Hazaña de ingeniería jamás emprendida por la humanidad: China quiere desacelerar la rotación de la Tierra

Durante años, la frase “una obra humana capaz de cambiar el planeta” sonó a exageración. Pero la ciencia lleva tiempo advirtiendo que mover masas gigantescas-agua, hormigón, acero- puede tener efectos medibles, aunque diminutos, sobre el giro de la Tierra.

La idea se volvió viral por China y por un megaproyecto al que algunos sitios adjudican un poder casi de ciencia ficción: “ralentizar la rotación” y “desplazar el eje”. El titular es irresistible… y justamente por eso conviene mirarlo con lupa.

Porque hay una diferencia enorme entre “un efecto físico minúsculo, detectable con modelos” y “un plan deliberado para frenar el planeta”. La primera afirmación es real y está documentada en trabajos científicos y explicaciones de organismos; la segunda suele nacer de interpretaciones infladas.

Entonces, ¿qué hay de cierto? Aquí, el dato clave para entenderlo: no es que China quiera frenar la Tierra, sino que ciertas megaobras (como grandes represas) reubican masa y eso, por conservación del momento angular, puede cambiar imperceptiblemente la duración del día.

La explicación física es simple, aunque el resultado suene increíble: si redistribuyes una gran masa lejos o cerca del eje de rotación, modificas el momento de inercia del Planeta, señala el medio especializado Science Focus.

China quiere desacelerar la rotación de la Tierra. Foto: Pexels

En términos cotidianos, es el mismo principio por el cual un patinador gira más lento cuando abre los brazos y más rápido cuando los cierra. En la Tierra, el “brazo” es la distancia de la masa (agua, por ejemplo) al eje de giro.

Uno de los casos más citados es la represa de las Tres Gargantas. Un cálculo teórico difundido en 2005 por el geofísico Benjamin Fong Chao, de la NASA, estimó que el almacenamiento de esa enorme masa de agua podría aumentar la duración del día en unos 0,06 microsegundos y provocar un desplazamiento mínimo (de centímetros) del eje terrestre. Es un efecto real en el marco de la geofísica, pero minúsculo frente a la variabilidad natural del sistema Tierra.

Las megaobras se hacen por energía, control de inundaciones, navegación o desarrollo regional. El efecto sobre el giro terrestre es un “subproducto” físico, no el objetivo. Presentarlo como un plan deliberado confunde al lector: la magnitud del efecto es tan pequeña que no es una herramienta de política pública, sino una curiosidad científica.

Mover cantidades enormes de masa puede alterar parámetros medibles del planeta, y eso no es conspiración, es física. Foto: Freepik.

La conclusión es clara: sí, mover cantidades enormes de masa puede alterar parámetros medibles del planeta, y eso no es conspiración, es física. Pero no es un freno al mundo ni un riesgo inmediato.

La discusión interesante, en todo caso, no es “cambiar la rotación”, sino qué costos ambientales y sociales tienen estas megastructuras, y cómo se evalúan frente a los beneficios energéticos.

fuente: CLARIN

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