
En un giro dramático y sin precedentes en la gestión de Gianni Infantino, la FIFA anunció el cierre definitivo del proyecto FIFA Forward Enterprise (FFE). La iniciativa, que buscaba abrir el negocio comercial de la Copa del Mundo a capitales privados, colapsó apenas cuatro días después de su presentación ante una resistencia unánime que amenazaba con fracturar el fútbol mundial.
El plan que encendió la mecha
El proyecto FFE contemplaba la creación de una sociedad comercial valuada en 20.000 millones de dólares. La intención de la FIFA era vender aproximadamente el 20% de esta entidad a inversores privados a cambio de una inyección inmediata de 4.200 millones de dólares. Como “anzuelo” para obtener el apoyo de las federaciones, se prometía un bono extraordinario de 20 millones de dólares para cada una de las 211 asociaciones miembro a inicios de 2027.
Gianni Infantino
Sin embargo, lo que Infantino presentó como una herramienta de desarrollo para países con menos recursos fue interpretado por las potencias del fútbol como una “hipoteca del futuro”.
Una rebelión sin fronteras
La oposición fue liderada por la UEFA, que calificó el mecanismo de “ultimátum” y amenazó formalmente con retirar a sus 55 selecciones de todas las competiciones organizadas por la FIFA si el plan prosperaba. A esta postura se sumaron la Concacaf y la Confederación Asiática (AFC), dejando a la propuesta sin el consenso mínimo necesario para sobrevivir.
Incluso dentro del círculo íntimo de Infantino, la crisis fue total. Carlos Cordeiro, asesor principal del presidente y ex titular de la Federación de Estados Unidos, presentó su renuncia con críticas demoledoras, asegurando que “vender una participación permanente en el activo más preciado del fútbol no tiene sentido”. Por su parte, Kevin Lamour, director de operaciones de la FIFA, fue más allá al denunciar que la administración fue marginada de un plan que calificó como “el proyecto de una sola persona”.
“Acuerdos turbios y opacos”
Tras confirmarse la marcha atrás, la UEFA emitió un comunicado inusualmente duro. El organismo europeo celebró la retirada del plan como una “victoria para todo el fútbol”, pero arremetió contra la transparencia de Infantino, calificando el proceso como un “acuerdo turbio, urdido a puerta cerrada y opaco”. Según la UEFA, la actual dirección ha perdido la confianza de gran parte de la familia del fútbol.
Por su parte, la FIFA intentó suavizar el impacto en su comunicado oficial, admitiendo que el proyecto había generado “divisiones” que ya no estaban alineadas con el objetivo original de unir el deporte.
Un golpe político a largo plazo
Este episodio marca la primera gran derrota política de Infantino desde que asumió la presidencia en 2016. Aunque la Conmebol mantuvo una postura cautelosa solicitando información adicional, la soledad del mandatario suizo frente al bloque europeo y asiático deja una señal de debilidad de cara a las elecciones de marzo de 2027.
La Copa del Mundo, considerada por muchos el “legado más grande del fútbol”, ha quedado, por ahora, fuera del alcance de los inversores privados. Como sentenció el comunicado de la UEFA: “El fútbol no está en venta”.
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