La IA gana usuarios, pero también desconfianza: qué revela el nuevo informe de Pew Research

Un nuevo estudio de Pew Research Center confirma una tendencia que ya es visible en todo el ecosistema tecnológico: cada vez más personas usan inteligencia artificial, pero la percepción sobre sus riesgos sigue deteriorándose. La privacidad, el trabajo y el impacto ambiental aparecen entre las principales alertas.

“La historia de la tecnología está llena de innovaciones que primero seducen y después inquietan”, podría resumir el momento actual de la inteligencia artificial generativa, una industria que avanza con una velocidad comparable a la de la expansión de Internet en sus primeros años. En ese marco, un nuevo estudio de Pew Research Center vuelve a poner sobre la mesa una paradoja cada vez más visible: la IA se usa más que nunca, pero también despierta más desconfianza.

Los datos fueron divulgados recientemente en el informe Americans and AI 2026. Aunque recoge la mirada de adultos en Estados Unidos, sus conclusiones funcionan como una referencia amplia sobre el alcance y la percepción de los sistemas de IA, entre ellos ChatGPT de OpenAI, Google Gemini y Claude de Anthropic.

El miedo a la inteligencia artificial crece, pero el uso de esa tecnología se dispara

“Cada vez más personas utilizan chatbots (…) pero las opiniones sobre la IA y su rápido avance tienden a ser negativas, incluso entre los adultos más jóvenes”, señalaron desde Pew Research. El diagnóstico recuerda a otras oleadas tecnológicas, como la irrupción de las redes sociales o de los smartphones, que primero se incorporaron masivamente a la vida cotidiana y luego comenzaron a ser cuestionados por sus efectos secundarios.

El crecimiento de estos sistemas queda reflejado en un dato central: 49% afirmó que usa inteligencia artificial, frente al 33% registrado en 2024. Dentro de ese universo, un 12% indicó que recurre a estas herramientas varias veces al día y un 4% aseguró que las utiliza de manera “casi constante”. Entre las plataformas más elegidas aparecen ChatGPT, Gemini, Copilot de Microsoft y Meta AI.

Los encuestados dijeron que emplean IA para buscar información (40%) y para automatizar tareas laborales (38%). Además, seis de cada 10 mencionaron que aprovechan los resúmenes con inteligencia artificial en el buscador de Google, una función que desató polémica entre editores de sitios web, por el posible desvío de tráfico y el impacto sobre el modelo de negocios del periodismo digital.

La popularidad de la IA no se limita a Estados Unidos. Según un reporte de Microsoft, en Argentina la usan dos de cada 10 personas, lo que confirma que la tecnología ya se instaló como herramienta de uso cotidiano en distintos mercados, aunque con distintos niveles de madurez y adopción.

La paradoja señalada por el informe se profundiza en esta conclusión: los modelos de IA son cada vez más populares, pero eso no significa que sean “queridos”. La expansión del uso convive con una percepción ambivalente, donde la conveniencia pesa más que el entusiasmo genuino.

El principal foco de preocupación es la privacidad y el resguardo de la información compartida en las interacciones con las máquinas. El 71% dijo que el uso de chatbots hará que sus datos sean menos seguros. Y esas inquietudes provienen, precisamente, del segmento que más usa estas herramientas: los menores de 30 años. En otras palabras, los usuarios más familiarizados con la IA no necesariamente son los más confiados.

A ese cuadro se suman otras críticas que ya forman parte del debate global: el consumo energético y de agua de los centros de datos, el impacto ambiental del entrenamiento de modelos cada vez más grandes y el eventual desplazamiento de tareas humanas en el mercado laboral. Son debates que la industria conoce bien desde el auge del cómputo en la nube y que se intensificaron con la llegada de la IA generativa.

Análisis y proyecciones: la evolución reciente sugiere que la adopción de la IA seguirá creciendo por una razón simple: reduce tiempos, automatiza tareas y mejora el acceso a información. Sin embargo, como ocurrió con otras tecnologías de plataforma, el salto de uso suele ir seguido por una fase de regulación, cuestionamiento público y mayor exigencia de transparencia. Si se consolidan los reclamos por privacidad, derechos de autor, empleo y sostenibilidad, es probable que gobiernos y empresas se vean obligados a introducir más controles, mejores avisos de uso y nuevas salvaguardas para datos personales. En paralelo, el mercado podría dividirse entre usuarios que adoptan la IA por utilidad y sectores que demandan garantías más estrictas para confiar en ella.

Evolución reciente del tema: en los últimos años, el debate sobre inteligencia artificial cambió de eje. Primero dominó la fascinación por los modelos capaces de generar texto, imágenes y código; después comenzaron a ganar terreno las preocupaciones por los errores, las “alucinaciones”, el uso de datos para entrenamiento y la concentración de poder en pocas empresas. La postura de los actores principales también se transformó: las tecnológicas pasaron de presentar la IA como una promesa casi incuestionable a insistir en la idea de “IA responsable”, mientras reguladores y usuarios exigen más controles. El informe de Pew encaja en ese giro: la tecnología ya no se discute sólo por lo que puede hacer, sino por las condiciones en que lo hace y por quién asume sus costos.

La conclusión final del informe parece ser clara: los beneficios que ofrecen estas tecnologías —sumados a la curiosidad de los usuarios— hoy pesan más que los recelos que despiertan. Pero la distancia entre adopción y confianza todavía parece amplia, y esa brecha será uno de los grandes desafíos de la industria en los próximos años.

fuente: GOOGLE NEWS

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