Gustavo Córdoba: representación política, juventud, comunicación y un dato inquietante …

Gustavo Córdoba, director de la consultora Zubán Córdoba, fue entrevistado en el programa En qué nos parecemos, donde analizó el presente político, el estado de la opinión pública y, en particular, el vínculo de la juventud con la política. Una charla sobre representación, peronismo, inteligencia artificial y comunicación política. Entrevista de Vivian Elem, Jorge Benedetti y Rodolfo Colangelo.

Radio Gráfica: Tienen un estudio publicado semanas atrás sobre la juventud que es muy revelador. Está instalada la idea de que los jóvenes apoyan a Milei, pero las conclusiones del estudio no indican exactamente eso.

Gustavo Córdoba: Es un tema urgente de comprender. Al análisis hay que incorporarle un dato central: hoy la sociedad se informa en un 65% a través de formatos digitales. Solo un 35% lo hace desde formatos tradicionales. Ese es el primer dato.

Cuando hacemos zoom en los menores de 35 años, el 95% se informa exclusivamente a través de formatos digitales. Ese es el segundo dato, que ya va clarificando bastante. Y el tercer dato es que del total del contenido digital que circula hoy en internet —redes sociales, webs y otros espacios— casi el 70% no es generado por humanos, sino por inteligencias artificiales que producen contenido a partir de algoritmos. Un número impresionante.

Eso significa que los menores de 35 años ven lo que el algoritmo de las redes sociales quiere que vean. ¿Y cuál es la pelea? Que los sectores de extrema derecha entendieron esta lógica mucho más rápido que otros espacios ideológicos. Por lo tanto, hay una especie de ocultamiento en la información. Antes, cuando se compraban diarios de papel, uno se cruzaba con la opinión de alguien de izquierda, de derecha o del centro. Existía un cierto pluralismo, aun dentro de la línea editorial del medio. Hoy las redes sociales y los algoritmos no te permiten ejercer ese pluralismo.

Se consume una sola campana, y ese es el riesgo que tenemos. Días atrás, el Presidente cuestionó a los politólogos, que tenemos la función de pensar la democracia desde dentro de la democracia. Este tipo de gobiernos puede prescindir del ejercicio democrático, que de hecho les resulta bastante incómodo.

—En este análisis cotidiano que realizan para elaborar estos informes, ¿aparecen cambios bruscos en las mediciones o el desgaste se produce de manera gradual?

Hay eventos que tienen la potencialidad de cambiarlo todo. Pero lo que sí estamos viendo es un fenómeno estructural, orgánico: de alguna manera se ha roto lo colectivo, la posibilidad de pensarnos en términos comunes. Hoy hay una especie de altares individuales egoístas, donde cada uno cree que se va a salvar solo. Ese paradigma es muy funcional a este tipo de gobiernos.

A este nuevo orden mundial que intenta instalar Donald Trump —entre paréntesis, pareciera que le habrán dicho que le queda poco tiempo, porque aceleró todas sus acciones— se le suma este individualismo, este egoísmo social tan extraviado, que parece ser el signo de época. La contraposición a eso es volver a pensar en términos colectivos, ser más simples en el análisis, más directos, decir las cosas como son y no pretender ser lo que no somos. Este es un mensaje que deberíamos transmitirles a los dirigentes políticos, sobre todo a esa gran masa que hoy se posiciona únicamente desde el antimileísmo.

—A partir de las consultas que realizan diariamente, ¿qué clima social observan? ¿Sería una estabilidad o más bien una resignación resignación?

No creo que sean términos enfrentados; pueden ser complementarios. No hay un perfil uniforme. La representación política explotó. Hoy tenemos un sistema de partidos que prácticamente no existe: estalló por los aires tras el triunfo de Milei, con esquirlas que alcanzan al PRO y al radicalismo, que casi han desaparecido como opciones nacionales. El peronismo subsiste, pero con enormes discusiones internas sobre su identidad: quién lo representa hoy y cuál es su proyecto a futuro.

