
Desde hace años, varias investigaciones tratan de determinar cuánto debe durar la siesta para que resulte efectiva a la hora de recuperar fuerzas, luego del almuerzo. Varios estudios, incluyendo uno de la NASA y otro de la Universidad de Harvard, coinciden en que debe ser breve y no extenderse más de 20 minutos.
En este sentido, la NASA propuso la ya famosa coffee nap que consiste en tomar un café de la siesta, para que la cafeína actúe en unos treinta minutos y funcione como un despertador natural.
El doctor Joaquín Durán-Cantolla (@dr.durancantolla), médico neumólogo y experto en sueño, coincide con estas investigaciones y en un video difundido por TikTok expresa: “La evidencia indica que la siesta debe ser corta y fuera de la cama”. Explica que “no debe extenderse más de 10 o 15 minutos, y preferiblemente, hay que dormir en un sofá o un sillón”.
El objetivo de elegir un sofá o un sillón, en lugar de la cama, es evitar entrar en fases de sueño profundo que puedan alterar el descanso nocturno. “De esta manera, puedes recargar energía sin caer en una fase de sueño profundo que luego te robe el sueño por la noche”, explica Durán-Cantolla.

“La siesta es buena para el sueño, porque sirve como un reseteo de nuestro cerebro. Es como reiniciar una computadora que restaura funciones y que nos facilita poder continuar nuestra jornada con energía y concentración”, dice el especialista.
De todas formas, advierte que no es recomendable para todas las personas. “Si sufres de insomnio, mejor no hacer la siesta, porque es como dejar que coma entre horas alguien que es un mal comedor”, afirma. Así, el descanso diurno puede ser beneficioso si se hace bien, pero mal gestionado puede convertirse en un obstáculo más para dormir correctamente por la noche.
Los estudios de Harvard habían revelado, además, que quienes duermen siestas de más de media hora presentan índices de masa corporal (IMC) más altos y son más propensos a sufrir de síndrome metabólico (problemas cardiovasculares y diabetes). En cambio, siempre según investigadores de la Universidad de Murcia, quienes hacen siestas de menos de 30 minutos corren menos riesgos de sufrir obesidad o problemas metabólicos y presentan menos predisposición a tener presión alta.

Por su parte, Durán-Cantolla recuerda que “las personas que duermen menos de seis horas al día tienen un mayor riesgo de sufrir una enfermedad cardiovascular y un aumento de la mortalidad”. Agrega que, durante las fases profundas del sueño, “nuestro cuerpo repara los tejidos, consolida la memoria, libera hormonas reguladoras y refuerza el sistema inmunológico”.
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