
El deterioro del crédito a las familias en Argentina alcanzó niveles históricos: la morosidad pasó de 2,67% en enero de 2025 a 10,6% en el mismo mes de 2026, según datos del Banco Central de la República Argentina. Se trata de un salto de casi cuatro veces en apenas un año y del nivel más alto en cerca de dos décadas, en un contexto de tasas elevadas y salarios que no logran recomponerse.
El problema se profundiza especialmente en préstamos personales y tarjetas de crédito, donde la irregularidad trepó a 13,2% y 11%, respectivamente. En paralelo, el uso del pago mínimo se volvió cada vez más frecuente, generando una “trampa” financiera: con tasas cercanas al 4% mensual, la deuda se acumula y dificulta su cancelación. Desde el Gobierno, el ministro Luis Caputo reconoció la situación, aunque la atribuyó a un “coletazo” de tensiones pasadas y confió en que se normalice con menor inflación y tasas más bajas.
Según la consultora LCG, el fenómeno responde a una combinación de tasas de interés altas —con promedios cercanos al 69% anual en préstamos personales— y un poder adquisitivo debilitado. A esto se suma el avance de la mora en billeteras virtuales y financieras no bancarias, donde los niveles de incumplimiento ya rondan el 25%, reflejando una presión creciente sobre los sectores más vulnerables.
En el segmento empresarial, si bien la situación es menos crítica, también muestra señales de deterioro: la mora alcanzó 2,8% en enero. Sin embargo, el impacto es desigual: mientras las grandes empresas mantienen niveles bajos de incumplimiento, las pymes enfrentan mayores dificultades, con tasas que pueden llegar al 10%. Sectores como hotelería, pesca y agro evidencian subas significativas, confirmando que el problema del endeudamiento se expande en toda la economía, aunque con distinta intensidad.
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