
Hasta hace poco, la idea de que una máquina pudiera construir una versión ligeramente mejor de sí misma sólo aparecía en sagas cinematográficas. Sin embargo, ahora la empresa Anthropic asegura que es lo que está sucediendo con su chatbot, lo que generó tanta expectativa como temores y confusión… ¿realmente la inteligencia artificial está volviéndose mejor por propia voluntad?
Con un título deliberadamente provocador: When AI Builds Itself (“Cuando la IA se construye a sí misma”), la empresa responsable de Claude sostuvo que la plataforma ya participa de manera significativa en el desarrollo de sus propios sucesores. Es decir, que comenzó una suerte de bucle por el cual lo sintético estaría evolucionando.
Sin dudas es una afirmación inquietante aunque quizás no por las razones que el hype tecnológico nos quiere vender. Habitamos una cultura obsesionada con la novedad pero, en una mirada más amplia, descubrimos que seguimos estancados en las mismas estructuras sociales, económicas y humanas. El mundo no es más justo ni más inteligente que antes del surgimiento de Chat-GPT. Sólo se profundizaron las diferencias de siempre.
Habitamos una cultura obsesionada con la novedad, pero descubrimos que seguimos estancados en las mismas estructuras.
¿Qué significa que una inteligencia artificial “mejore”? Puede ser que responda con mayor velocidad a determinados pedidos, que procese volúmenes de datos antes inmanejables o que detecte patrones antes invisibles. Sin dudas, son optimizaciones técnicas formidables pero ninguna implica, por sí sola, un cambio en su naturaleza ni en la naturaleza de nuestra realidad.
Apelar a la normatividad para justificar nuestra sensación de que todo está cambiando radicalmente no es nuevo. La historia de la técnica está plagada de este equívoco. Cuando Johannes Gutenberg perfeccionó los tipos móviles en el siglo XV, la imprenta no dejó de ser una prensa mecánica; lo que cambió fue la distribución del conocimiento. Y el procesador más veloz que conocemos continúa obedeciendo a la misma lógica binaria que imaginó Got-tfried Leibniz en el siglo XVII. No toda acumulación cuantitativa produce una ruptura cualitativa.
Sin embargo, frente a las pantallas parecemos sufrir una amnesia histórica. Cada incremento de capacidad es interpretado como la evidencia de que estamos a las puertas de algo único y novedoso, a lo que le ponemos nombres pomposos como “post-humanidad” o “singularidad”.
Entender que un desarrollo innovador no es “mejorarse a sí mismo” puede ser nuestro acto de resistencia intelectual a las nuevas mitologías de Silicon Valley.
¿Por qué experimentamos la necesidad de convertir cada novedad técnica en una revolución absoluta? A veces, estos debates ocultan las conversaciones que debemos tener sobre nuestra responsabilidad ante el futuro. El riesgo no es que las máquinas adquieran conciencia y nos esclavicen sino que un puñado de corporaciones concentren el control del cómputo y la infraestructura de esta tecnología.
De confirmarse, el “recursive self-improvement” de Claude puede ser un avance tecnológico relevante pero no será el fin de la historia humana. Entender que un desarrollo innovador no es “mejorarse a sí mismo” puede ser nuestro acto de resistencia intelectual a las nuevas mitologías de Silicon Valley que buscan evitar que usemos una de las habilidades más humanas, el criterio.
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fuente: Inteligencia Artificial: puede ser que se esté mejorando a sí misma?”> GOOGLE NEWS



