
Sabe mucho más que yo de casi cualquier tema. Y que la enorme mayoría, también. Así y todo, ¿es más sabia?
Cuando nos topamos de frente con la inteligencia artificial, la sensación es prácticamente innegable. Nos supera, en todo el sentido de la palabra. Sin embargo, con cierto cuidado me atrevería a decir que –de acuerdo a los cánones de la ancestral sabiduría judía– no parece ser más sabia que nosotros; al menos de momento.
La pregunta, entonces, es: ¿quién es sabio? Y vaya si tenemos respuestas. Al menos contamos con tres, y cada una de ellas porta un tesoro.
La primera postula que sabio es “aquel que aprende de cada persona”. Todo un hallazgo, pues la sabiduría no estaría solventada por la acumulación de conocimiento sino por una actitud constante de aprendizaje, de todo y –fundamentalmente– de todos. En esta área, la IA nos ha pasado por encima, cómodamente. Cada clic de cada ser humano es inmediatamente internalizado por ella.
Pero hay una segunda definición que está asociada –en el lenguaje original– con “aquel que ve la luna nueva”. Vale decir, el que tiene desarrolladísima la capacidad de observación de modo tal que puede percibir lo casi imperceptible, y desde allí saber lo que sucederá, no por adivinación sino por atención y análisis en grado sumo. En este ámbito, diría que estamos cabeza a cabeza, con una tendencia clara al segundo puesto…
Pero donde andamos primeros cómodos es en la última definición: es sabio “quien puede convertir a un enemigo en un amigo”. Esta capacidad tan exclusivamente humana de trocar vínculos complicados en sanas convivencias es señal de sabiduría de alto vuelo, y se me hace que la IA está muy lejos de producir algo semejante. Más bien puede promover lo contrario, y de un modo tan brutal y apocalíptico que realmente asusta.
Debemos asumir como humanidad, con completa vehemencia, que en las condiciones en las que tan velozmente se está desarrollando la IA, sólo estamos favoreciendo la primera y la segunda definición de aquellas tres que describimos. Por ende, estamos encaminándonos a un desastre potencial, en donde la enemistad será la moneda corriente.
Ser sabios, en este contexto, es dotar a la IA de las reglas necesarias (como las famosas leyes robóticas de Issac Asimov) para que sea un instrumento siempre amigable. De lo contrario, con semejante instrumento, estaremos todos sonados.
Rabino e integrante del Comipaz
—
fuente: Inteligencia artificial y sabiduría – La Voz”> GOOGLE NEWS



