Geopolítica e IA: el poder superior de la inteligencia

Toda creatividad individual es simultáneamente colectiva por la inevitable interconexión social, dado que es la comunidad la que reconoce y otorga valor a las innovaciones. La humanidad, ese conjunto de comunidades globales, totalmente vibrante, activo y cambiante, se asemeja mucho a múltiples nodos cerebrales, interconectados; mal o bien, organizados.

Son billones de conexiones que hacen posible el pensamiento, la memoria y la conciencia colectiva. El accionar humano siempre es y será absolutamente superior a cualquier “inteligencia artificial” que, individuos aislados o grandes empresas, puedan crear o poner en el mercado.

Sólo en comunidad podemos asegurar nuestra existencia como seres diferenciados por lenguas, culturas, identidades, música, artes, filosofías o creencias religiosas, del mismo modo en que una abeja o una hormiga no podrían existir aisladamente de su colmena o su hormiguero.

Pese a los tantos errores u horrores temporales, individuales o colectivos, el “software” de la humanidad los termina encauzando hacia el Bien Común; cuestión que ninguna IA podría entender.

Suena extraño que actualmente se promueva un nefasto ultra-individualismo, el “sálvese quien pueda” de la Sra. Thatcher: “la sociedad no existe, sólo hay individuos”. Un absurdo, desmentido por la realidad y que solo alimenta el caos.

Las interrelaciones humanas son básicamente acciones de cooperación y de competencia. Cuando ambas son llevadas a los límites extremos, se produce lo que comúnmente se conoce como polarización, y es cuando comienza a ralentizarse o dificultarse una síntesis superadora que avance hacia el Bien Común.

La tan promocionada “Inteligencia artificial” (IA) se diferencia de las simples búsquedas en Google u otros buscadores en tres temas, dos de los cuales son sólo avances tecnológicos: mayor capacidad de almacenamiento de datos en redes y el uso de procesadores (microchips) de velocidades muy superiores a todo lo conocido anteriormente.

El tercer elemento es el filtro de los algoritmos, creados por humanos para su beneficio individual, que le dan sentido y capacidad de acumular y de relacionar lo ejercitado en los múltiples usos de la aplicación. Pero todo el input es humano. No existe una “creación artificial” no humana

Estos artificios tecnológicos siempre han estado disponibles para ejercerse en uno u otro sentido (el bien o el mal) por lo que resulta imposible aceptar su endiosamiento o ponerlo en un lugar superior a la humanidad misma o que puede cambiar el rumbo per se, de la humanidad. Eso es falso. Lo que produce el dominio de una nueva tecnología es simplemente un “poder”, para aquel que la domine o controle, lo cual tiene implicancias políticas y geopolíticas.

Hoy la compleja lucha por el poder global, se manifiesta en el control de los tres factores más importantes, portadores de futuro, como lo son la tecnología moderna, los recursos estratégicos, y el control social en cada país.

Es la doctrina global imperante actualmente, que se motoriza en el recambio de los sistemas de armas, utilizando las nuevas tecnologías; en captar y consolidar geopolíticamente países que dispongan de recursos estratégicos; y en el desarrollo de todas las herramientas necesarias para ejercer la guerra cognitiva, usada para fraccionar a los oponentes y fidelizar los propios y así ejercer más eficientemente el control social en todas las sociedades.

En resumen, el poder que ha dominado la historia de la humanidad, es parte del juego entrecruzado de cooperación y de competencia con que funciona la humanidad.

Ricardo Auer es analista internacional, profesor en la Escuela Superior de Guerra (ESG).

fuente: CLARIN

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