Pensar una Argentina tan fragmentada es un problema porque, con los medios de comunicación y el Círculo Rojo a favor del gobierno, hay una gran dificultad para dar un debate público sobre qué modelo de país se quiere y hacia dónde vamos.

Tenemos, por un lado, un gobierno que busca instalar un régimen ideológico de extrema derecha; empresarios que no saben bien hacia dónde ir, pero se sienten aliados al oficialismo; y una oposición que tampoco tiene claro un rumbo, más allá de oponerse o esperar el desgaste del gobierno.
Todo esto genera discusiones muy fragmentadas, individuales, que no logran contagiar colectivamente. Ahí aparece un factor de desesperanza. Por eso no creo que estabilidad y resignación sean opuestas, sino complementarias.

—Hablando del peronismo y de la falta de representatividad, hoy se expresa en pequeñas fracciones. Las tres banderas históricas siguen vigentes, pero requieren contenido. Cuando hablamos de soberanía o independencia, ¿de qué hablamos? Además, ningún sector parece conectar con los más jóvenes.

Hay fenómenos que exceden las fronteras argentinas. Si describimos las elecciones presidenciales en América Latina desde la pandemia hasta hoy, aparecen dos tendencias muy claras.

Por un lado, de unas 23 elecciones, 19 o 20 las ganaron las oposiciones. Eso muestra que las expectativas sociales son tan altas que los gobiernos no logran satisfacerlas. Se produce entonces un intercambio permanente de gobiernos de izquierda a derecha.

La segunda característica es que en la mayoría de esas elecciones ganaron fuerzas políticas nuevas: partidos nuevos o coaliciones con nombres nuevos. Esto plantea un desafío enorme, especialmente para comunicarse con los menores de 35 años. Los mayores pueden entender las sutilezas partidarias; los jóvenes no tienen identificación con los partidos. Se identifican por valores e ideas, no por dirigentes.

La representación política no es espontánea: se construye. El problema de la política tradicional es que pretende hablarle a los jóvenes en espacios donde los jóvenes ya no están. No aprendió todavía a pensar la política en términos digitales, y cada día que demora en hacerlo es tiempo que se les regala a las opciones de extrema derecha como Milei.

—Decías que la derecha leyó bien el escenario y supo usarlo. ¿Cómo se da la pelea en redes? ¿Con qué contenidos?

No es una cuestión de contenidos. Del ridículo no se vuelve: un político bailando en TikTok es exactamente lo contrario de lo que hay que hacer. Lo primero es escuchar de verdad a los jóvenes. ¿Acaso no quieren buena educación, trabajo digno, acceso a la vivienda? ¿La política está escuchando eso? Yo creo que no.

Hace años hablábamos de profesionalizar la comunicación política y abandonar la lógica del “sobrinity manager”, para hacer algo más profundo y sistemático, vinculado a las nuevas tecnologías. La clave está en cómo se usan esas tecnologías para dar mejores servicios desde la gestión.

La sociedad consume tecnología y luego exige lo mismo al Estado. Cuando no lo obtiene, eso se vuelve contra la política. Así aparecen los vendedores de ilusiones. No es menor que Milei sea el presidente del panelismo televisivo y del entretenimiento, frente a una política aburrida, con narrativas anticuadas.

Hoy además hay que sumar la discusión sobre inteligencia artificial. El dato de que el 70% del contenido en redes ya no es generado por humanos es aterrador.

En comunicación política y electoral, la generación de climas de opinión mediante inteligencia artificial es central. Hubo al menos dos momentos electorales en Argentina sospechados de intervención de IA.
Uno fue el video falso de Macri anunciando que Lospennato bajaba su candidatura. La respuesta del PRO terminó validándolo y provocó cambios de voto de último momento.

El otro fue la elección de octubre, donde hubo una campaña selectiva sobre un segmento específico de votantes, generando miedo económico extremo: “el lunes negro”, la quiebra, la pérdida de la casa.

Estamos indefensos ante la generación masiva de climas de opinión creados por inteligencia artificial. No es una teoría ni una exageración: lo estamos viendo en prácticamente todas las campañas electorales actuales.

fuente: GOOGLE NEWS

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