

La IA enciende las alarmas en Wall Street: entre la paradoja de las tecnológicas, y los reclamos de Trump y China
Más allá de lo que ocurra con este planteo, vale la pena prestar atención a una entrevista que Yuval Noaḥ Harari dio hace pocos días al medio británico The Economist. Allí el reconocido historiador y escritor señala la necesidad de virar el rumbo actual en lo que es regulación y uso de la IA para no tener problemas irreparables a corto plazo. Para hablar del tema retoma un proyecto de ley de Argentina que le parece problemático y le valió una pequeña discusión con el presidente Javier Milei.
Sociedades automatizadas: el proyecto oficial que encendió la polémica
A principios de junio el Gobierno Nacional envió un proyecto para reformar la Ley General de Sociedades e incorporar la figura de Sociedad Automatizada. Éstas, operarían de forma autónoma con algoritmos o IA, sin empleados, con personalidad jurídica y responsabilidad limitada. El propio Milei publicó un artículo en Financial Times hablando de la propuesta y defendiendo su carácter innovador. Harari le respondió a los pocos días diciendo que es una muy mala idea que puede dar lugar a una irrupción y toma de control de la inteligencia artificial no solo en las empresas sino en el mismo Estado.
Inteligencia sin conciencia: el vacío legal frente al castigo
En la reciente entrevista con The Economist, Harari diferencia entre lo que es inteligencia y lo que es conciencia. A pesar de que estos desarrollos tecnológicos con los que ahora convivimos a diario sí tienen inteligencia, no podemos decir que sean conscientes en el sentido de que no sufren como los humanos. Esa definición tan simple es la que también los hace inmunes al sistema punitivo de los Estados que rige sobre las personas y las detiene de obrar de ciertas maneras. Harari señala esto como uno de los principales problemas de darle personería jurídica a una IA: un CEO humano puede recibir un castigo por cometer delitos, una IA no.
La defensa del Gobierno y el control sobre los activos
Milei le respondió el 19 de junio en un comunicado oficial, en unos extraños buenos términos para los modos habituales del presidente. Allí minimizó el riesgo de que las inteligencias artificiales operen sin consecuencias: argumentó que una empresa de IA que actúa dentro de un marco legal capaz de disolverla o embargarle sus activos no escapa de la ley sino que queda sometida a ella.
Harari es menos optimista: advierte que, si una empresa de este tipo llega a percibir la quiebra como su equivalente a la muerte, sería capaz de hacer cualquier cosa con tal de evitarla: sobornar políticos para obtener beneficios, por ejemplo.
Ética y responsabilidad política frente a un dilema global
Hay una frase muy fuerte de Harari en la entrevista: “La narrativa de la inevitabilidad es la narrativa de la no responsabilidad”. La usa para referirse a empresarios y políticos que no toman decisiones para frenar el avance de la IA porque argumentan que el curso actual de las cosas es inevitable. El historiador niega eso y dice que esa mirada los exime de culpas y como sociedad debemos exigir una toma decisiones y una postura de acuerdo a lo que la humanidad necesita.
—
fuente: Inteligencia artificial: la narrativa de la inevitabilidad – La Voz”> GOOGLE NEWS



