
La adolescencia es una etapa de transición que conecta la infancia con la adultez, que se vive con mucha intensidad emocional, impulsividad y una búsqueda de identidad. La manera de acompañar a los hijos en este periodo es un verdadero desafío para los padres.
El sitio Psicología y Mente afirma que la búsqueda de independencia de los adolescentes a menudo los lleva a volverse más reacios a compartir sentimientos, pensamientos y experiencias con sus padres.
“Por este motivo, uno de los desafíos más destacados en la crianza de los adolescentes es la comunicación efectiva. Porque la falta de comunicación puede dar lugar a malentendidos y conflictos”, agrega el sitio.
Jorge Mostolac es psicólogo, fundador de SurMente Psicología, donde acompaña a niños, adolescentes y familias en su desarrollo emocional y conductual. Se puede ver su trabajo en la página web de la organización o en la página de Instagram.

Entrevistado por el sitio de noticias Heraldo, Jorge Mostolac de Zaragoza, España, expresó: “Si cuestionamos y juzgamos lo que nos dicen nuestros hijos, cada vez nos contarán menos”.
El primer consejo, entonces, es “saber escuchar pero hacerlo de verdad, que sea una escucha real, sin interrupciones y, lo más importante, sin emitir juicios (aunque no compartamos lo que nos está contando)”.
Advierte que “si siempre lo criticamos, esto producirá una falta de confianza cada vez mayor y nos contarán cada vez menos”. Aclara luego que hay que diferenciar entre juzgar y opinar: “podemos decirles a nuestros hijos que no pensamos igual que ellos; de hecho, debemos expresarlo, pero siempre desde un estilo de comunicación asertivo”.
La segunda premisa pasa por “prestar atención plena a la conversación que estamos manteniendo con el adolescente”. Mostolac dice que tendemos a hacer todo con las pantallas delante, incluso sin mirar a los ojos a la otra persona. Hay que evitarlo.
Por otro lado, afirma que “hay ciertas frases que recomiendo evitar porque suelen cerrar la comunicación en lugar de abrirla. En esta etapa, ellos están especialmente sensibles a sentirse juzgados o malinterpretados, y algunas expresiones (aunque no las digamos con mala intención) pueden generar rechazo”.
Por ejemplo, la frase “a tu edad yo ya hacía tal o cual cosa”, porque, según el psicólogo, las comparaciones no les ayudan, más bien les hacen sentirse insuficientes. También desaconseja utilizar etiquetas para referirse a su carácter porque puede dañar la autoestima y cerrar cualquier posibilidad de diálogo.

El equilibrio es fundamental: “Cuando presionamos a un adolescente para hablar, normalmente se cierra, pero si esperamos a que siempre sean ellos los que den el paso, corremos el riesgo de que no lo compartan. Hay que estar disponibles sin invadir”.
—



