
Desde el retorno de la democracia sólo hubo un experimento de gobierno bicéfalo o con doble comando: el de Néstor Kirchner y Cristina Kirchner, dos cuadros políticos del peronismo que se repartieron el poder, y hasta se alternaron en la Presidencia.
Actualmente se da el segundo caso, el de Javier Milei y Karina Milei, sin experiencia política hasta 2021. Aquélla presentación en sociedad de su hermana, calificándola como “El Jefe”, al parecer era literal y quedó expuesto por estos días en el peor momento de la imagen del Gobierno por los problemas políticos y económicos.
Si alguien busca saber cuál fue la última actividad en la que se vio al Presidente, el sitio oficial de la presidencia, “Casa Rosada”, remite al 7 de agosto, en su discurso ante la Cámara de Comercio de Cali, Colombia, cuando asistió a la asunción de Abelardo de la Espriella. Más allá de su permanente participación en la red social “X” o de alguna entrevista, en los últimos nueves días no hubo imágenes oficiales del mandatario en reunión alguna en Casa Rosada u Olivos. Un estilo, cuanto menos, innovador.
Como contrapartida, quien estuvo hiperactiva es Karina Milei. Durante esos nueve días, encabezó la reunión de la Mesa Política, que incluye a Santiago Caputo, durante la cual se decidió que todos los proyectos políticos pasen por ese ámbito para evitar derrotas legislativas como el proyecto de venta de tierras a extranjeros promovido por Federico Sturzenegger. Lo paradójico es que la iniciativa del ministro desregulador fue aprobada por Milei.
“El Jefe” también decidió que, a falta de las reuniones de gabinete encabezadas por el Presidente, la mesa reciba a ministros por separado para hablar de su gestión. También habló con Mauricio Macri y puso en marcha una mesa de armado electoral entre La Libertad Avanza y el PRO, reunión a los legisladores bonaerenses e inauguró un local del espacio libertario bonaerense en Capital, arengando: “Vamos a seguir trabajando para mejorar cada lugar de cada argentino”. Más de un libertario se pregunta, ¿Karina Milei puede ser candidata a presidente, como lo fue Cristina tras el primer mandato de Néstor Kirchner?

Karina se sostiene en dos columnas: la riojana con Eduardo “Lule” Menem y Martín Menem; y la que encarna Diego Santilli.
El jefe de Gabinete es el mentor del contacto entre Karina y Macri. Testigo de una situación política compleja, con un acuerdo resbaladizo con los gobernadores aliados que cada vez exigen negociar por más, cree que es necesario ampliar el oficialismo. Quizás, recrear una suerte de Juntos por el Cambio pero con otro nombre y la conducción del apellido Milei con el PRO, los radicales y los peronistas no kirchneristas.
Hacia allí se dirige el entramado electoral en la provincia de Buenos Aires. El PRO de Cristian Ritondo da por hecho un acuerdo detrás de “Santilli gobernador”. Si por él fuera, ya habría sumado al radicalismo, sobre todo al sector mayoritario que conduce Maximiliano Abad. “Estamos en eso”, dicen en el entorno del armador Sebastián Pareja. “Todavía no hay nada concreto”, replican en la UCR. Pero es una construcción bonaerense, no nacional.
Hay quienes observan similitudes con el 2018, cuando las quejas por la situación económica se multiplicaban en los timbreos que practicaba el gobierno de Macri para no perder el puente con la realidad. En ese entonces, desde las entrañas de Cambiemos, le reclamaban a Macri y a su jefe de Gabinete Marcos Peña ampliar la coalición y abrir unas PASO para hacerlo más competitivo. No hubo caso y la mala lectura de polarizar con el kirchnerismo permitió que un año después volviera Cristina Kirchner acompañando a Alberto Fernández.

Aliados y contrincantes
Macri ya no confía en los Milei. La candidatura de Hernán Lacunza, responde a una idea que viene procesando el expresidente de competir con un candidato nacional propio para retener el voto PRO. El macrismo tiene apenas 12 diputados -varios se fueron a LLA con Patricia Bullrich-, de los cuales a 6 les vence el mandato el año que viene, entre ellos Ritondo. Y cuenta con apenas 3 senadores, pero 2 finalizan su mandato en 2027. Probablemente el peor momento del partido amarillo desde el 2015 cuando llegó a la Casa Rosada..
Milei cuenta con algunas ventajas respecto del Macri de 2018. Tiene la macroeconomía controlada, con un importante flujo de inversiones en el sector energético y minero además del porte del agro, y enfrente tiene a un kirchnerismo devaluado detrás de la figura de Axel Kicillof.
Hizo demasiado ruido la cumbre peronista en un hotel de la zona de Retiro, en una picada con cena que se extendió mucho más de lo que los comensales preveían. Incluso, varios tuvieron que avisar que se demorarían más de lo previsto. Allí se reunieron algunos cuyos vínculos parecen irreconciliables como Kicillof y Máximo Kirchner. También Sergio Massa, los gobernadores peronistas y aliados y los jefes de los bloques. Sólo el llamado del poder -o los problemas que exhibe el Gobierno-, pueden lograr la realización de este encuentro. No hubo definiciones electorales. Desde la provincia Carlos Bianco, mano derecha de Kicillof, bajó la línea de que el proyecto presidencial del gobernador sigue vigente al igual que la disputa interna.

Milei viene repitiendo que el año que viene “compito contra mi mismo”. Parece ser una actualización de la frase atribuida a Carlos “Chacho” Alvarez, quien aseguraba que “una elección la pierde el gobierno, no la gana la oposición”.
La magnitud del endeudamiento y de una morosidad histórica convierten a este fenómeno en una variable que podría llegar a influir en las elecciones del próximo año. Si bien el país ha transitado recurrentemente en crisis económicas, ante los reclamos de la sociedad siempre había indiferencia por parte de las bancos y solidaridad, aunque muchas veces demagógica, por parte de la política. Esta vez, a la apatía de las autoridades bancarias y de las billeteras privadas, que han prestado a tasas exorbitantes que en algunos casos han llegado al 800% anual frente a una inflación del 30 o 40%, hay un correlato en el oficialismo cuando dice que se trata de un asunto entre privados.
Lo expone el propio ministro de Economía, Luis Caputo, cuando días atrás dijo que “no hay que confundir la empatía con las políticas públicas”. La experiencia del kirchnerismo ha demostrado que el populismo o el clientelismo no solucionan absolutamente nada, lo empeoran. Pero la empatía de cualquier Gobierno debería ser con todos y en función de mejorar la calidad de vida de los argentinos. Y eso se hace a través de las políticas públicas, no prometiendo los mejores 18 meses de la historia argentina que aún no han llegado.
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