
“Cuando veo a las pibas jugando, me emociono”, dice Betty García, jugadora del Mundial ‘71 y una de las pioneras del fútbol femenino. “Es un orgullo que el 21 de agosto sea el Día de la futbolista por nosotras”.
“No fue en vano la lucha que hicimos”, agrega. “Mirá cómo está hoy el fútbol femenino. Vas a cualquier cancha y hay mujeres jugando”.
A Betty el deporte le gustó siempre. Fue campeona de vóley en Wilde y también pasó por el básquet y el atletismo. Pero el fútbol fue el que la marcó.
Empezó en 1959 en All Boys. Una amiga la invitó a probarse y quedó. Después jugó en Pompeya y más tarde se fue a Uruguay, a Nacional de Montevideo. Allá viajaban todos los fines de semana a una localidad distinta a jugar. Cada vez eran más las mujeres que se sumaban.

En 1971 viajó al Mundial de Fútbol Femenino en México con las que hoy son consideradas “Las Pioneras”. Esa selección se armó de sopetón, medio a los ponchazos: viajaron sin botines, sin médico ni entrenador, apenas con un juego de camisetas que les había regalado la UTA (Unión Tranviarios Automotor) y una enorme pasión.
Para completar el plantel convocaron chicas de todos lados: algunas vinieron desde La Rioja. No todas tuvieron el apoyo de sus familias. En esa época, que una mujer jugara al fútbol estaba mal visto: era “un deporte de hombres”.
También viajaron sin técnico, pero en México se cruzaron con Norberto Rozas, un futbolista argentino que las ayudó y terminó dirigiéndolas.
El 21 de agosto, cuando la Selección salió a la cancha en el Estadio Azteca, había cientos de miles de personas para ver a Argentina frente a Inglaterra. El partido terminó 4 a 1, en una victoria histórica.

La mala noticia fue la lesión de la capitana, Angélica Cardozo. En su lugar, Betty se puso la cinta para el resto del campeonato.
En la cancha se destacaba por su fuerza, por su velocidad y por saber identificar a quien amaba jugar.
Cuando volvió, armó junto a otras jugadoras un equipo en Racing. Como no podían usar el nombre del club, lo llamaron “La Academia”. Tenían varias mundialistas y, aunque el club les daba un lugar para entrenar y algo de indumentaria, el reconocimiento todavía era limitado.
Betty es de Racing “desde la cuna, por los colores”, asegura. Y ese equipo ya lo venía imaginando desde su casa en Florencio Varela, apenas regresó del Mundial.
Con La Academia vivió por primera vez el respaldo de un club, aunque fuera parcial.
“Para mí Avellaneda es lo máximo”, cuenta. “No sabés lo que me emocionó ese homenaje”. Aunque recibió muchos reconocimientos, asegura que ninguno se compara con lo que sintió en marzo de 2025 en su club. Es fanática: “Me muero por Racing”.

También fue reconocida como Personalidad Destacada del Deporte por la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires.
Hoy, desde 2017, dirige Las Noritas Fútbol Club, un espacio para mujeres y disidencias. El nombre es un homenaje a Nora Cortiñas, quien una vez, en un asado, le preguntó: “¿Vos sos la mandamás?”.
Ahí, Betty aprendió otra forma de entender el juego: juegan todas. No importa quién sea mejor. Lo importante es participar, encontrarse y compartir.
También señala lo que todavía falta para que el fútbol femenino crezca: más mujeres en los cuerpos técnicos, mejores sueldos y jugar en estadios. “Después se enojan porque las pibas no traen resultados”, dice. “Pero acá juegan en canchas auxiliares y después les toca competir en estadios”.

A las más chicas les deja un consejo simple: que sigan, que no dejen y que no les importe lo que digan los demás. “El deporte te da compañerismo, disciplina y amigas para toda la vida”.
Una vez, en el colegio, una monja le dijo: “García, la pelota no es todo en la vida”.
Pero parece que, para Betty, sí lo fue. Y lo sigue siendo.
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