
Por Claudio Larrea – Director del Observatorio de Inteligencia Artificial – UCCuyo
Cada vez que se menciona la minería, el debate público vuelve a transitar un terreno conocido: consignas rápidas, posiciones rígidas y un clima de desconfianza que parece no admitir matices. Sin embargo, mientras seguimos discutiendo la minería con categorías del pasado, la actividad ya se transformó profundamente. La incorporación de inteligencia artificial (IA), automatización y análisis de datos está redefiniendo cómo se explora, se produce y se controla el impacto ambiental. Esa transformación, llamativamente, casi no aparece en la conversación pública (World Economic Forum, 2023).
En la actualidad, la minería de gran escala utiliza sistemas de aprendizaje automático para optimizar procesos, sensores inteligentes para monitorear variables ambientales en tiempo real y modelos predictivos que permiten anticipar fallas operativas y reducir riesgos laborales. Estas tecnologías no solo mejoran la eficiencia económica, sino que también permiten disminuir el consumo de agua y energía y detectar desvíos ambientales de manera temprana. No se trata de promesas futuras, sino de prácticas ya implementadas en múltiples proyectos a nivel global (McKinsey & Company, 2024).
La discusión que evitamos no es, entonces, si la minería debe existir o no. Ese dilema binario empobrece el análisis y clausura cualquier posibilidad de decisión informada. La pregunta relevante es bajo qué condiciones se desarrolla, con qué estándares ambientales y laborales, y con qué capacidad real de control y fiscalización. En este punto, la IA puede convertirse en una herramienta estratégica para el Estado y la sociedad, siempre que se integre a esquemas de regulación inteligente y transparente (OECD, 2022).
Existe, además, una dimensión de poder que suele quedar oculta: los datos. En la minería contemporánea, los datos son un recurso central, comparable en importancia al mineral extraído. Quien produce, procesa y controla esa información tiene la capacidad de definir diagnósticos, evaluar impactos y construir narrativas sobre el desarrollo. Sin capacidades técnicas locales para auditar esos datos, la asimetría no es solo económica o tecnológica, sino también cognitiva y política (International Energy Agency, 2023).
La IA puede convertirse en una herramienta estratégica para el Estado y la sociedad, siempre que se integre a esquemas de regulación inteligente y transparente. La IA puede convertirse en una herramienta estratégica para el Estado y la sociedad, siempre que se integre a esquemas de regulación inteligente y transparente.
En territorios con tradición minera, como varias provincias argentinas, esta discusión resulta particularmente sensible. La inteligencia artificial podría contribuir a reducir la incertidumbre social si se incorpora a sistemas de monitoreo abierto, con indicadores públicos, trazabilidad de procesos y participación informada de la ciudadanía. Pero eso requiere un cambio cultural profundo: pasar del rechazo o la adhesión automática a un debate basado en evidencia, datos y comprensión técnica (World Economic Forum, 2023).
Evitar esta discusión tiene costos concretos. Implica resignar capacidad de decisión, delegar el control en pocos actores y sostener un debate estéril que no garantiza ni desarrollo ni protección ambiental efectiva. Discutir la minería del siglo XXI sin considerar la inteligencia artificial es, en el fondo, una forma de no discutirla en serio. Tal vez el verdadero desafío no sea tecnológico, sino político y educativo: animarnos a hablar de datos, control inteligente y responsabilidades compartidas antes de que otros decidan por nosotros (OECD, 2022).
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fuente: Inteligencia artificial, minería y la discusión que evitamos – Diario de Cuyo”> GOOGLE NEWS



