
Instagram y TikTok se transformaron, en los últimos días, en una verdadera máquina del tiempo. Fotos viejas, filtros gastados, looks de otra época y recuerdos de 2016 invadieron los feeds, impulsados por una tendencia que despertó nostalgia inmediata entre usuarios de distintas generaciones.
Imágenes de bowls de açaí, collares gargantilla, selfies con flash y filtros de Snapchat volvieron a circular, acompañadas por figuras como Kylie Jenner, Selena Gomez o Karlie Kloss. Pero detrás del revival estético, muchos coinciden en que lo que se extraña no es solo una moda, sino una forma distinta de habitar internet.

Un internet más simple
Especialistas y usuarios señalan que 2016 representa el último momento previo a la consolidación de los algoritmos. Las redes eran cronológicas, mostraban más rostros conocidos y la presión por likes, métricas y viralidad no dominaba cada publicación.
La nostalgia por ese año expone un cansancio con las redes actuales: contenidos hiperproducidos, estrategias de marketing constantes y una sensación de vigilancia permanente. Más que volver a 2016, lo que muchos parecen desear es recuperar un internet más espontáneo, humano y menos calculado.
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