La inteligencia artificial todo servicio – LA NACION

Una amiga había vacacionado el pasado enero en el sur de España. Siendo que había sido un mes aciago, le pregunté cómo había podido disfrutar entre las peores borrascas de los últimos años. Resultó que cada día le preguntaban a su modelo de inteligencia artificial cuál era la ciudad sin lluvia y con alojamiento y estacionamiento conveniente.

“Mejor que cualquier agente de viajes”, me dijo. Y comprobé que mejor, incluso, que las plataformas habituales, porque Copilot me derivó mis vacaciones a un destino más exótico y accesible que el que había programado. Ipso facto, empecé a preguntar entre conocidos por otros usos no convencionales de la IA. No fuera cosa que me estuviera perdiendo otras gangas.

Los periodistas apenas si usamos la IA para reescribir lo escrito. Varios estudios recientes confirman que hasta las redacciones más reputadas reducen el enorme potencial de la IA a buscar sinónimos para un título más atrayente. Pero esa simulación de conversación es imbatible para preguntar lo que la memoria retacea de una manera más indirecta que la que nos exige el buscador tradicional.


Ipso facto, empecé a preguntar entre conocidos por otros usos no convencionales de la IA. No fuera cosa que me estuviera perdiendo otras gangas


Gente que le describe una escena de una película cuyo nombre no recuerda, o da unas palabras de una canción que tararea demasiado mal para que la identifique Shazam. Cuando temíamos que la IA viniera a reemplazar los puestos de trabajo, resultó que estamos usando los modelos de lenguaje para las preguntas más ridículas.

Mi relevamiento me confirmó que personas distintas, de todo el rango etario y cultural, coinciden en consultar la IA para resolver cosas irrelevantes, como la ropa para usar en el día. Ya no es un problema familiar eso del qué comemos hoy porque se deriva la consulta de la cena o del menú más indicado para aumentar la masa muscular o el reemplazo de los ingredientes faltantes en la mitad de la receta. La IA responde con la templanza de quien no conoce una alacena desprovista.

La IA es el nuevo tutorial, que reemplaza las búsquedas de un video en YouTube por respuestas cerradas y contundentes. No importa que, por definición, estas conversaciones generativas alucinen, como se llama la asociación libre de respuestas que suele brindar.


Hay estimaciones que calculan mil millones de consultas diarias solo para ChatGPT, que consumirían algo así como una ciudad de treinta mil habitantes


Un amigo que también la usaba para sus viajes me decía que, así como era muy expedita para resolver itinerarios, también inventa monumentos o recomienda visitar lugares que están en ciudades con nombres parecidos. “Si uno no chequea puede terminar en un descampado”, reconocía.

A pesar de esas alucinaciones (o quizás, por ellas) mucha gente recurre a la IA como intérprete esotérica para consultarle por el tránsito de los planetas o el resultado del campeonato. Total, para estas consultas nadie espera certeza. Como ocurre desde el principio de los tiempos, basta que el orate sentencie que la vida seguirá el curso de los hechos.

Además de oráculo, la IA es el consejero que orienta la mejor manera de comunicarnos. No solo para esquivar con elegancia el mensaje inoportuno de un jefe inevitable, sino también para responder a cuñadas insidiosas sin generar un cisma familiar en el grupo de WhatsApp. Parece que es ideal para detectar pelmazos en las aplicaciones de citas y frustrar a tiempo el peligro de un romance.

Según una estimación de la Universidad de Michigan el 80% de la electricidad que consume la inteligencia artificial no se va en la programación, sino en repuestas. Hay estimaciones que calculan mil millones de consultas diarias solo para ChatGPT, que consumirían algo así como una ciudad de treinta mil habitantes.

Entre ellas, la de mi amigo que cada semana le pide ánimos para limpiar el piso y agradece su mensaje de que “lo importante es empezar. En cuanto tengas limpio el baño te sentirás orgulloso y el resto lo harás en nada”. Sí: al final de cuentas, la IA, más que un humanoide que viene a desplazarnos del trabajo, es una madre que derrocha sentido común y emoticones.

fuente: inteligencia artificial todo servicio – LA NACION”> GOOGLE NEWS

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