses. No es suficiente con simples entrevistas realizadas por psicólogos: deben realizarse pericias forenses a todos.
-Da la sensación que la Justicia procedió con desidia…
-Absolutamente. A Ángel nadie lo monitoreó en la escuela y resulta que iba sucio, sin bañarse y hasta con hambre. La mamá de un compañerito contó que le tuvo que comprar un sándwich porque Ángel miraba con desesperación la comida de su hijo. Nadie dio a conocer el estado general de Ángel, que además había bajado mucho de peso.

-¿Por qué es tan difícil priorizar el interés superior del niño?
-Porque si lo priorizaran no siempre escucharían, de parte del chico, lo que quieren escuchar. Se priorizó la ideología y el que estuviera con la madre, que era una total extraña para el nene, y no lo que claramente habría respondido Ángel. ¿Qué hubiera sido? Seguir viviendo en su casa, continuar en su habitación, con su cama, sus juguetes, su espacio diario. Eso hubiera dicho el chico, pero no quisieron escuchar sus intereses, la Justicia ya tenía decidido dárselo a la madre, sin importar lo que pensara el menor.
-Desde afuera, por lo que se ve, daría la impresión de que no era una situación tan compleja de resolver…
-No lo era, sólo había que dedicarse, invertir tiempo, estar encima de la situación de las familias. Podrían haber hecho un proceso de revinculación más largo, sin apuro, hasta ver cómo Ángel se iría adaptando, pero teniendo en cuenta al niño, no dejándolo de lado. Se podía hasta pensar en una convivencia compartida, estar un poco con uno, un poco con otro… Pero se lo trató como un objeto, eso es lo más grave y después se llenan la boca hablando de los derechos del niño.
-Aquí tanto la madre como el padre tenían antecedentes de denuncias por violencia. ¿Qué debe hacer la Justicia en un caso así?
-Según los informes que yo leí, Ángel estaba bien con el padre. Hasta donde yo sé, la denuncia por violencia contra el padre tendría que ver con un vínculo entre adultos, no con un menor. A veces la denuncia puede ser por una discusión, por gritar, pero eso no implica que el padre no pudiera cuidar a su hijo, o que el chico estuviera en riesgo.

-El padre de Ángel dijo que si la situación hubiera sido al revés, él habría estado preso de inmediato. ¿Hay jueces que aplican mal la perspectiva de género?
-Es que no es perspectiva, sino que los jueces aplican ideología de género. Estamos peligrosamente atrapados por una Justicia ideologizada, los chicos están peligrosamente atrapados. No es perspectiva porque la perspectiva es una forma de mirar para igualar, para observar con el mismo lente al padre y a la madre. La ideología es una creencia, ¿es normal que la Justicia resuelva por una creencia? En la ideología de género, la mujer siempre tiene razón y todo lo que dice hay que creerlo. ¡Paremos un poco, no funciona así! Esto es una locura, porque la ideología de género vino a destruir el núcleo base de nuestra sociedad que es la familia… y me hago responsable de lo que digo.
-Si tomamos las estadísticas de violencia de género, en la mayoría de los temas de familia las mujeres son las más perjudicadas…
-Durante dos décadas la violencia de género fue un negocio: con el ministerio de mujeres, con la entrega de subsidios y con personas captadas en las marchas… Fijate las de aquel momento y fijate las de ahora. Sin duda que había un negocio atrás de la violencia de género y las denuncias. Hoy se denuncia que alguien te miró mal en la calle y eso engrosa las estadísticas de violencia de género. Hay que saber diferenciar esto de la verdadera violencia de género, que es a la que hay que estar atento, atacar y en donde no sólo hay que poner la lupa sino aplicar todos los recursos posibles del Estado. Pero cuando uno empieza a desglosar las estadísticas, te encontrás con una verdad clara, que pocos analizan porque muchas denuncias están archivadas, pero no conviene decirlo porque importa el número global.
-Hay un video en el que Angel llora porque no quiere ir a la casa de su madre. ¿Qué es lo que se debe hacer ante una situación así?
