La mitad de las obras de arte incautadas por el franquismo en la Guerra Civil Española fueron desviadas o desaparecieron, afirma un investigador del Museo del Prado

A Francisco Franco le gustaba pintar. “Cada tarde, después del café se encerraba un ratito a pintar. Era un gran dibujante. Algunos de sus cuadros eran copias de otros famosos, algún retrato de mi madre, su autorretrato. No eran excepcionales, pero sí de una calidad y realismo casi inalcanzables para la mayoría de aficionados a la pintura”, apunta su nieto, Francisco Franco Martínez-Bordiú, en el libro La naturaleza de Franco. Cuando mi abuelo era persona que publicó en 2011.

A Franco le gustaba pintar y la dictadura con la que oprimió a España durante casi cuatro décadas, le hizo creer, entre otras tantas atrocidades que cometió, que podía apropiarse de lo que quisiera o abandonar a su suerte lo que no le interesara.

A cincuenta años de su muerte, el gobierno de Pedro Sánchez comenzó a restituir a los herederos de sus dueños originales las obras de arte que fueron apropiadas durante el franquismo.

Porque el patrimonio que el gobierno de la República intentó proteger de Franco y del golpe militar de 1936 con el que inauguró la Guerra Civil Española, reunió a más de 30 mil obras de arte sólo en Madrid. Y para esquivar los bombardeos de la aviación franquista y de sus aliados nazis y fascistas, fueron almacenadas o exiliadas en Ginebra.

El objetivo era “salvar los tesoros artísticos de toda España y preservarlos contra todo tipo de daños: bombardeos y destrucción, pero también robos, deterioro, etc.”, comentaba en una entrevista de 1939 Timoteo Pérez Rubio, el por entonces subdirector del Museo de Arte Moderno de Madrid, que se había hecho cargo de la Junta de Incautación y Protección del Tesoro Artístico.

Fueron varias, sin embargo, las instituciones que se ocuparon de custodiar el patrimonio cultural que los vencedores franquistas amagaron con restituir durante la posguerra en procedimientos perezosos y mal organizados.

“Un capítulo específico de la política patrimonial franquista fue el de la requisa de los bienes de los republicanos que habían marchado al exilio o que habían sido condenados. En el caso de las colecciones de arte confiscadas fueron sencillamente desviadas y entregadas en depósito a distintos destinatarios”, señala el catedrático emérito de la Universidad Complutense de Madrid Arturo Colorado Castellary en una investigación que le encargó el Museo del Prado.

Colorado Castellary con el libro en el que recoge un

A partir de ese informe, conocido como Las obras incautadas durante la Guerra Civil y la posguerra en los fondos del Museo del Prado, el museo reconoció que, entre las obras almacenadas en sus depósitos, se hallaban cuadros y piezas artísticas que habían sido separadas de sus dueños durante aquellos años. En 2023, el Prado expuso una selección en la muestra Obras incautadas. Un proceso abierto.

La investigación de Colorado Castellary, máximo referente en el estudio de cómo se gestionó el patrimonio artístico en los años de la Guerra Civil y en la posguerra franquista, permitió al Prado confesar, hace casi tres años, que elevaba “a 70 el número de obras que se encuentran en sus fondos procedentes de incautaciones”.

Por entonces, el museo admitía: “Muchos bienes culturales depositados no pudieron retornar a sus dueños, porque estos no lograron acreditar la propiedad, habían fallecido, se encontraban exiliados, habían sido represaliados o simplemente eran desconocidos por no haber quedado registrados sus nombres en las actas de incautación. Por dichos motivos, parte de estos fondos huérfanos, principalmente pinturas, permanecieron en el Museo del Prado, en el de Arte Moderno o en otras instituciones museísticas”.

El Prado había iniciado a indagar un año antes, en 2022, cuando entró en vigor la ley de memoria democrática que, en su artículo 31, se compromete a reparar el daño de las expropiaciones.

