IMPSA aprovecha la “nueva” Venezuela: reuniones con el gobierno de Trump y la búsqueda de US$ 300 millones

La historia de IMPSA cambió brutalmente en apenas 11 meses. La empresa mendocina, un jugador importante en el segmento de la provisión de las soluciones integrales para la generación de energía, había entrado en colapso financiero en 2014 y vio seriamente comprometido su futuro en los últimos años previo a su privatización, y ahora el cambio de la realidad política en Venezuela le abre una puerta que tal vez hace un tiempo no estaba en sus planes inmediatos.

Con la captura de Nicolás Maduro en Venezuala el panorama que le surge ahora es 100% diferente al de hace pocos días. Va por una deuda que mantiene ese país con la empresa por entre US$ 250 millones y US$ 300 millones, y quiere retomar obras sumamente importantes para el negocio de la empresa, que luego de comprometidas (hace casi una década) terminaron quedando en la nada por decisión del Gobierno.

Para poder avanzar en este camino primero debe lograr la luz verde de la Office of Foreign Assets Control (OFAC) y del Departamento de Estado de los Estados Unidos. “Una vez que se se obtengan estas autorizaciones, IMPSA estará en condiciones de contribuir activamente a la recuperación del sistema eléctrico venezolano, aportando ingeniería y soluciones de largo plazo”, dijo en exclusiva a Clarín el presidente de IMPSA, Jorge Salcedo, de origen venezolano y de mucha afinidad al gobierno de Donald Trump.

Se estima que no debería haber inconvenientes para que esos permisos lleguen, aunque todo requiere de tiempos burocráticos.

En los próximos días, incluso, viajarán a Washington directivos de la empresa para tratar de avanzar en este sentido y darle curso a las conversaciones formales para poder seguir por ese camino. “IMPSA tiene voluntad de colaborar con el Gobierno de los Estados Unidos en la recuperación del sistema eléctrico venezolano”, apuntó Salcedo.

Acuerdo clave por la deuda

Industrial Acquisitions Fund (IAF), el conglomerado que se quedó con la compañía el 11 de febrero del año pasado –tras una licitación en la que fue el único oferente-, se había puesto como meta dar vueltas los números de IMPSA, algo sobre lo que avanzó a buen ritmo.

La deuda acumulada a la que debían hacer frente los nuevos dueños era de US$ 576 millones y en octubre pasado logró el visto bueno de los acreedores del 98% de la deuda para postergar el pago del capital de la deuda (que por intereses ya subió a los US$ 583 millones) hasta 2036. Esto le quitó el peso de los vencimientos inmediatos a la empresa por los próximos 10 años.

IMPSA ve un escenario mucho más optimista para su negocio en Venezuela.IMPSA ve un escenario mucho más optimista para su negocio en Venezuela.

Ese oxígeno extra es el que le permite ahora a la primera estatal privatizada por el presidente Javier Milei tomar impulso en Venezuela. La primera cuestión que deberá atender es muy pesada y tiene que ver con la deuda. El Estado de Venezuela tiene un rojo millonario con IMPSA que, si bien no hay información consolidada al respecto, se mueve entre los US$ 250 millones y los US$ 300 millones, de acuerdo con los cálculos de fuentes consultadas por Clarín.

El otro punto que tiene por resolver es el de las obras que se iniciaron en algún momento, pero que el chavismo decidió discontinuar sin mayores explicaciones. Aquí sobresalen dos proyectos hidroeléctricos estratégicos para el país: las centrales hidroeléctricas de Macagua y Tocoma, que hoy, justamente por su estado de abandono, están por debajo de su potencial operativo. Macagua funciona pero de manera muy deficiente, y Tocoma nunca se llegó a inaugurar, pese a los trabajos realizados.

En el caso de Macagua el monto del contrato superó los US$ 480 millones, y tiene un alto grado de avance, aunque sufrió interrupciones en los pagos, dejando saldos pendientes de facturación que la empresa busca cobrar en esta nueva etapa.

La situación de Tocoma es más grave, ya que el monto del contrato fue cercano a los US$ 1.300 millones. IMPSA ya fabricó e instaló tres turbinas, mientras que siete máquinas que todavía restan tienen un avance de fabricación superior al 70%. Gran parte de este equipamiento está “listo para enviar” o ya se encuentra en Venezuela esperando el montaje final desde hace tiempo.

Si bien ambas obras resultan claves para que la provisión de energía comience a ir hacia una normalización, ya que son pilares del sistema hidroeléctrico venezolano, también son importantes para la compañía argentina. Para IMPSA, Macagua y Tocoma fueron los dos contratos más importantes de su historia, por lo que también pueden ser catalogados como el inicio de la crisis que derivó en su estatización, el 28 mayo de 2021.


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“Hoy la empresa es un jugador clave ya que el proyecto hidroeléctrico Tocoma representa un activo estratégico, con el potencial de incorporar hasta 2.500 MW adicionales al Sistema Eléctrico Nacional, incluyendo aproximadamente 500 MW en un plazo inferior a 18 meses” aseguró Salcedo a Clarín, y agregó que “esta capacidad adicional permitiría mejorar el suministro eléctrico para el consumo residencial, garantizar la operación de hospitales y sistemas de agua potable, y respaldar el sector petrolero, componente clave para la recuperación económica del país”.

Hoy un foco inmediato en el sector petrolero de Venezuela y en la necesidad de reactivar con rapidez la exploración y explotación de hidrocarburos —particularmente a través de la participación de empresas estadounidenses—, aunque la realidad también marca que el principal cuello de botella estructural de ese país es la generación y confiabilidad del sistema eléctrico.

fuente: CLARIN

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