-Escuchar, escuchar, escuchar. Hay que escuchar al niño, es el principio básico del derecho superior del niño. Y no escuchan, repito, porque no quieren escuchar lo que se va a responder. Pasó hace poco con una chica de 12 años ¡12!, a la que una madre quería cambiar de colegio en el último año de la escuela primaria… El padre se opuso porque la chica no quería saber nada, y no la escucharon. No les importó, la Justicia no escucha a los chicos, sí a lo que quiere la madre.
-Según su panorama, parece no haber una salida viable…
-Si logramos desterrar la ideología y volver a la objetividad, muchas de estas muertes como las de Lucio o Ángel no habrían ocurrido, porque la objetividad implica llevar a cabo un protocolo y un seguimiento de leyes que ya están dictadas y que determinarían acciones que hoy no se llevan a cabo.
-Pablo José Pérez es el juez de familia que le dio la tenencia de Ángel a su mamá. ¿Cuál es su opinión?
-Me da mucha pena su manera de ejecutar su trabajo. No tuvo ganas, no quiso. Está claro que tanto él, como la mayoría, no entendieron en qué consiste su labor el día que aceptaron ese puesto, porque trabajan con vínculos humanos, necesitan tener inmediatez, roce, empatía, conocer a la gente, no pueden hacer lo que hacen.
-¿Qué es lo que más le sorprende de este comportamiento?
-Que me resulta incomprensible que se dediquen a esta función. A mí me desconcierta, ¿por qué no se dedica a ser juez civil patrimonial, pero no de familia, que requiere otro tipo de sensibilidad? Es el juez de familia el que resuelve el destino de ese pibe, ¿sabés lo que significa eso? No puede pasar un proceso entero sin que el juez no conozca a los involucrados.
-¿Cómo se forma un juez de menores? ¿Hay alguna instrucción puntual para asumir esa función?
-No, para nada. Basta con presentarse a los distintos exámenes e ir pasando las diferentes etapas. Se puede llegar tranquilamente a ser juez de familia. Hay algunos que sí realizan posgrados de especialización porque entienden que más posibilidades tendrán de llegar a destino, pero esto no ocurre en nuestro país. Uno puede tener la mejor nota de mérito, pero al final no es una elección por sus cualidades, sino que termina siendo una elección política. Podés ser el primero en mérito pero no ser el elegido porque finalmente se impone la política. No siempre el más preparado resulta ser el juez.
-Lleva 36 años ejerciendo como abogada especializada en familia. ¿Qué disparador ha sido el responsable de este deterioro que no parece encontrar el fondo?
-Cuando yo empecé a ejercer, las cuestiones de familia estaban a cargo de los jueces en lo civil y comercial, que tenían la cabeza mucho más abierta que los ahora jueces de familia, que ejecutan a partir de la ideología, una ideología que se potenció mucho durante el kirchnerismo. Los jueces han perdido la mirada del derecho y se han olvidado lo que les enseñaron en la facultad.
La importancia de los informes psicológicos
El rol de los psicólogos y asesores de menores cobra mucha importancia en casos como el de Lucio Dupuy y el de Ángel López. “El protagonismo que tienen los psicólogos es casi central, porque muchas veces la decisión se inclina de acuerdo al informe psicológico. El juez, en este caso, decidió que Ángel volviera con su progenitora a partir de un informe de la psicóloga, que en otras palabras dijo que la madre es divina, pum para arriba y que se puede hacer cargo del menor. Y sin conocerlo al nene, el juez metió el gancho y tomó esa decisión confiando en el descargo de la psicóloga, tal cual sucedió con Lucio Dupuy”, analiza Silva.
Y sigue: “Ahora bien, si me preguntás si ese informe es vinculante para un juez, claro que no, el juez no tiene por qué seguir lo que dice el informe, que es como una referencia, una guía, pero no es determinante. Pero en la práctica los hacen vinculantes de hecho porque el juez no conoce las partes, no se sienta con el niño y no escucha a nadie, entonces termina aferrándose al informe del psicólogo o del equipo técnico. Lamentablemente estamos en una encerrona, no va a ser sencillo salir de este estilo, va a llevar años“.