“La Administración General del Estado promoverá las iniciativas necesarias para la investigación de las incautaciones producidas por razones políticas, ideológicas, de conciencia o creencia religiosa durante la Guerra y la Dictadura y, en particular, realizará una auditoría de los bienes expoliados en dicho periodo, incluyendo las obras de arte, el papel moneda u otros signos fiduciarios depositados por las autoridades franquistas, así como la imposición de sanciones económicas en aplicación de la normativa de responsabilidades políticas”, señala la norma.

Inventario

“Estamos haciendo ese inventario sobre la incautación de los bienes que se perdieron durante la dictadura”, dijo a Clarín el ministro de Política Territorial y Memoria Democrática, Angel Víctor Torres, en septiembre.

Desde junio del año pasado, el Ministerio de Cultura alimenta ese inventario en su web. “Objetos como joyas, vajillas, cerámicas, piezas textiles y ornamentos litúrgicos, así como algunos cuadros, esculturas y mobiliario, suponen la mayoría de las 5.126 piezas cuyo origen ha sido documentado como procedente de las incautaciones realizadas por la República para salvaguardar temporalmente los bienes de interés artístico y que nunca fueron devueltos a sus dueños por la dictadura franquista al acabar la contienda”, señalan desde el ministerio.

Un sacerdote reza junto a un retrato del dictador español Francisco Franco, en Madrid. Foto: REUTERS

“Los nueve museos estatales que han identificado entre sus fondos bienes procedentes de incautaciones realizadas durante la Guerra Civil e inmediata posguerra son el Museo del Traje-Centro de Investigación del Patrimonio Etnológico, el Museo Arqueológico Nacional, el Museo Nacional del Romanticismo y el Museo Nacional de Artes Decorativas, el Museo Nacional de Antropología, el Museo de América y el Museo Sorolla, en Madrid; el Museo Nacional de Cerámica y Artes Suntuarias ‘Gonzalez Martí’, en Valencia; y el Museo Nacional de Escultura, en Valladolid. Además, se ha identificado una pintura conservada en la sede del Ministerio de Cultura con el mismo origen”, agregan.

En mayo de este año, el gobierno restituyó siete obras incautadas durante la Guerra Civil a la familia de Pedro Rico, el primer alcalde republicano que tuvo Madrid, a principios de los años ‘30.

“Es un acto de justicia y reparación histórica. Estos cuadros cuentan una historia de reparación tardía. Sería imposible sin las familias que sufrieron esas violencias”, dijo el ministro de Cultura, Ernest Urtasun, durante la ceremonia, que se realizó en el Museo del Prado.

Un “botín” de casi 20 mil obras

El profesor Colorado Castellary contó parte de sus investigaciones en el libro Arte, botín de guerra. Expolio y diáspora en la posguerra franquista, que publicó en 2021.

“El núcleo esencial del libro analiza la gestión franquista de aproximadamente 17.000 obras almacenadas o evacuadas por la República, de las que prácticamente la mitad fueron devueltas a sus legítimos propietarios”, cuenta el catedrático a Clarín.

“Sin embargo, una gran cantidad, aproximadamente el 35 por ciento, fueron desviadas hacia otros destinatarios, que reconocían en muchos casos como suyas, y otro 15 por ciento presenta serias dudas sobre la entrega o sencillamente desaparecieron”, detalla.

-¿Se sabe cuál es la cifra definitiva de obras incautadas?

-La cifra ha ido aumentando a partir del desarrollo de las diferentes investigaciones y podemos hablar ahora de más de dos decenas de miles de bienes artísticos que fueron incautados por los republicanos -almacenados o evacuados- y gestionados por los franquistas en la posguerra. La perspectiva es que aproximadamente sigue siendo la mitad los que fueron desviados o desaparecieron.

-¿A dónde fueron a parar las obras expropiadas por el franquismo?

-Los principales beneficiarios fueron los museos, que recibieron miles de bienes. El Ministerio de Cultura realizó una investigación interna limitada a nueve museos estatales e identificó más de 5.000 bienes confiscados. El Museo del Prado me pidió coordinar la investigación sobre las obras confiscadas que hay en sus fondos y pudimos descubrir 70, pero la investigación continúa y siguen saliendo nuevos datos. La segunda beneficiaria fue la Iglesia; en muchas ocasiones los conventos, monasterios y parroquias pedían obras, aduciendo lo mucho que habían perdido en la guerra, y los agentes franquistas les entregaban miles de bienes de todo tipo: pinturas y piezas de orfebrería, especialmente. Después estarían los organismos públicos, como ministerios, ayuntamientos, universidades, centros educativos, etc. El problema de estos dos últimos destinatarios -la Iglesia y los organismos públicos- es en muchos casos la opacidad para poder investigar la ubicación actual de estas obras; en mi opinión deberían seguir el ejemplo del Museo del Prado y afrontar esta investigación.

