
En el fondo del Mar Rojo, frente a las costas de Egipto, descansan los restos de uno de los naufragios más famosos del mundo: el SS Thistlegorm. Con el tiempo, el casco del barco y su cargamento se transformaron en un arrecife artificial que alberga gran variedad de organismos marinos.
La historia de estos restos de barco convertidos en refugio de la vida marina comienza la noche del 6 de octubre de 1941, cuando dos bombarderos Heinkel He 111 que buscaban al Queen Mary, divisaron luces de un barco y decidieron soltar sus bombas. Una de ellas entró en la bodega de municiones del SS Thistlegorm y lo hundió en pocos minutos.
El ataque, realizado durante la Segunda Guerra Mundial, provocó una detonación masiva que partió el buque en dos y lo envió al fondo del mar en cuestión de minutos.
Nueve de las 50 personas que iban a bordo murieron y las demás fueron rescatadas por la tripulación de un barco que navegaba en las cercanías. El barco, en cambio, quedó en el fondo del mar y recién sería descubierto en los años 50 por el famoso oceanógrafo y divulgador Jacques Cousteau.
En el interior de los restos del SS Thistlegorm permanecen camiones, motocicletas, botas militares, rifles y piezas de aviones que eran llevados a las tropas aliadas ubicadas en el norte de África. A unos 30 metros del naufragio, en el lecho marino, también están los restos de dos locomotoras que iban en la cubierta.
En los años 50, Cousteau localizó al naufragio, pero su ubicación exacta recién sería establecida cuarenta años después. Desde entonces, es un destino habitual para los amantes del buceo, que llegan desde todo el mundo.

En el arrecife artificial formado por los restos del buque, a unos 30 metros de profundidad, viven peces león y murciélago, barracudas, morenas y tortugas marinas, entre unas 70 especies identificadas. Uno de los habitantes más curiosos es el llamado pez cocodrilo, un depredador camuflado que permanece inmóvil en el fondo esperando a sus presas.
Claro que, para preservar el ecosistema del buque y la vida de los buzos, cualquier que se aventure a sus profundidades debe tener al menos 20 inmersiones registradas para poder visitar SS Thistlegorm.
Como con otros hallazgos y atracciones donde interviene la naturaleza, el turismo excesivo representa una verdadera amenaza para las especies de ese ecosistema.
Expertos del Thistlegorm Project llegaron hasta los restos del naufragio para crear una instantánea de su estado y así poder monitorear un mayor deterioro. Los buzos pasaron 13 horas y 45 minutos en el agua, fotografiando meticulosamente cada parte del barco.

Mediante una técnica llamada fotogrametría 3D, superpusieron más de 24.000 imágenes para crear un mapa 3D. Al cartografiar el Thistlegorm y generar conciencia sobre este naufragio mundialmente famoso, los expertos esperan ayudar a preservarlo para las generaciones futuras.
—



