Inteligencia artificial: El valor de la pregunta – En Linea Noticias


Escribe Lic. Marcela Blaufuks

Faber enarcó las cejas y miró a Montag …Después de todo, cuando tuviésemos todos los libros que necesitásemos, aún insistiríamos en encontrar el precipicio más alto para lanzarnos al vacío. Pero necesitamos un respirador. Necesitamos conocimientos. Y tal vez dentro de un millar de años, podríamos encontrar barrancos más pequeños desde los que saltar.

Fahrenheit 451

La expansión de la inteligencia artificial introduce una transformación profunda en la relación que las sociedades establecen con el conocimiento. Durante siglos, aprender implicó acceder a información y desarrollar habilidades para interpretarla. Hoy, vivimos un entorno donde las respuestas parecen estar disponibles. Los sistemas pueden producir textos, imágenes o análisis en cuestión de segundos. Desde la irrupción de internet, el valor del conocimiento ya no reside en acumular información, sino en comprender, contextualizar y evaluar críticamente aquello que las tecnologías producen. ¿Pero qué diferencia hace la inteligencia artificial? Estos sistemas pueden procesar datos con enorme velocidad por lo que trabajar con ellos supone capacidad de preguntar, analizar las respuestas, repreguntar y crear. A ello lo llaman sistemas híbridos. Prefiero llamarlo creación humana. En el nuevo conocimiento convive el paréntesis de Gutenberg, la singularidad de quien crea y el análisis de los sistemas. Jeff Jarvis abre interrogantes que desafían lo establecido. ¿Qué podemos extraer de la cautivadora, profunda y desafiante historia de nuestra devoción por la imprenta? ¿Podría ser que estemos regresando a una sociedad basada en la conversación, y que estemos reaprendiendo a mantener esa conversación con nosotros mismos?

La tecnología digital transforma las instituciones culturales. Una suerte de caos que reemplaza una narrativa lineal y que lejos de verlo como catastrófica nos sugiere una suerte de oportunidad que a la crisis cognitiva pueda encontrar nuevas miradas sobre la compleja realidad. Durante siglos, los libros organizaron nuestra manera de pensar. Su arquitectura implicaba avanzar en una secuencia, sostener la atención, construir sentido. En esa estructura nos formamos generaciones enteras. La cultura digital avanza en múltiples direcciones. Notificaciones, ventanas abiertas, algoritmos que recomiendan. La experiencia del conocimiento se vuelve fragmentaria, simultánea, colectiva.

En este escenario, entre la linealidad del libro y la fragmentación de la cultura digital, la inteligencia artificial introduce un nuevo desafío. Ya no se limita a organizar información o a acelerar su circulación, comienza a producirla, a interpretarla creando en segundos lo que con una simple oración solicitamos. En este contexto el reto educativo es aún mayor. ¿Qué habilidades debemos desarrollar para trabajar con “la máquina”? Y aquí aparece una paradoja interesante. La misma tecnología que puede multiplicar respuestas también vuelve más valiosa la capacidad de formular buenas preguntas. Una especie de lugar para interrogar el conocimiento. Un desafío que rompe la clase tradicional abre la discusión y fomenta la oralidad. El diálogo es el protagonista de la conversación. Al silencio de la lectura se le suma el ruido incómodo de la discusión. A la incomodidad el compromiso de la escucha. A las respuestas, el análisis y la crítica.

Hace décadas, el teórico Marshall McLuhan advirtió que cada tecnología transforma la manera en que pensamos y percibimos el mundo. El medio es el mensaje cobra hoy otra dimensión. El autor describe como los medios extienden nuestros sentidos y hoy me pregunto qué oportunidad encontramos en la inteligencia artificial. Si el libro organizó el pensamiento y la Internet lo volvió caótico, la inteligencia artificial inaugura algo nuevo. ¿Será un conocimiento que dialoga con nosotros? En el campo educativo este interrogante abre una oportunidad tan desafiante como potente y el rol del docente es central como formador de criterio. La inteligencia artificial permite personalizar aprendizajes, acompañar procesos y ofrece múltiples formas de acceso al conocimiento. El trabajo del docente se redefine y se vuelve más complejo y estratégico. Cuando el saber no está concentrado en un libro ni disperso en la red, sino puede ser generado y reorganizado por la inteligencia artificial en tiempo real ¿qué es enseñar? Frente a las respuestas, el docente es quien enseña el valor de la duda, a contrastar, a contextualizar, es quien acompaña la experiencia de aprender sosteniendo el tiempo de la reflexión en un mundo que empuja a la inmediatez. Enseña a preguntar. Porque formular buenas preguntas se vuelve una competencia central convirtiendo el aula en un espacio para interrogar críticamente. El valor humano no está en competir con la velocidad de la máquina, sino en darle dirección, profundidad y sentido.

 Tal vez en las preguntas encontremos “los barrancos más pequeños” que Faber y Montang añoraron saltar.

fuente: Inteligencia artificial: El valor de la pregunta – En Linea Noticias”> GOOGLE NEWS

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