
Desde Yomel aseguran que los cambios en el manejo del cultivo impulsan una mayor demanda de tecnologías para heno, conservación en húmedo y exportación. La empresa observa un crecimiento sostenido tanto en los sistemas de carne como de leche y destaca el potencial del mercado forrajero.
La evolución de los sistemas ganaderos está impulsando un cambio de paradigma en el manejo de los forrajes, con la alfalfa como uno de los principales motores de esa transformación. Así lo sostuvo Gustavo Cichello, gerente de Yomel S.A., quien explicó que la empresa orienta el desarrollo de sus equipos pensando primero en las necesidades del animal y luego en las tecnologías necesarias para producir y conservar alimento de calidad.
«Nuestra visión es sobre el animal directamente. Después, dónde va a ir nuestra máquina a producir y acompañar todo lo que tenga que ver con métodos de conservación es un desglose distinto», resumió el directivo al explicar la estrategia de la firma.
Según Cichello, durante los últimos diez años los productores modificaron significativamente el manejo de la alfalfa, considerada hoy la especie base en la alimentación de los rodeos por su aporte de fibra y contenido nutricional. Ese cambio se refleja tanto en la confección de heno como en la adopción de sistemas de conservación en húmedo.
«Los tratamientos sobre ese cultivo ya no son solamente para heno, sino también para todo lo que tiene que ver con conservación en húmedo. Hoy estamos trabajando prácticamente un 50% con rodeos de carne y un 50% con rodeos de leche», señaló.
El ejecutivo remarcó que la incorporación de estas tecnologías tuvo una rápida aceptación entre los productores. «El método de conservación ha sido muy bien aceptado y los logros obtenidos generan un grado de satisfacción enorme, lo que se traduce en una creciente demanda de consultas y posteriormente de negocios», afirmó.
Exportación: una oportunidad que impulsa nuevas inversiones
Otro de los ejes que gana importancia es la exportación de alfalfa. Cichello recordó que Yomel comenzó a trabajar en ese mercado hace casi dos décadas y destacó que hoy existen condiciones mucho más favorables para desarrollar el negocio.
«Hace casi veinte años iniciamos esta aventura de querer exportar alfalfa y hoy el abanico de oportunidades realmente es muy propicio para el negocio», indicó.
Explicó que el crecimiento de las plantas procesadoras y exportadoras también modificó las exigencias de calidad. Actualmente, señaló, se requieren rollos de alto valor nutricional para cumplir con contratos internacionales, lo que demanda nuevas intervenciones y maquinaria específica durante el proceso de confección.
Microsilos para reducir el riesgo climático
En ese contexto, la empresa también apuesta al desarrollo de tecnologías para conservación mediante microsilos, una alternativa que retomó hace siete años luego de haber quedado relegada durante décadas.
Cichello explicó que la experiencia acumulada y los cambios en las condiciones climáticas permitieron rediseñar la propuesta tecnológica.
«La ventaja competitiva que estamos ofreciendo es adelantar los tiempos de cosecha para lograr una conservación que mantenga la misma calidad que tiene la planta en pie incluso un año después», sostuvo.
A su entender, esta estrategia permite reducir el impacto de las variaciones climáticas, uno de los principales factores de riesgo para la producción forrajera.
«Somos quienes estamos apostando a esa cadena forrajera para tratar de sortear los eventuales problemas climáticos que aparecen campaña tras campaña», agregó.
Financiamiento: decisiones basadas en números
En materia de inversiones, el directivo consideró que los proyectos vinculados a maquinaria para forrajes presentan períodos de recuperación relativamente cortos cuando se analizan sobre superficies con base alfalfa.
Según explicó, en muchos casos el retorno del capital puede alcanzarse en aproximadamente dos años y medio, por lo que estimó que los esquemas de financiamiento deberían contemplar plazos mínimos de tres años.
Asimismo, reconoció que las tasas de interés siguen siendo un factor que condiciona las decisiones de compra, aunque destacó que cada vez más productores analizan la inversión sobre la base de sus propios costos.
«Hoy me estoy dedicando a sentarme con el productor y hacer números. Ajustamos los costos de acuerdo con su estructura de producción y eso termina definiendo si da o no el paso hacia la inversión», concluyó.




