
Un encuentro informal reunió a empresarios especializados en logística de transporte de alfalfa con mucha experiencia en varios países del Golfo. Al saber producir hay que asociarlo a llegar a destino cumpliendo acuerdos.
Fue una primera aproximación para que conecten dos eslabones de un negocio que crece año tras año en nuestro país: la exportación de alfalfa a países del Golfo. En el auditorio, dos decenas de técnicos y productores forrajeros, que comienzan a tener dominio del manejo de la producción de alfalfa, pusieron su atención en los desafíos que impone comerciar con un cliente que sale de lo convencional: se trata de unos 8 países del Golfo, muchos de ellos conformados por pueblos nómades que se instalaron en esa región hace poco más de 50 años. Y para hacer más complejo el panorama, desde hace unos meses es escenario de conflicto bélico entre Estados Unidos y la República Islámica de Irán.
Omar Haffar es el titular de Maktub Global, una empresa que en su portal en inglés propone: “Nuestro equipo multicultural representa lo mejor de dos mundos: la creatividad y la calidez latinoamericanas, y la visión y la resiliencia de Oriente Medio”, y para iniciar la conversación señala: “Queremos compartir con ustedes la cultura y los criterios que poseen las economías con las que comerciamos”.
Los argentinos tienen alta estima en viajar y salir a conocer el mundo pero Oriente aparece como una región inasible, compleja, solo amenizada por los cuentos medievales contenidos en Las mil y una noches. En el pensamiento local surge la necesidad de encontrar embajadores, representantes, intermediarios que faciliten el negocio.
“Nuestra empresa está conectada con unos 3500 millones de habitantes, de Oriente Medio, India y otros importantes países de la región que han tomado la decisión de producir leche y proteína animal a cierta escala”, describe Haffar y para dar porte a la demanda actual y potencial señala que Emiratos Árabes Unidos importa 120 mil toneladas de heno y fardos, de los cuales Argentina asistió en 2025 de solo 10 mil y Arabia Saudita es el principal exportador mundial con 620 mil toneladas y es el principal destino de las exportaciones locales con 120 mil.

Eso es un dato actual pero tiene mucho potencial aun para crecer: “En el medio del desierto hay tambos de 30 mil vacas en ordeñe y muy pronto habrá en marcha otro que tendrá 50 mil vacas y la expectativa es que crezca mucho también en el sudeste asiático”, hacer saber Omar Haffar.
Entre 35 y 60 días deben llegar a destino y en determinadas condiciones y para ello lo más importante es dar dimensión a los costos y los tiempos de la logística. El fardo se pone en un contenedor en Argentina y tiene que hacerlo en un tiempo determinado y en condiciones aptas para que llegue y lo aprueben los compradores.
Andrés Senetiner es un médico veterinario argentino que trabaja en la cría de cabras en una explotación agropecuaria en Fuyaira (EAU), e Ignacio albornoz cría caballos para polo y son solo dos de los muchos destinos alternativos para la reina de las forrajeras.

La llegada del pasto es al consumidor final a través de intermediarios y en una amplia diversidad de idiomas que se posibilita a través de comerciante o en ferias y muestras donde se exponen las virtudes de una pastura muy nutritiva venida desde el sur profundo.

La alfalfa argentina es apreciada más bien por su potencial y está producida a contra estación de los países exportadores clásicos, solo Estados Unidos puede competir pero tiene algunos problemas con el agua, describe Haffar. “Argentina puede ser el jugador #1 si vence las dudas y la apertura a conocer y comerciar con destinos no tradicionales, no debe temer al desconocimiento. Córdoba, Buenos Aires, Entre Ríos y Mendoza pueden transformarse en centros importantes de oferta de pasto de calidad y ser apreciado en el Golfo es un certificado mundial para cualquier comerciante”, asegura.
Los requerimientos
Haffar dice que los requerimientos son los tradicionales, no hay procedimientos de plantas pues es un insumo y solo China, a veces cambia los requerimientos, pero en eso hay que estar atentos. “El tratamiento al forraje es controlar las malezas, sin materias extrañas (un 5%), humedad del 14% y una nutrición determinada de proteína. Con certificado de origen y análisis de laboratorio y de allí hay que encuadrarla en una de las cinco calidades de alfalfa”, recorre.

“Una cosa es hacer alfalfa para el mercado interno y otra para exportar. Para exportar se puede meter 22 toneladas en un contenedor y puede llegar a 26 tns. Un contenedor vale lo mismo si se carga con 15 o con 28 toneladas”, previene Haffar y apunta que se está trabajando sobre las dificultades de frecuencia marítima para llevar carga. “A lo mejor, un trasporte pasa a Ciudad del Cabo y llega al Golfo reduciendo 20 días”, ilustra.
La demanda es anual y Argentina tiene pocos competidores en el Cono Sur, no hay maquinaria ni tierras disponibles. En Sudáfrica están iniciando sus primeros pininos en el negocio pero aparecen como futuros competidores en el negocio.
“Cuando se produce, hay que pedir el contenedor y hacer aduana en lugar próximo y se cierra el contenedor para enviarlo al exterior. Mandar 5 contenedores tiene el mismo costo que enviar 20 contenedores, los costos de gestión y administración son los mismos, y es por ello que hay que unirse y hacer sinergia para ganar escala”, recomienda.
En Córdoba, cuando hay lluvia entre los cortes se han instalado secadoras y subirlo con más humedad puede ser más problemático. Es importante que haya una megacompactadora para armar la cadena, requiere un trabajo previo, un estudio minucioso, expone el titular de Maktub Global.

Cuidar la proporción entre tallo y hojas, y evitar un porcentaje elevado de malezas. Los precios serán los que se acuerden con el comprador por calidad, volumen y puesta en el sitio convenido. Las inversiones pueden ser de un porte importante pero como en cualquier otra actividad, asociarse es una regla clave.
Por Osvaldo iachetta / Redacción Todoagro