Silva también pone el foco en un conflicto exponencial a esta altura: las falsas denuncias que “mayormente surgen de matrimonios conflictivos y buscan sacar algún tipo de beneficio económico o personal respecto de los niños. Ocurre que cada vez son más las denuncias falsas que no sólo alejan a los padres de sus hijos por muchos años, haciendo muy compleja la revinculación, sino que en muchos casos el padre tiene una restricción perimetral o se encuentra injustamente detenido porque los juzgados omiten todo el rigor científico que tienen en el expediente, que ellos mismos solicitaron, y le dan la derecha a ese terapeuta privado al que no conocen y que es pagado por una de las partes. Entonces en manos de un terapeuta del que no se sabe mucho queda la posibilidad de que el niño se reencuentre con una de sus dos familias completas. Es gravísimo, porque eso es delegar la jurisdicción y privatizar la Justicia”.
Y la profesional coloca como un caso testigo el del médico obstetra Pablo Ghisoni, quien estuvo más de una década sin ver a Tomás, su hijo del medio, “quien junto a su madre había acusado de manera injustificada a Ghisoni de abuso. El caso fue muy fuerte porque además el médico estuvo más de dos años en prisión. El caso Ghisoni se basó en que sólo miraron estas causas desde la ideología de género. La denunciante (Andrea Karina Vázquez) fue llamada víctima dentro de la causa para no ser periciada. Lamentablemente la Justicia obra antes de investigar y una vez que pone la perimetral no sigue el caso, que al cabo de los años termina convirtiéndose en un cementerio de órdenes de restricción. Ahora me pregunto: ¿la Justicia de Familia se dedica a construir vínculos, o sólo los destruye?“, plantea con ironía.
Semanas atrás trascendió que en Rosario una red de psicólogas de una organización llamada AEVAS realizaba informes falsos para perjudicar a padres presuntamente acusados por abusos y así evitar la revinculación, luego de que la Justicia los haya sobreseído. “En Rosario se supo que se trataba de una asociación que vendía informes manipulados: fueron encontradas diez causas de diez padres que no podían ver a sus hijos por esos informes que eran un copy paste de psicólogas diferentes pero que pertenecían a la misma asociación y que vendían los informes. ¿Para qué? Para conseguir la voluntad de la madre de alejar al padre de sus hijos“.
Itinerario
Nacida en Tandil, donde cursó la escuela primaria y secundaria, María Fátima Silva siempre supo que sería abogada, profesión que surgió de manera natural -ya desde primer grado era la defensora del grupo de amigas- y de la que se graduó en Universidad Nacional de Mar del Plata. “Volví a Tandil y mi mundo pasó por mi ciudad de toda la vida, donde me casé y tuve a mi único hijo, Juan Manuel”, cuenta.
Más tarde hizo posgrados en la UBA, hasta que el trabajo la trajo a Buenos Aires, donde se terminó instalando y teniendo una columna sobre derecho de familia en LN+. Hoy esta abogada especializada en familia, con 36 años de trayectoria, es convocada para viajar al interior del país por distintas universidades para conocer cómo es la realidad de los derechos de los niños en otras ciudades. “¿Con qué me encontré? Pensaba que con otra realidad, pero me topé con una Justicia de Familia atravesada por la ideología, por la falta de objetividad y la no norma”, afirma.
Al toque
Un desafío: Que las niñas, los niños y los adolescentes tengan paz en una Argentina que no les da paz.
Un proyecto: Mi gran proyecto es poder llegar a ser la Defensora Nacional de las niñas, niños y adolescentes.
Un sueño: Es utópico porque sueño con una Justicia de familia objetiva y hoy está muy ideologizada.
Un prócer: Manuel Belgrano.
Un líder: Sin duda, mi papá Humberto.
Un libro: “La inteligencia emocional”, de Daniel Goleman.
Una película: No veo películas ni series. Me dedico a leer.
Una comida: Asado.
Una bebida: Vino tinto.
Una sociedad que admire: La italiana, por el lado de mi madre, María Luisa Irianni.
Un placer: La lectura.
Un recuerdo: Una frase imborrable que me dijo mi abuela Luisa cuando estaba en el secundario. “Nena, estudiá que te va a hacer libre”.
AS
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