
La presión opositora hizo efecto en medio del tembladeral político que sacude al poder que el PJ ostenta, bajo distintas carátulas, desde hace casi 30 años en Córdoba: Ricardo Moreno, muy conocido desde los ‘90 por su alineamiento con el menemismo y por los casos resonantes que fue tomando en su estudio de abogado, fue eyectado del Concejo Deliberante.
El referente de las 62 Organizaciones Peronistas nunca pareció demasiado preocupado por baches o luces apagadas, pero ese lugar le significaba seguir colocando gente en el Estado a cambio de otros favores. Él lo reconoció.
Un testigo oculto aseguró que Claudio Barrelier, el femicida de Agostina, era “custodio de Moreno” y agregó que cuando salía por varios días de su casa lo justificaba por esa “labor”. Horas antes el ex edil insistía en que no conocía en profundidad a este sujeto, pese a que lo defendió penalmente el año pasado y que unas de sus hijas, también se mostraba cercana.

¿Quién es realmente Barrelier? ¿Qué hacía realmente? ¿Era Moreno su único jefe? ¿Era un simple puntero político o sindical? La trama que se va develando por las investigaciones, formales e informales, por el femicidio de Agostina muestran un inframundo de alcances impredecibles: la noche, la droga, la prostitución y los favores al poder afloran como páginas de una novela negra.
La verdad difícilmente se conozca en plenitud, pero un acercamiento a ella dependerá de la voluntad de la Justifica de ir más allá del detenido. Si Barrelier finalmente queda como un sicópata que se desbordó por una frustración o por una deuda por drogas, la historia quedará muy incompleta.
Parece mucha casualidad que este personaje y la mujer que regentea un bar sospechado de actividades ilícitas sólo tuvieran una relación amorosa luego de conocerse en un estadio de fútbol. Por lo que mostraron los días siguientes al femicidio, la historia entre Claudio y Soledad merece una investigación profunda, alejada de lo que se quiere mostrar.
Desde el norte de la provincia saltaron las alarmas ni bien se conoció el nombre del bar: Wachitas. Lectores de páginas web y oyentes de distintas radios de la zona dejaron mensajes que lo relacionarían con la llegada de mujeres a las estancias que suelen concurrir los llamados “palomeros”, en su mayoría estadounidenses. Si es así, surge la posibilidad de trata o de explotación de personas.
Son relatos, sospechas, historias que se van concatenando y que impactan si se recuerdan lo que expresaron otras dos mujeres importantes en la última etapa de Barrelier. Melisa, la madre de Agostina, cuando le consultó sobre la adolescente fue muy clara: “a quien se la diste” y le suplicó que no se la devuelvan “dañada”.
Lo mismo se entiende de lo manifestado por la mujer que escapó hace un año de la casa de Cofico. Dijo que el femicida esperaba gente “con dinero” que iba a ir a verla y que debía “confiar en ella”. Demasiadas referencias como para dejarlas de lado.