-¿Cuál es la actitud de las instituciones que deben devolver obras confiscadas?

-La opacidad. Me he encontrado en muchas ocasiones con una barrera infranqueable en algunos ministerios. No con todos, por cierto, para acceder a la localización de las obras. Por el contrario, el Museo del Prado ha tenido la iniciativa de afrontar la investigación. Lo mismo han hecho universidades como la de Oviedo o la de Barcelona. Pero todavía queda mucho por localizar.

-¿Cómo evalúa el proceso de restitución?

-La devolución de las obras a los legítimos herederos va muy lenta, pero hay que ser positivos: al menos este proceso se ha iniciado, aunque sea tímidamente. Pensemos que hasta la fecha se han devuelto una quincena de obras: a los herederos de Ramón de la Sota, un naviero nacionalista vasco cuya importante colección fue confiscada por el franquismo, se les han entregado dos cuadros que se encontraban en el Parador de Turismo de Almagro y una obra hallada en el ayuntamiento de Burgos. A los herederos de Pedro Rico, alcalde republicano de Madrid que marchó al exilio, cinco cuadros, que estaban en el Museo Casa Colón de Las Palmas de Gran Canaria; y recientemente siete pinturas procedentes de diferentes museos: Prado, del Traje, del Romanticismo, de Valencia… Como se puede ver el origen es muy variado, dada la diáspora franquista en el desvío de obras; y, a la vez, se constata el escaso número de obras devueltas cuando son miles las pendientes de localización y devolución.

-¿Por dónde comenzó su investigación?

-En los años ‘80, cuando vivía en Francia y viajé a Ginebra para investigar en el archivo de la Sociedad de Naciones los murales del pintor catalán Josep María Sert, descubrí, gracias a la amabilidad de un archivero, una documentación inédita sobre la llegada a Ginebra en 1939 de más de 500 pinturas del Prado, junto a miles de bienes de otras procedencias. Un auténtico tesoro para un investigador. Era un tema prácticamente desconocido en España: la gesta de salvamento del patrimonio más importantes de la historia, que el franquismo había escondido cuando no malinterpretado. Exactamente fueron 71 los camiones cargados con obras de arte por las fuerzas republicanas en los depósitos del norte de Cataluña, que a pesar de las condiciones más adversas pudieron ser conducidos hasta el sur de Francia y de allí llegar en tren hasta Ginebra.

-La incautación de obras de arte tiene antecedentes en otras partes del mundo. ¿Tuvo algo de original la realizada por el franquismo?

-En muchos sentidos, este expolio franquista tiene paralelismos indudables con el realizado por los nazis en los mismos años contra los judíos. En el caso español el objetivo era la confiscación de las colecciones de los republicanos exiliados o represaliados, pero los damnificados fueron muchos más, dado el desastre y la desidia franquistas. Pero en ambos casos, sean los nazis o los franquistas, el objetivo era desposeer al enemigo de sus bienes, en este caso artísticos. Por cierto, también en España hubo expolio de las colecciones judías o de los masones. Con respecto a las obras robadas por los nazis, que se pueden contabilizar en varios miles, existe un acuerdo internacional para que este delito no prescriba; aquí (en España) estamos a la espera de que se desarrolle la ley de memoria democrática y que se asuma la investigación de una manera global, no sólo los llamados museos estatales. Igual que ocurre con las obras expoliadas por los nazis, todavía muchas de ellas desaparecidas, irán descubriéndose y se podrán reivindicar así por los legítimos herederos. Recientemente ha aparecido en la Argentina, de manera casual, una pintura procedente de la colección judía Goudstikker, que había sido expoliada por un funcionario nazi.

fuente: CLARIN

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