
A cuatro años del Mundial 2022, Argentina vuelve a picantear a Francia. Pero lejos de las arenas de Qatar, este partido se juega en Lules, en pleno pedemonte tucumano. Desde allí, ya son dos los envíos que llegaron recientemente a la Unión Europea (UE) —4.200 kilos de ají picante y 105 kilos de berenjena—, como parte de una prueba piloto con destino a París, la meca de los alimentos gourmet.
El emprendimiento liderado por la tucumana Aracelis Tarascio (29) busca abrir camino a la exportación de hortalizas premium y conquistar —con los sabores de su tierra— al consumidor francés. “Yo siempre soñé con exportar. Desde que soy chiquita decía que quería vender fuera del país”, cuenta esta licenciada en Administración de Empresas, con maestría en Finanzas, que dejó el mundo corporativo para apostar por un proyecto con identidad propia, anclaje local e impronta social. El envío incluso tuvo un eco inesperado en redes: el presidente Javier Milei marcó “Me gusta” en una publicación sobre la exportación.
La génesis del proyecto no nació en los cerros de su Lules natal, sino en Francia. Tras obtener una beca para realizar una maestría, Tarascio se instaló en París, donde combinó estudios, trabajos ocasionales y sus primeras experiencias en el comercio internacional. Intentó inicialmente vincularse a la exportación de carne, ligada al negocio familiar, pero las trabas burocráticas frustraron ese camino. “Yo quería exportar carne, porque mi familia tiene carnicería y siempre estuvimos vinculados a esa cadena. Lamentablemente fue muy difícil y no se pudo”, resume. Ese traspié la empujó a mirar hacia el mundo de los alimentos frescos.

El contacto con productores, ferias internacionales y organismos de promoción fue decisivo. A través del IDEP Tucumán participó de una feria en Dubái, donde conoció productores de frutas tropicales y ajíes picantes, y comenzó a vincularse con el comercio internacional. “Ahí empecé a decir: ‘yo quiero hacer frutas’. Y de a poco fui aprendiendo, agarrando una fruta y otra, hasta crear la empresa”, recuerda esta luleña radicada en París, fundadora de la firma Tropic Fresh.
El giro definitivo llegó tras un diálogo clave con su padre y una decisión de producir en su lugar de origen. Frente a la estacionalidad del trabajo rural en Lules, Aracelis apostó por una producción intensiva con generación de empleo local. Con experiencia previa en exportaciones desde República Dominicana, inició una búsqueda que la llevó por semilleras de Europa y Medio Oriente, hasta dar con una variedad de ají picante —de genética asiática— con demanda en la alta gastronomía francesa.
“El sabor y el perfil sensorial son la base: buscamos ajíes con picante, dulzor y aroma característicos, que se distingan en mercados gourmet y restaurantes”, explica Fernanda Martínez Arias, ingeniera agrónoma a cargo del asesoramiento técnico del emprendimiento. La condición de hortaliza “premium” se sostiene en criterios estrictos de calidad: color uniforme, firmeza, tamaño parejo, ausencia de defectos y un sabor destacado, con una selección rigurosa tanto en el campo como en el empaque.

Según Martínez Arias, el cultivo se adapta bien al clima tucumano y muestra un comportamiento agronómico prometedor, aunque el proyecto aún se encuentra en una etapa de ajuste productivo propia de una primera campaña.
En un contexto de expectativa por los avances en el acuerdo entre la UE y el Mercosur, ambas destacan el potencial de los cultivos alternativos para diversificar la producción de una provincia históricamente asociada al limón y la caña, generar empleo en contra estación y abrir nuevas oportunidades de exportación de alto valor agregado.
El desafío de producir para Francia
Francia es uno de los mercados más selectivos y sofisticados del mundo en alimentos frescos premium. La vara estética y sanitaria es muy alta. “Te piden fruta estéticamente perfecta, como de plástico, todo del mismo tamaño y bien calibrado”, explica Aracelis.
Otro aspecto clave es la sustentabilidad y la trazabilidad. El proyecto ya incorpora prácticas responsables y apunta a sumar certificaciones ambientales. “Yo no uso plástico y todo lo que puedo reciclar, lo reciclo. También se fijan mucho en la trazabilidad: vos comprás una caja y sabés que ese ají fue cosechado por manos tucumanas y todo el camino que hizo hasta llegar a un restaurante frente a la Torre Eiffel”, cuenta.
El camino exportador, sin embargo, no está exento de obstáculos. A diferencia de otras experiencias que tuvo en el exterior, Aracelis se encontró en Argentina con un entramado administrativo más engorroso. “Yo exporté desde otros países y acá fue más difícil”, reconoce.

Al mismo tiempo, valora el acompañamiento del Senasa Tucumán, que siguió de cerca el proceso y ayudó a destrabar las habilitaciones necesarias. “Desde Tucumán nos apoyaron muchísimo”, subraya, y destaca el trabajo de los equipos técnicos locales, que —asegura— fue clave para que el proyecto diera sus primeros pasos en el mercado europeo.
Y aunque la vara de calidad es muy alta, el trato cercano y la calidez norteña también pueden inclinar la cancha. Aracelis lleva sus raíces con orgullo y se siente una embajadora informal en París. “Yo tengo un camión y hago todos los repartos. En el mercado me llaman ‘la chica argentina’ o ‘la chica del picante’. Muchos no saben ni pronunciar mi nombre”, cuenta.
Porque en un mercado donde abundan productos perfectos, una buena historia —detrás de cada contenedor— puede transmitir calidez y diferenciarse de la lógica fría de una empresa convencional.
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